París

Una Francia dividida. Un norte castigado por la desindustrialización. Un sur rural cada vez más empobrecido. Una izquierda desmembrada que rehúsa acudir a las urnas. Una derecha ultraconservadora que cede su apoyo al Frente Nacional (FN). Un electorado de Jean-Luc Mélenchon, alérgico a las propuestas liberales de Emmanuel Macron, que termina por unirse a las filas de la extrema derecha. Y otros que optan simplemente por la abstención. Una cóctel explosivo con un gusto amargo: la noche del 7 de mayo de 2017, Marine Le Pen se convierte en la primera presidenta de la V República. El Frente Nacional atraviesa, por primera vez en la historia de Francia, las puertas del Palacio del Elíseo.

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La noche del 7 de mayo de 2017, con un 50,41% de los votos, las urnas dan la victoria a Marine Le Pen. Emmanuel Macron, favorito según los sondeos, se convierte en el gran derrotado de estos históricos comicios. Los traspiés del líder de En Marche! en la recta final de la campaña se han saldado con el descalabro de quien se imaginase, hasta el último minuto, en el sillón presidencial.  

Marine Le Pen festeja su inesperada victoria, proclama la instauración de un “Estado patriota”, el mismo que prometió a lo largo de su campaña, el mismo que esbozó en sus compromisos presidenciales. Una Francia “libre”, “segura”, “próspera”, “justa”, “orgullosa”, “poderosa” y “durable”, epílogos que ordenan sus “compromisos” como jefa de Estado.

No hay tiempo que perder, la tarea es ardua. La líder de extrema derecha, “patriota” en su nuevo lenguaje, es proclamada presidenta de la V República. François Hollande trasfiere sus poderes –ceremonias y tradiciones incluidas-, a Marine Le Pen, la nueva garante, por arbitraje, del “funcionamiento regular de los poderes públicos, y de la continuidad del Estado”, como establece el artículo 5 de la Constitución francesa.

Imagen de La Présidente, un cómic de François Durpaire y Farid Boudjellal que imagina una Francia gobernada por Le Pen.

Primer obstáculo a superar: la composición de la Asamblea Nacional. Marine Le Pen necesita una mayoría que le facilite su ejercicio “patriota” del poder. Con tal objetivo convoca inmediatamente un referéndum para establecer una nueva forma de escrutinio –parcialmente o integralmente proporcional- que le sea más favorable. Dicho y hecho, las elecciones legislativas, celebradas el 11 y 18 de junio, dan a luz a una Asamblea Nacional compatible con la Francia de Le Pen.

Antes incluso de superar la barrera del aparato legislativo, la presidenta de la República nombra a su primer ministro, jefe del Ejecutivo, y a tres miembros del Consejo Constitucional. Así, tras varios y rápidos nombramientos, Marine Le Pen da rienda suelta a la construcción de su Estado ideal.

Punto final a Europa

Medida 1 de la era FN. Como presidenta de la V República, Marine Le Pen cuenta con el privilegio de convocar y recurrir a los referéndums para acelerar la puesta en marcha de varias de sus promesas electorales: la salida de Francia de la Unión Europea y la instauración de la “preferencia nacional” en el Preámbulo de la Constitución. En definitiva una política destinada a echar por tierra el principio de igualdad, imponiendo una Francia sólo y únicamente para los franceses.

Vayamos por partes. El simple anuncio de la celebración de una consulta popular sobre el frexit trae consigo la caída en picado de los mercados, la desconfianza de los inversores y una deslocalización masiva de las grandes multinacionales. En definitiva, la economía francesa debe hacer frente a una crisis bancaria sin precedentes incluso antes de la celebración de tal referéndum. La Unión Europea se ve sacudida, sufriendo un golpe bajo de manos de uno de sus principales socios, enfrentándose a una nueva y catastrófica brecha en su propio seno.

Siguiendo el desarrollo lógico de los hipotéticos hechos, con la celebración real de la consulta y con el respaldo de una mayoría de los franceses –véase, como vaticinio, el 'no' de los ciudadanos al proyecto de una Constitución Europea en 2005-, Francia sale de la UE, abandona la moneda única y restablece el franco como moneda de intercambio – “una moneda nacional adaptada a la economía”, en palabras de la nueva jefa de Estado-. El aumento de la inflación, la huida de capitales, la incapacidad/negación para pagar la deuda, la devaluación de la nueva moneda, hunden a Francia en una crisis económica nada desdeñable. 

La salida del euro, acompañada de la restauración de las fronteras y del fin del Tratado Schengen se traduce en una reducción del poder adquisitivo de los franceses. Sin un espacio de libre intercambio, el precio de las importaciones se incrementa, sin que con ello aumenten los ingresos de lo hogares. En definitiva, el consumidor francés ve aumentar el precio de productos básicos de origen europeo, principal socio económico del país, mientras que en su bolsillo guarda una moneda totalmente devaluada. 

Aplicación de la “prioridad nacional” 

Medida 2. Marine Le Pen convoca un nuevo referéndum, esta vez para “aplicar la prioridad nacional”. Un proyecto que atañe a todos los extranjeros, en situación legal e irregular, en territorio francés. Con el respaldo de la consulta, la creación de un Estado FN necesita de numerosas y variopintas medidas.

Desde la retirada de las ayudas sociales a los extranjeros –paro, ayuda al alojamiento, reinserción laboral…-, pasando por la aplicación de un impuesto suplementario a las empresas con trabajadores no nacionales, estas medidas “patrióticas” van acompañadas de una fuerte política antiinmigración, caballo de batalla de la nueva presidenta. 

Una de sus medidas estrella es la expulsión de los inmigrantes ilegales. Reuters

Las promesas de su campaña son ahora medidas reales y concretas: supresión del reagrupamiento familiar, imposible regularización o naturalización de extranjeros en situación ilegal, simplificación y automatización de su expulsión, reducción de la inmigración legal a un total de 10.000 inmigrantes al año, disminución drástica del número de peticiones de asilo aceptadas en Francia, supresión de la Aide Médicale d’État (Ayuda Médica del Estado), reservada a los inmigrantes clandestinos, supresión del derecho al suelo, la adquisición de la nacionalidad por afiliación o naturalización queda ligada a las nuevas exigencias de la extrema derecha…

Su aplicación se traduce en la expulsión masiva de inmigrantes, rompiendo con el Convenio Europeo de Derechos Humanos. Tal tarea necesita de un rearme masivo de las fuerzas del orden, de la creación de una nueva guardia nacional formada por 50.000 reservistas, acompañada de un reclutamiento de 15.000 policías y gendarmes. El Estado FN empieza la construcción de una Francia “segura”, restableciendo la cadena perpetua para los crímenes más graves y creando un sistema de expulsión automática para los criminales y delincuentes extranjeros. 

Las redadas masivas y los controles raciales se convierten en escenas cotidianas en la vida de los franceses. Las violencia policiales quedan amparadas por la presunción de “legitima defensa”. Ante tal contexto, las manifestaciones contra el rearme masivo y contra las políticas racistas de la nueva presidencia toman las calles de una Francia dividida y desconcertada ante la aplicación real del programa “patriota” de Marine Le Pen.

La lucha contra el yihadismo

Le Pen quiere reforzar los medios humanos y técnicos de los servicios de inteligencia. Reuters

Medida 3. El rechazo al islam, eje cardinal de su campaña y compromiso esencial con sus electores, toma forma. Marine Le Pen prohíbe y disuelve todos los organismos, cualquiera que sea su naturaleza, ligados al fundamentalismo islamista, cierra todas las mezquitas consideradas por el Ministerio del Interior como extremistas, prohibiendo, además, toda financiación pública de los lugares de culto o donde se llevan a cabo actividades culturales. 

Haciendo gala de sus promesas, y recordando el fracaso de François Hollande en este contexto, la jefa de Estado promueve la retirada de la nacionalidad a los binacionales relacionados con una filial yihadista y restablece la “indignidad nacional” para todo individuo culpable de crímenes y delitos vinculados con el terrorismo islámico. Para ello es indispensable el refuerzo de los medios humanos y técnicos de los servicios de inteligencia, así como la creación de una agencia única destinada a luchar contra el terrorismo, controlada principalmente por su primer ministro.

Bajo el paraguas de la lucha contra el terrorismo, Marine Le Pen otorga nuevos poderes a los servicios de inteligencia, dando rienda suelta a la vigilancia masiva de los intercambios telefónicos y digitales. El derecho a la intimidad queda relegado al principio de seguridad inherente a la concepción del Estado del Frente Nacional. 

Amparada por la amenaza terrorista, Marine Le Pen decide ampliar una vez más el estado de emergencia, implantado desde el 13 de noviembre de 2015, prohibiendo, por razones de “seguridad”, las manifestaciones y movilizaciones ciudadanas en contra de sus políticas.

El inicio de la censura 

Medida 4. Como presidenta de la V República, Marine Le Pen puede ahora vengarse de los medios de comunicación que “diabolizaron” su figura. La validación del Consejo Superior Audiovisual (CSA), encargado de regular el sector audiovisual en nombre del Estado sin depender directamente del Gobierno, está expuesto a una validación por decreto del presidente de la República. La nueva jefa de Estado convierte France Télévision, Radio France y France Medias Monde en medios de propaganda, cambiando el sistema de nominaciones y poniendo fin al pluralismo, libertad e independencia de los medios de comunicación franceses. 

Unas de las viñetas del libro de François Durpaire y Farid Boudjellal

Periódicos, radios, televisiones y diarios digitales, opuestos al Estado del FN, ven reducidas las ayudas públicas, indispensables para su supervivencia.

Así, cuatro hipotéticas jornadas permiten imaginar una Francia gobernada por el Frente Nacional. Para llegar hasta aquí, la estrategia de “desdiabolización” de su candidata habría alcanzado su punto álgido, consiguiendo romper de manera definitiva con su padre y fundador del FN, Jean-Marie Le Pen, quien podría convertirse ahora en un aliado del Estado FN.

Marine Le Pen, la oveja negra de las política francesa, se convierte en la primera presidenta de la V República, en la primera líder europea defensora de una política de extrema derecha, antieuropea, antiinmigración y antisistema. El síntoma más evidente de una Francia dividida y una Europa desquebrajada

***Si bien las encuestas y sondeos vaticinan una victoria de Emmanuel Macron, líder del movimiento En Marche!, en la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, analistas y teóricos alertan del peligro de una posible sorpresa electoral: la victoria de Marine Le Pen. El escenario descrito aquí responde a la aplicación literal del programa Marine2017. La construcción de este hipotético escenario ha sido posible gracias a la lectura de dicho programa y a la consulta de La Présidente. No podréis decir que no lo sabíais…, un cómic de François Durpaire y Farid Boudjellal que bosqueja una sociedad francesa gobernada por Marine Le Pen –Éditions des Arènes, 2016.