Hubo suspense nublado hasta la hora pero tenía que estar. Abiertas todas las compuertas un chaparrón   descargó una tromba monzónica minutos antes de las siete como aviso: San Isidro es así. El ruedo llanea ahora como una finca en Coria y la arena pronto hizo charcos. Sobre ellos descarnadas las rodadas de las excavadoras dibujaron la M de Morante, que metió las máquinas, o eso parecía. El primer toro de San Isidro -Fernando Bermejo, capitán general de tantas cosas en la vida, ve en este instante un destello, una efeméride que celebrar cada año- salió de chiqueros como otro aguacero, esta vez sostenido, trotoncillo, la lluvia fina de la fiera durante 30 días. Está en Trainspotting: el momento, el momento, no hay nada más allá.

La corrida, toda cinqueña, tuvo ese aire de señores desganados en las terrazas. Viejos, pasados, mirando: sin celo. Fuera de tipo, Super size me. Como el segundo, un tío. El cárdeno que le bajaba hasta la barriga se hacía blanco. Lucero, empecinado, sentía la llamada de la hierba, de casa. Hubo que cambiar el sentido de la lidia y se picó en chiqueros porque no hubo manera de sostenerlo. Galván más que encontrarse con él, se tropezó. Por abajo buscaba la fiera pendenciera. Qué trago. La ventisca asomaba por los vuelos. Qué frío. Se quiso poner entre las dos rayas el gaditano, buscarle las vueltas, algo. Al final lo encontró el bicho a él. La gatera abierta de la muleta descubrió la pierna y Galván voló. La caída lo noqueó y le partió el codo izquierdo. Entró inerte a la enfermería. Nefasta suerte.

Todo para Alberto Aguilar y Javier Jiménez. El sevillano lo tuvo muy cerca con el quinto, Coquetón. Descarado, las puntas se perdían en el final de la tarde. Igual que el sexto. Qué toros, saltillos gigantescos, el fondo de armario de La Quinta. La cosa es que Coquetón se hizo dueño de la situación, ordenando la lidia, arreando por dentro, consciente del hombre. Revuelto a capotes. Pero cuando se quedó solo con el matador se deslizó, que dicen los portales y los coberos. A su aire, con la emoción del recuerdo atormentado de los primeros tercios.

Largo natural de Javier Jiménez al quinto, que humilló

La gente entró. Jiménez corrió la mano, esquivando el radar del pitón derecho. Series largas de naturales, tirando de la embestida. No se molestaban entre ellos. Todo a favor del toro, que salía de la muleta como perdonando la vida, humillando en mitad del muletazo. La plaza rugió en una tanda. No se fue a por la espada Javier Jiménez. Quiso hacer un final, que si trincherazo, me pongo, me coloco de nuevo, ah, la derecha no; total, indecisión. La faena tuvo ese borrón. Luego el estoque se hundió algo tendido y atravesado. La petición no terminó de encender el contador y saludó una ovación.

El tercero tenía otra expresión. Fue el más bonito de la tarde. El viento ya husmeaba. Jiménez lo entendió de uno en uno, se dejaba el toro sin entrega, sosainas. Cambió de repente y en la siguiente tanda pesaba más. De corrido algo mejor, pero bah. El sexto, amplio como un loft, se defendió. Tornillazos, ni un muletazo limpio. Javier se atascó con la espada con la tarde convertida ya en un congelador. 

Alberto Aguilar mató como pudo al toro que hirió al compañero. Antes, desde que se abrió con el capote con Orejita se vio que no iba a terminar de prender. Se fraguaba el frío. Las verónicas anduvieron un sendero limpio, plano, sin emoción. Algo parecido con la muleta. Se iba el toro pero con insolencia, pereza. Hubo algún natural suelto de calidad. La faena estuvo en ese punto para romper y un desarme desbarató el trabajo. 

El cuarto tuvo dos actitudes. Exigente y después suavón. La edad. Adelantaba con reprís, alcanzando la muleta con una marcha más que el resto. Podido por Aguilar se suavizó hasta apagarse.





FICHA DEL FESTEJO





Monumental de las Ventas. Jueves, 11 de mayo de 2017. Primera de feria. 12482 asistentes. Toro de La Quinta, todos cinqueños y si entrega, 1º soso, orientado 2º, cambió el bonito 3º, exigente y suavón el 4º, 5º a su aire de incierto pitón derecho, se defendió el 6º.

Alberto Aguilar, de aguamarina y oro. Estocada algo atravesada y un descabello. Aviso (silencio). En el segundo, que hirió a David Galván, tres pinchazos y espadazo tendido. En el cuarto, pinchazo hondo, pinchazo caído y estocada casi entera atravesada. Varios descabellos. Aviso (silencio).

David Galván, de azul marino y oro. No pudo matar ninguno.



Javier Jiménez, de azul pavo y oro. Varios pinchazos (silencio). En el quinto, espadazo tendido y atravesado. Aviso (saludos en el tercio). En el sexto, estocada casi entera, pinchazo trasero, pinchazo delantero, pinchazo bajo, estocada honda. Varios descabellos. Dos avisos (silencio).









Parte médico

Puntazo corrido en el tercio inferior de la cara externa del muslo derecho. Ligera conmoción cerebral. Traumatismo codo izquierdo con posible factura, pendiente de estudio radiológico. Pronostico reservado que le impide continuar la lidia.