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Las claves

A sus 22 años, Ángel Lobo lleva una vida que no es nada común para alguien de su edad.

Mientras muchos compañeros están centrados en los exámenes, las prácticas y vivir la experiencia universitaria, él hace todo eso… y además es dueño de un hotel.

Estudia Relaciones Laborales y Recursos Humanos en la Universidad de Sevilla y, al mismo tiempo, dirige un negocio que hace apenas unos años estaba a punto de desaparecer.

Todo empezó en casa. "Roberto, mi padre, llegó un día y nos sentó en la mesa. Nos presentó un proyecto de un hotel que iba a cerrar, que estaba en concurso acreedores, que estaba en liquidación y que había que poner 30.000 euros para sacarlo del concurso de acreedores", comienza explicando el joven a EL ESPAÑOL.

Entre sus propios ahorros y algo de ayuda consiguieron comprarlo y sacarlo adelante. Lo que nadie esperaba era que Ángel terminaría al frente de Mencía Subbética tan pronto.

El hotel estaba en concurso de acreedores. Cedida

"Mi entrada triunfal fue tristemente con el fallecimiento de Roberto", una noticia que nunca imaginaría siendo tan joven y ante la que no tuvo otra que ponerse al frente del negocio.

De un día para otro, le tocó encargarse de todo. "No tenía otra opción, ya estábamos metidos y el paso ya estaba dado. Entonces me tenía que hacer cargo", confiesa.

No fue fácil. El hotel tenía una plantilla de 20 trabajadores que venían quemados, sin motivación y sin sentirse valorados.

"Eran trabajadores muy maltratados… entonces había que darles cariño y que vieran que nosotros somos gente de fiar", detalla.

Su relación con los empleados ha sido la clave. Cedida

Una cercanía que fue clave para que recuperaran la ilusión y volvieran a ser el gran hotel que en Doña Mencía, Córdoba, todo el mundo recordaba.

Lo principal fue que a nivel económico, el hotel también empezó a mejorar. En 2024 cerraron alrededor de los 785.000 – 790.000 euros de facturación. Pero la sorpresa llegó solo un año después.

"En el año 2025 hemos mejorado bastante la facturación y nos hemos plantado en torno a los 820.000 euros de facturación", relata Ángel.

Asimismo, subió la ocupación, del 60% al 71%, y el ADR —el gasto medio diario del cliente— aumentó un 5%. Unos datos que confirman que "la tendencia es alcista y parece que vamos por buen camino".

Ángel lidera este proyecto mientras sigue estudiando. Cedida

Pero no todo ha sido felicidad por los números. Y es que la parte personal también pesaba.

Además de tener cada día a su padre en mente, durante un año entero Ángel compaginó el hotel con la universidad y otros trabajos.

"El momento más difícil fue nunca tener tiempo, pero lo superé con mucha disciplina". Este joven sevillano se levantaba a las seis de la mañana y se acostaba a medianoche, sin importarle cuántas horas echaba.

Pese a ser el dueño, "soy el que menos cobra de mi empresa… pero creo que también estoy haciendo una labor social", afirma.

Y es que para él no se trata solo de dinero, sino de mantener el hotel vivo, proteger empleos y ayudar al pueblo.

Tal y como explica con orgullo, lo que viene ahora es una etapa de mejoras. El hotel ha firmado placas solares, estudia instalar aerotermia y quiere reformar habitaciones, restaurante y salón de bodas para volver a ser un referente en la zona. El objetivo es reducir gastos un 10-15% y ofrecer mejores servicios.

Unas ideas con las que seguir creciendo en este negocio que tantos recuerdos le trae, ya que al final, lo que permanece es el orgullo familiar.

"Mi familia confía en mí… y eso me mantiene muy vivo y lleno de ilusión", confiesa y es que las lecciones de su padre, dice, siguen guiando su trabajo cada día.