Buenas tardes, señoras y señores, y bienvenidos a ¿Quién quiere ser millonario?”. Con esta frase Carlos Sobera comenzaba cada día el programa que lo convirtió, arqueamiento de cejas mediante, en uno de los presentadores más famosos y queridos de España. Pero curiosamente, la misma frase se puede aplicar a su propia andadura empresarial tras las cámaras; una faceta mucho más desconocida y no tan afortunada. Sobre todo, este año, su peor año. 

Sobera, nacido en Barakaldo hace 61 años, siempre fue un soñador: por eso, en 1980 creó un grupo de teatro y por eso, en 2016 compró el Teatro Reina Victoria por siete millones de euros. Según datos de Informa, Sobera ha ocupado 16 cargos, 12 de ellos en órganos de administración de diez sociedades distintas, la mayoría como administrador único. Sin embargo, el éxito cosechado como showman poco tiene que ver con sus resultados empresariales: tan solo sobreviven tres, eso sí, solventes.

Y si desde 2019 Sobera ha multiplicado sus apariciones en pantalla (ha sido presentador de casi todo en Mediaset: Fisrt Dates, Supervivientes, Gran Hermano Vip, La casa de los secretos, El precio justo, La isla de las tentaciones…), también se han devaluado sus empresas: dos de tres han registrado pérdidas en 2020. El covid, desde luego, ha jugado un papel determinante, pues todas tienen que ver con la producción artística y las restricciones complicaron mucho las cosas en ese sector. Pero no es el único factor: ya antes no todo era tan bonito como parecía.

Carlos Sobera en las campanadas

En definitiva, lo que pudo ser el imperio de Carlos Sobera nunca ha llegado a tales dimensiones. Y, quizá, tampoco lo buscaba: trabajo no le falta, tiene realizadas otras buenas inversiones inmobiliarias y, después de todo, ya dijo él que poder actuar es algo que no se paga con dinero.

De Bilbao al Millonario

Cualquiera que lo haya intentado coincidirá: es un gesto más difícil de lo que parece. Levantar una ceja mientras la otra permanece intacta. Si ya resulta complejo conseguirlo con una, imagínense dominar las dos. Pues Sobera no solo puede hacerlo, sino que lo convirtió en su seña de identidad. Al fin y al cabo, todo es actuación. John Wayne, cuyas películas creció viendo, tenía su melancólica forma de caminar; Meryl Streep es capaz de condensar casi cualquier emoción posible en un movimiento de manos; y Carlos Sobera… pues Sobera arquea sus cejas: “¡Dios mío! ¡Cuidado! Algo interesante va a pasar, aunque no sé si bueno o malo”, contaba en una entrevista para La Razón.

Algo así no nace de la casualidad. Igual que el famoso e improvisado. “¿Estás hablando conmigo?” de De Niro en Taxi Driver solo era posible en el contexto emocional diseñado por el guionista Schrader, la ocurrencia de Sobera solo puede surgir en un contexto de años de preparación. Hijo menor de un matrimonio burgalés –su madre era ama de la casa y su padre, electricista–, su hermana mayor fue clave en su vocación: a los 13 años le regaló un libro con las obras completas de Lorca.

Se licenció en Derecho por la Universidad de Deusto, donde también fundó La Espuela, un grupo de teatro que estuvo activo hasta 1986. Un año después comenzó a dar clases de Publicidad en la Universidad del País Vasco. Pero lo relevante fue que Sobera no perdió de vista su objetivo y creó, con Pedro Barea, el aula de teatro de la universidad. Lo que en un principio hizo por afición, siete años más tarde le sirvió para conseguir su primera oportunidad: guionista en Boulevard, un programa de la ETB presentado por Anne Igartiburu. Con ella, si saltamos en el tiempo, haría las campanadas de TVE en 2008.

Pero el momento que –como en las mejores películas– funciona como punto de giro en su vida fue una llamada de Telecinco: “Carlos, tenemos un nuevo concurso y queremos que lo presentes tú”. Se trataba, por supuesto, del 50x15 (que, tras el cambio a Antena 3, pasaría a llamarse ¿Quién quiere ser millonario?).

Durante cinco años divididos en dos etapas (1999-2001 en Telecinco y 2005-2008 en Antena 3) lo convirtió en el concurso más visto en España, llegando a reunir a más de tres millones de espectadores. También dio el premio más cuantioso de la historia de la televisión en España: los 50 millones de pesetas que, en el año 2000, ganó Enrique Chicote al saber que la copra se obtiene del coco. El momento cumbre, ya mítico, surgió cuando Chicote utilizó el último comodín que le quedaba –la llamada– para informar a su mujer de que sabía la respuesta. “¿Quiere aprovechar para hacer la lista de la compra también, Enrique?”, le preguntaba entre irónico e incrédulo Sobera.

Montaje de JALEOS con una captura del programa Quién quiere ser millonario

Apto para las bromas

No hay duda de que a Sobera se le vincula con la ironía y las risas, algo que estaba presente en sus inicios y que, como puede verse en Fisrt dates, no ha perdido. No obstante, donde pudo dar rienda suelta a todo ese humor que lleva dentro es en Date el bote (2002-2009), programa que presentaba en la ETB a la vez que ¿Quién quiere ser millonario? y que es su favorito de cuantos ha participado.

Pero también ha demostrado que no tiene problema en reírse de sí mismo. No en vano, ha protagonizado dos de las mejores inocentadas televisivas. Una fue en ¿Quién quiere ser millonario?, cuando le pusieron a una actriz frente a la pregunta de qué era el punto G. En la otra, dentro de la Gala Inocente 2015, sufrió de lo lindo: durante una cena con un supuesto productor interesado en adaptar al cine una obra suya se veía involucrado en un lío con la mujer y la amante del productor.

Carlos Sobera: Quien quiere ser millonario y ¿Qué es el punto G?

Además, algunas de las parodias más recordadas del mítico dúo cómico Cruz y Raya fueron las de ¿Quién quiere ser millonario?: Mota hacía de Sobera mientas que Muñoz interpretaba a los concursantes. Años más tarde, Mota recuperaba su imitación con Atrapa un millón, programa que en 2011 supuso la vuelta de Sobera a Antena 3 tras un irregular paso por TVE.

Carlos Sobera, actor

En 1997, Sobera dejaba su puesto de profesor en la UPV. El motivo: era incompatible con sus otras actividades y, además, “no era serio”. ¿A qué se refería Sobera con eso de que “no era serio”? Hay que remontarse a un año antes. En 1996, debuta en el cine coprotagonizando con Imanol Arias y coescribiendo con Koldo Azkarreta Rigor mortis. La película se estrenó sin pena ni gloria, pero era el paso necesario para seguir actuando tras las cámaras. El siguiente escalón fue el personaje de Eduardo Medina en una serie de Telecinco que se convirtió en uno de los mayores éxitos de la época. La serie en cuestión era Al salir de clase y Sobera apareció en 184 episodios. Casi nada. Por tanto, no consideraba serio que a los alumnos de Publicidad de la UPV les diera clase quien por la noche era el profesor Medina.

Después de eso Sobera hizo un montón de castings y unas cuantas películas. En total, ha formado parte del reparto de 23 producciones cinematográficas o televisivas: 7 vidas, Lo mejor de cada casa, El forastero, Pacto de brujas, El lápiz del carpintero, London Street, etc.

Pero su gran pasión ha sido el teatro (quizá por eso del directo, ya que ha afirmado que los programas en vivo son los que más disfruta). El teatro conlleva una relación casi física con el público de la sala. Ha trabajado con directores como Tamzin Townsend, Yolanda Garcia Serrano, Félix Sabroso, Warren Adler, Dunia Ayaso, Antonio Prieto, Pep Antón o Javier Veiga. Una actividad que ha compaginado siempre con su labor en televisión: en febrero de 2021 estrenó una obra nueva en el Teatro Reina Victoria de Madrid: Asesinos todos, de Jordi Sánchez y Pep Antón. Una pasión que se ha traducido no solo en obras, sino también en empresas que han vivido distinta suerte, aunque la mayoría de ellas con un destino común: el cierre.

Carlos Sobera, en 'Al salir de clase' rechazando un beso de Elsa Pataky.

Carlos Sobera, empresario

De las diez sociedades de las que Sobera ha formado parte, siete ya no existen o llevan años sin presentar actividad alguna: Abako Grupo Audiovisual SL (producción cinematográfica y de vídeo), Librerías Huatulco SL (comercio al por menor de periódicos y artículos de papelería en establecimientos especializados), Arequipa Entertainment SL (artes escénicas), Hirucamp Espectáculos SL (organización de todo tipo de eventos, espectáculos en salas y locales de teatro, cinematográficos, deportivos o recreativos…), 4 Elementos Editorial SL (comercio al por menor de libros en establecimientos especializados), Isla de Babel SL (artes escénicas) y Bonsai Producciones SL (actividades de postproducción cinematográfica, de vídeo y de programas de televisión), que ha sido la última en cerrar al hacerlo este año.

Sin embargo, hay otras tres empresas que siguen activas: Arequipa Producciones SL (gestión de salas de espectáculos), Natari Producciones SL (actividades auxiliares a las artes escénicas), y la principal de todas, Producciones Cinco y Acción SL (actividades de producción cinematográfica y de vídeo). Pero, para conocer la situación real de Sobera como empresario, EL ESPAÑOL ha analizado los informes financieros de 2020 –los últimos disponibles en Informa– de cada una de ellas:

Arequipa Producciones SL

Fue constituida en 2003 como empresa de producción audiovisual en su sentido más amplio: adquisición, promoción y construcción de inmuebles; edición y publicación de revistas y libros; y organización de cursos relacionados con las artes escénicas. El riesgo de que la empresa cierre es muy bajo, y el de retraso en los pagos es moderado (en el mismo nivel que todo el sector). Además, en 2020 se quitó deudas, por lo que su activo total descendió a los 3.081.073 euros. Pero saldar deudas no tiene por qué ser bueno, del mismo modo que su rentabilidad negativa actual, teniendo en cuenta las circunstancias derivadas de la pandemia, no tiene por qué ser algo malo.

El impacto del covid ha sido alto, pero moderado comparando con otras empresas del sector. Por eso, la rentabilidad es negativa: ha perdido casi un millón y medio en ventas con respecto al curso anterior (sin embargo, en 2019 subió con respecto a 2018; es decir, la cifra de ventas de la empresa decreció un 57,12 % en 2020). En total, cerró la cuenta el 2020 con pérdidas de 96.344 euros, mientras que en 2019 tuvo ganancias de 121.804 euros que fueron destinados a las reservas voluntarias.

Carlos Sobera.

La sociedad, por tanto, es sólida, tiene mucho patrimonio y su activo corriente es muy grande, así que tiene un gran fondo de maniobra (capacidad para pagar sus deudas a corto plazo). Pero como se ha dicho, la deuda no es mala per se y podría serle más rentable pedir más crédito. De hecho, en su sector lo normal es que haya mucho más pasivo corriente (recursos ajenos).

El gran problema de la empresa, más allá de cerrar el 2020 con pérdidas de un 8,82% (el sector no perdió), es que en 2020 tuvo un EBITDA negativo (-140.719 euros). El EBITDA es lo que realmente indica lo bien o mal que va un negocio. Podría atribuirse a la pandemia, pues si en 2018 era de 211.481 euros, en 2019 ya bajó a los -39.383 euros. Sea como sea, lo cierto es que la situación es preocupante en tanto el negocio va mal: ya en 2019 ganó dinero por resultado financiero de la empresa, no por la marcha del negocio.

Natari producciones SL 

Nace en 2010 con el objeto de representación artística y asesoramiento de actores, cantantes y grupos musicales, edición y producción musical y discográfica. En cuanto a equilibro y cumplimiento de pagos es la empresa que mejor está posicionada: excelente rentabilidad y solidez, con un endeudamiento muy escaso y prácticamente sin riesgo de cese. Es decir, a priori la situación financiera de la compañía es muy buena.

Además, cerraron 2020 con beneficios de 17.286 euros, superiores a los 3.547 euros de 2019. ¿Cuál es el problema entonces? Pues que las ventas han bajado muchísimo: han pasado de 340.733 euros en 2019 (y más de dos millones en 2018) a 18.000 euros en 2020. Los beneficios son resultado de que prácticamente no hay gastos, lo cual también es un indicador preocupante. EL ESPAÑOL ha preguntado a la compañía por lo extraño de que no haya actividad ni empleados, pero no ha recibido ninguna respuesta.

Produccions cinco y acción SL

Es la empresa más grande de Sobera, con un patrimonio neto de casi cinco millones de euros. También es la más antigua de las tres, ya que se constituyó en 1999 y la que presenta el riesgo de cese más elevado: medio-alto. Como el resto de sus sociedades, no tiene incidencias judiciales o de impagos ni presenta riesgo de ello (todas tienen una estructura muy similar).

De nuevo, la situación de la compañía es buena y la evolución de la situación financiera de la sociedad ha sido positiva. Pese a esto, la evolución de los resultados ha sido negativa. Asimismo, la capacidad para convertir en recursos líquidos las ventas generadas por el ejercicio de su actividad se sitúa por debajo de las empresas de su sector y tamaño. ¿A qué se debe esto?

Carlos Sobera, en ‘Asesinos todos’.

El impacto del covid ha sido fuerte, como en todo el sector, y el índice de resiliencia de Cinco y Acción ha sido reducido, lo que significa que pese a estar en un sector con un impacto significativo, tiene una estructura financiera robusta para poder afrontar esta crisis. En 2020 tuvieron pérdidas de 115.123 euros, una cifra que contrasta con los 153.198 euros de beneficios de 2019 pero que no tendría por qué ser achacable del todo a la pandemia: en 2018 las pérdidas fueron de casi 200.000 euros y no había covid.

Hay más datos para preocuparse que con las empresas anteriores, siempre partiendo de que es una empresa fuerte: por ejemplo, que el resultado neto de la empresa decreció un 175,15 % entre 2019 y 2020. No obstante, lo que verdaderamente extraño es que los ingresos y las pérdidas no son por el negocio. No hay ventas, los ingresos vienen de la variación de valor razonable en instrumentos financieros. Es decir, no son consecuencia de la actividad del negocio. Sin embargo, sí que hay gastos de explotación.

¿Crisis?

La conclusión tras analizar la actividad empresarial de Carlos Sobera es que no se encuentra, ni mucho menos, en una situación límite. Si bien ha fracasado en algunos de sus negocios (del mismo modo que algunos de los muchos programas que ha presentado) y empresas como Natari reflejan una falta de actividad algo alarmante, la situación de sus sociedades actuales es fuerte y disponen de una estructura sólida.

Sin embargo, los datos evidencian una evolución negativa en el pasado más reciente, en la que el covid ha tenido influencia (aunque no es el único factor). El fondo de maniobra de Sobera es sobradamente grande en todos los casos y, aunque sus empresas se ubican en sectores complicados, todo depende de cómo se quiera mirar el vaso: si medio lleno o medio vacío.

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