¿Hice bien en meterme a vivir en un piso compartido? ¿Habría sido mejor una residencia? ¿O quizás un colegio mayor? Las dudas, comenzado el curso, son razonables. Cada vez es más complicado elegir entre una u otra opción. El precio, factor determinante en otro tiempo, cada vez lo es menos. “Yo, por ejemplo, llevo cuatro años en la misma residencia. Pago 550 euros. Me sale más barato que un piso”, explica Marta García, estudiante de Periodismo de cuarto curso, en conversación con EL ESPAÑOL. Ha pensado, en alguna ocasión, en irse de alquiler, pero, al echar cuentas, siempre llega a la misma conclusión: “Me sale más o menos igual”.

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Lo suyo, realmente, no es lo común. Pero existe. La brecha entre el precio de una habitación en un piso (en torno a 415 euros de media, según el portal Idealista) y la de una residencia universitaria (800, según JLL) se ha reducido en Madrid. Compartir sigue siendo más barato, pero la diferencia real es cada vez menor. Eso es indudable.

¿A qué se debe esto? Por un lado, al enorme incremento del precio del alquiler de los pisos compartidos: un 26% más desde 2013 en Madrid (entonces una habitación costaba 328 euros). Y, por otro lado, por el aumento del número de residencias: de 88.043 en 2016 a 93.712 en 2019. Es más, está previsto que lleguen hasta las 98.582 en 2020.

Marta García, estudiante de Periodismo DAVID PALOMO EL ESPAÑOL

El aumento de oferta, por tanto, ha llevado a las residencias a subir a un ritmo menor (1’6%) con respecto a las habitaciones compartidas (3’1%) en el último año. Esto ha hecho que la brecha de precios se acorte. ¿Por qué? Porque, más allá de lo meramente porcentual, a los 415 euros que cuesta de media una habitación en Madrid hay que sumarle los gastos en transporte público (más de 50 euros por el abono mensual) y en comida (200 euros mensuales). En total, alrededor de los 665 euros. Más que muchas residencias universitarias.

“Me ahorro pagar en verano”

Marta García, natural de Manzanares (Ciudad Real), no sólo se queda en la residencia porque le cuadren las cuentas en invierno, sino porque también lo hacen en verano. “Al no estar, me ahorro ese dinero”. Es otra de las ventajas de estos alojamientos para universitarios. Los pisos compartidos, en muchos casos, están sujetos a contratos que van más allá de los nueve meses que dura el curso académico –y esto hace que se incremente el precio total anual. Ella, por lo tanto, lo tiene claro: se queda ahí, al menos, hasta que termine la carrera.

Como también lo hace, de momento, Luis, aunque el tenga que pagar más al mes en el Colegio Mayor Fundación Sepi (1.300 euros), más conocido como ‘El Negro’. Él, natural de Picón (Ciudad Real), estudió Derecho el primer año y cursa Historia este segundo. “Es mucho dinero y es una presión añadida a la hora de estudiar, pero me vine aquí para adaptarme más rápidamente a Madrid”, explica a EL ESPAÑOL. A día de hoy, se queda.

Luis, estudiante de Historia, lleva dos años en el Colegio Mayor Fundación Sepi. David Palomo EL ESPAÑOL

Su caso es parecido al de Alberto, natural de Toledo. Él también prefiere quedarse en su Colegio Mayor, el Chaminade. “Me vine hace tres años y lo elegí porque me parecía la mejor opción para empezar en Madrid”. Pagó 1.000 euros los dos primeros años y, en este tercero, le han hecho una rebaja del 20% (800). Es una de las razones por las que, de momento, no se plantea cambiarse.

Sí lo ha hecho Aitor, compañero suyo en el grado de Matemáticas y también durante los dos primeros años en el Colegio Mayor Chaminade. Él sí ha optado por irse, pero no por dinero, sino más por la “independencia”. Paga 400 euros en Lucero. “Más o menos sale igual, entre la bajada a 800 euros, que ahora tengo que pagar el transporte...”. Sin embargo, ha cerrado una etapa para comenzar con otra.

Alberto vive en el Colegio Mayor Chaminade y Aitor en piso compartido. Ambos estudian Matemáticas. David Palomo EL ESPAÑOL

Piso sí o sí

Pero esa ‘pequeña’ cantidad es una losa para muchos otros. “Sí que es más caro”, se queja Jorge. Él lo ha probado todo: llegó desde Alicante para estudiar Periodismo (cursa cuarto) y pasó, por presión familiar, por el Colegio Mayor Cisneros el primer año (a razón de 700 euros) y por una residencia el segundo (donde llegó a pagar 1.100 euros). Ahora, vive en un piso de alquiler junto a otros estudiantes. “Es lo que yo quería”. Paga 380 euros.

Su compañera de curso, Raquel, también hace lo propio y comparte piso en Carabanchel a razón de 300 euros al mes. En este caso, la diferencia con respecto a los colegios mayores se nota sobremanera. Incluso, sobre el precio de otros alquileres en el centro de Madrid (en Moncloa, zona anexa al campus principal de la Universidad Complutense, las habitaciones rondan los 501 euros).

Jorge y Raquel, estudiantes de Publicidad, viven en un piso compartido. David Palomo EL ESPAÑOL

“El alquiler se está poniendo imposible. Yo me dejo todos los ahorros”, se queja Belén, estudiante de un Máster de Teatro y Artes Escénicas en la Universidad Complutense. Ella eligió piso, principalmente, por su precio, pero también por tener privacidad y libertad. Paga 350 euros en Puerta del Ángel.

Belén estudia un Máster en Teatro y Artes Escénicas. Comparte piso. David Palomo EL ESPAÑOL

Las residencias de Madrid, el doble más caras que las de Granada

Chema y Ana empezaron a estudiar Publicidad y Relaciones Públicas en Pontevedra (Universidad de Vigo). “Allí, los alquileres estaban entre 150 y 250”, reconocen. Estaban a años luz de los precios de Madrid. Sin embargo, al llegar a la capital para cursar el último año de carrera, encontraron una ganga en un piso compartido a razón de 240 euros al mes cada uno. No obstante, saben que no es lo normal.

De hecho, las diferencias entre comunidades son enormes, según el informe de JLL. La diferencia es tan abismal que en Madrid se paga casi el doble de dinero (800 euros) que en Granada (460). Entre estas dos, los precios son dispares entre unas y otras: Barcelona (713), Valencia (570), Bilbao (542), San Sebastián (559), Sevilla (529) y Málaga (468).

Las diferencias, por tanto, son grandes, no sólo en Madrid, sino también entre comunidades. Y elegir bien se antoja, cada vez, más complicado. Aunque, en última instancia, todo depende del dinero del que se disponga. No hay más vueltas. 

Chema y Ana, estudiantes de Publicidad y Relaciones Públicas. Ambos comparten piso. David Palomo EL ESPAÑOL