Venecia

Que la historia la han contado los hombres se nota en todo, también en el cine, y en todos los resquicios del mismo. Sólo hay que mirar los clásicos LGTB, donde abundan las películas sobre parejas gays, pero hay que escarbar para ver a lesbianas. Para encontrar transexuales ya habría que dedicar horas de búsqueda. Las historias románticas entre dos hombres ganan por goleada las de dos mujeres, y en eso el cine también se está poniendo las pilas. En la última década llegaron obras maestras como La vida de Adele y Carol, que además rompían estereotipos en la representación del amor entre el mismo sexo.

La primera, porque el motivo del fracaso de su relación no era que fueran dos chicas, ni la homofobia, sino que radicaba en su diferencia de clase. Y la segunda porque mostraba una historia en los 50 que acababa bien, cuando el cine siempre nos ha contado que dos mujeres en aquella época estaban condenadas a estar solas y morir tristes. Y aun así, ninguna de esas películas estaba contada por una mujer. La ecuación nunca se completaba. Eran hombres contando, muy bien, un amor homosexual.

Venecia ha traído a concurso The world to come, una historia de amor entre dos mujeres, con varias diferencias entre las anteriores y con más puntos de acuerdo con otra obra reciente, Retrato de una mujer en llamas. Primero, cuenta una relación a mediados del siglo XIX, una época en la que normalmente no se ambientan esta historias. Segundo porque por fin la dirige una mujer, Mona Fastvold. Y tercero, porque estas dos mujeres son dos humildes campesinas, esposas de granjeros.

The world to come

“Hay muy pocas historias conocidas de historias homosexuales de clase obrera. Hay algún registro de diarios de gente de clase alta, pero creo que los guionistas han tenido mucha información de la época y han contado de forma honesta y muy creíble cómo hubiera sido en ese lugar y momento, donde estabas forzada a aislarte para no ser juzgada por la comunidad. Es una noción bonita, pensar que la gente se pudiera encontrar de estas formas en el pasado aunque no tengamos un registro de ello. Quién sabe, quizá encontremos algún documento en los muebles de alguna antigua casa", deseó”, decía en la rueda de prensa la protagonista Katherine Waterson.

Su pareja en la ficción es Vanessa Kirby, la gran estrella de este Festival de Venecia con dos películas a concurso por el León de Oro y que ha asegurado que "es un placer interpretar a alguien que en su propia naturaleza lucha contra las normas establecidas contra ella”. “Participar en esta película me ha hecho darme cuenta de que no hace tanto las mujeres no podían amar libremente, decidir a quién amar y con quién vivir. Ha sido un honor representar a estas mujeres y mostrar esa intimidad y conexión entre ellas. De alguna manera también esta historia me ha cambiado a mí", contaba una de las favoritas al premio de interpretación femenina por su desgarrador trabajo en Pieces of a woman.

Participar en esta película me ha hecho darme cuenta de que no hace tanto las mujeres no podían amar libremente, decidir a quién amar y con quién vivir

Las malas noticias son que la propuesta no está a la altura de lo que prometía, y aunque resulte una mirada interesante, acaba devorada por su amaneramiento. Fastvold ha creado una película relamida, basada en los pensamientos y diarios de una de las protagonistas, cuyos pensamientos quieren ser poéticos sin conseguirlo. Acaba verbalizando todo lo que se debería ver en las imágenes y que no consigue en ningún momento. Tampoco ese amor que va creciendo desde el primer encuentro de estas dos mujeres y que las cambia por completo.

Fastvold es una de las ocho mujeres a competición este año en Venecia, y vista la recepción del público, no parece que vaya a estar en un palmarés donde sí tienen más opciones la bosnia Jasmila Žbanić con Quo vadis, Aida? Su particular mirada a la tragedia de Srebrenica que emocionó en los primeros días de concurso; y hasta el biopic feminista y punk de Susanna Nicchiarelli en Miss March.

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