Venecia

Cuenta la leyenda que Karl Marx escribió El Capital con su hija Eleanor en sus piernas, mientras jugaba con ella. No podemos saber si es cierto, pero lo que sí quedó constancia es que de sus tres descendientes fue la más activista, luchadora, comunista y con una nueva vertiente que nunca tuvo su padre: feminista. Es verdad que Marx sí que se refirió a las mujeres en varios de sus pasajes, pero no fueron el centro de sus teorías. Su hija enmendó su error, y fue una pionera en juntar el comunismo y el feminismo.

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Ni siquiera la lucha de clases sabe de igualdad, y las mujeres también eran doblemente discriminadas, por el hecho de ser pobres y por el hecho de ser mujeres. Fue ella una de las primeras personas que se fija en el trabajo de las amas de casa, que no estaba retribuido y en el que sufrían el machismo de sus parejas y de la sociedad. Eleanor Marx luchó por ellos, y lo hizo desde un lugar incómodo, el de la contradicción de una mujer con todas las facilidades por ser hija de quien es y que pide desde el privilegio que la gente salga a las calles a luchar. Ella lo sabía y esa contradicción la pesaba.

Sin embargo, la historia que siempre se nos ha contado es la de él, la del hombre, la de Karl Marx… Hasta ahora, cuando una directora italiana, Susanna Nicchiarelli, que ganó en la sección Orizzonti de Venecia con su biopic Nico 1988 sobre la musa de Andy Warhol, ha puesto su peculiar mirada cinematográfica en Eleanor. Y lo hace dejando claro que fue igual de guerrera que su padre, pero que además se atrevió a hablar delante de cientos de señoros sobre feminismo y sobre cómo todas las mujeres estaban aplastadas por el patriarcado. Nadie la chistaba por ser quien era, y eso la ponía en una situación privilegiada para decir lo que le venía en gana.

Miss Marx

En Miss Marx, que compite en Venecia por el León de Oro, es la actriz Romola Garai la que da vida a este personaje en un filme que juega a pieza de época y a romper las normas desde la música, con versiones punk de La Internacional o de Bruce Springsteen, o rompiendo el montaje con fotografías documentales de las condiciones de la clase obrera en aquel momento. La película comienza con el entierro de Karl Marx, y la huella que deja en su hija, que además se enfrasca en una relación tóxica con un hombre que malgasta sus ahorros y la engaña una y otra vez, en todos los sentidos.

"Es un personaje que me impacto mucho, una mujer que por primera vez en el siglo XIX recurrió al socialismo para abordar la condición femenina”, dijo en rueda de prensa la directora Susanna Nicchiarelli, que explicó que muchos de los diálogos que se escuchan en el filme, provienen de cartas reales y documentación que descubrió en el proceso de investigación, y en el que se dio cuenta de que en muchas cosas "el siglo XIX está más cerca de lo que creemos".

Es un personaje que me impacto mucho, una mujer que por primera vez en el siglo XIX recurrió al socialismo para abordar la condición femenina

Uno de los aciertos de la película es mostrar que ella misma está marcada por ese machismo, por la traición constante de los hombres de su vida. El machirulismo en los ambientes más progresistas, con un padre que le inculca sus valores, pero capaz de traicionar a su familia y tener un hijo extramatrimonial; y una pareja cultivada, inteligente y con el que comparte su ideología política, pero que no para de engañarla.

El problema es que ella no fue consciente hasta muy tarde de aquellas traiciones que demostraban que el machismo estaba en todas las capas. Lo muestra Nicchiarelli a la perfección en una escena que resume la esencia del filme. En ella, vemos a Eleanor Marx hablando con su pareja y quejándose de cómo tanto su padre como él la han anulado como mujer aunque ella no se hubiera dado cuenta. La cámara se aleja y vemos a una audiencia escuchar su discurso. De repente, ella se ríe y vemos que está interpretando una escena de Casa de muñecas de Ibsen. La teatralidad mostrando la verdadera cara de una mujer que terminó suicidándose por culpa de un amor tan tóxico que acabó con ella.