Nada. A Suárez-Guanes no se le recordará en Las Ventas. Toda una vida dedicada al toreo, con sede esta plaza, se va a quedar a un minuto del reconocimiento completo: qué mejor guinda el silencio de la gran pajarería para alguien que no calló, según han contado y escrito quienes le conocieron. Todos queremos cruzar el umbral con una posdata de Barquerito y dos párrafos de Zabala. La eternidad es eso, con o sin reloj.

No sé las cientos de tardes frías y populistas que se tragaría el hombrón en esa piedra. Curten estos crepúsculos demagógicos, desapacibles. La horrible mili del Foro rematada por la vergüenza ajena de ver a Madrí entregada a uno de sus toreros. La incomodidad del voyeur, ese imán de lo obsceno.

Ocurrió con Morenito. Estuvo inteligente jugando sus cartas consciente del favor de los tendidos. Todos a una con Morenito, que es como estar a una con Pedro Sánchez. El puño levantado, los gestos, las voces, hueco. No lo veo. Tuvo el lote de una corrida infumable de El Ventorrillo, una moruchada con todas las letras, quizá de Puerta Grande.

Aplaudieron al quinto de salida. La verdad, desde la altura es difícil hacer la vista para encuadrar las hechuras. Cinqueño, Cetrero, burraco. Astifino, veleto. En la tele después vi a un tío. Morenito le ganó terreno a la verónica con Las Ventas rugiendo. Le agradecieron que dejara al toro de largo en el caballo. La cuadrilla se desmonteró por segunda vez y en esa inercia se fue hasta los medios para brindar al público. Sembrando, sembrando. "¡Vamos, Jesús!", le gritaron desde un palco. Jesús embarcó de largo soltando la embestida en la zona gravedad, es decir, encima suyo. Una contradicción. La gente jaleaba las arrancadas. En ese ímpetu populista se fueron detrás de un cambio de mano que murió antes de la cadera. El toro tenía inercia de sobra. No humilló. Al principio son. En algún momento lo perdió. No se pudo ver porque el trazo terminaba antes que la embestida o esa era la impresión. Había intensidad, empaque Made in China y tandas cortas. Por fin llegó el bueno: un solitario cambio de mano. Pincho en la suerte natural y dejó una defectuosísima estocada después. Terrible el vocerío y los pañuelos. El presidente tragó.

Le cantaron en el segundo las verónicas arrugadas a Morenito de Aranda como en una foto. Respondía el tendido contrario a la acción. No se comía a nadie Nevado. Sin mucho recorrido. Algo de ritmo. El tranco desprendido en banderillas. Tardó el matador en cogerle la velocidad al toro, pedía suavidad y medio muletazo. Lo tocaba delante sin embargo. Muy vertical, con el desmayo agarrado, no logró Morenito limpiar los muletazos, al menos los primeros. La colocación como si Nevado fuese Dalia. Se cruzaba afectado, agarrotado el cuello y los hombros. La gente caía desmayada por las escaleras buscando la rosa de aquel amor disparatado. Lo mejor llegó con la hora justa y se jartó de pinchar. San Isidro es la feria ideal para este tipo de toreros.

El zambombo tercero pesaba sólo 482 kilos. A ojo se le intuían 100 más. Sobre todo de pechos, por lo que no era tan tan zambombo. Menguaba. Astifino, tenía actitud de pesado nubarrón. Le tropezó a Román demasiado el capote, afianzándose en su posición de espera, y se escurrió literalmente del caballo: pasó por el peto como si fuera una esquina redonda y la sangre el jabón.

A la muleta llegó midiendo. Tragó Román los tornillazos, el embroque medido, la defensa concentrada. Firme el matador, quieto, ganando un paso. Mucho mérito. Hundido hasta que enterró el acero. Madrid calló. Igual de serio que en el primer quite por gaoneras, rectificado con una saltillera, rematado en la larga. Román buscó al rajado último. Traían hielo de Colmenar la ventisca. Un ay salvó uno de los estatuarios y se fue detrás de él hasta chiqueros. Allí lo levantó en una huida y Román se asomó por encima de las gradas impulsado por un muelle de media tonelada.

El primero buscaba en la suerte suprema Plaza 1

Eugenio de Mora encalló con el cabrón primero. Un toro para estar escondío, cruzado por debajo de la espada directo al pecho. Murió el bicho, respiró la plaza. Paradísimo desde salida el otro. Garrochista se atrincheró. Había que esperarlo. Lo hizo en la buena lidia Fernando Téllez. Ni sacárselo siquiera pudo Eugenio a la primera raya, hundido el ventorrillo, fundido por dentro. No sé echó de milagro, tan podrido.







FICHA DEL FESTEJO



Monumental de las Ventas. Viernes, 12 de mayo de 2017. Segunda de abono. Media entrada. Toros de El Ventorrillo, deslucido el rajado 1º, medio recorrido tuvo el buen 2º, a la espera el duro 3º, 4º podrido, 5º se movió, huido el 6º.





Eugenio de Mora, de azul pavo y oro. Pinchazo delantero, pinchazo sin soltar, pinchazo hondo que se soltó, espadazo trasero, estocada suelta. Varios descabellos. Dos avisos (silencio). En el cuarto, estocada contraria (silencio).



Morenito de Aranda, de rioja y oro. Pinchazo muy tendido y pinchazo. Tres descabellos (ovación en el tercio). Pinchazo delantero y media estocada perpendicular y desprendida (oreja).



Román, de nazareno y oro. Espadazo entero en dos tiempos (silencio). En el sexto, dos pinchazos y espadazo trasero y contrario. Aviso (silencio).

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