"No me dejan salir apenas a la calle y me incomunican por largos periodos de tiempo con el exterior. Vivo incluso con candados en las puertas de mi propia casa (literalmente). Y ahora están intentando convencerme para que me case y me temo que si me sigo negando finalmente me obliguen por la fuerza".

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Es el extracto del desesperado mensaje de auxilio que manda Sarosh. Una chica de 26 años criada en Barcelona, donde creció y fue a la escuela entre los 8 y los 17 años. Nacida en Pakistán, se había adaptado perfectamente a la vida occidental. Sacaba buenas notas en la ESO, hablaba catalán y su objetivo en la vida era estudiar y elegir su propio trabajo y su propia pareja. 

Pero todo cambió a los 16 años. Su familia le planteó un matrimonio de conveniencia con otro chico pakistaní. Sarosh se negó, lo puso en conocimiento de servicios sociales e incluso estuvo 6 meses viviendo en un centro de acogida. Allí, finalmente, la devolvieron con su familia, que en dos meses se la llevó engañada a Islamabad. En Pakistán vive desde hace 9 años. Recluida en una casa. Denuncia que está secuestrada por su propia familia e hipermedicada. Y que ahora, prisionera en su propio hogar, vuelve a planear sobre su cabeza el fantasma de una boda arreglada.

EL ESPAÑOL ha hablado con Násara Iahdih, la activista saharaui que se está encargando de darle visibilidad a este caso. Una estudiante de derecho que, desde la plataforma Amnat Thawra ('Hijas de la revolución') denuncia "este tipo de problemas que sufrimos las mujeres en contextos islámicos". Esa vertiente es la que hace que le lleguen, por redes, muchas historias como la de Sarosh, esta chica criada en Barcelona cuya vida ahora, asegura, corre peligro.

Criada en Barcelona

La historia de Sarosh tiene tres partes: la primera en Pakistán, donde nació y residió hasta los 8 años. Ahí empieza la segunda: su padre encontró un trabajo en España y toda la familia se vino a vivir a Barcelona. Sarosh se adaptó enseguida, escolarizada en la escuela pública, aprendió perfectamente español y catalán, tanto hablado como escrito. Sus notas, ejemplares. 

Una de las capturas de la conversación con Sarosh. El Español

Esta etapa en Barcelona se prolongó durante nueve años. Sarosh fue creciendo, llegó a la adolescencia, salidas con sus amigos y una vida eminentemente europea. No contaba con que su familia, musulmana tradicional, le había elegido destino. Que como su comportamiento se había occidentalizado demasiado, le habían arreglado una boda con otro chico pakistaní, mayor que ella. 

Sarosh ya tenía 16 años y las ideas muy claras. Por eso fue ella misma la que se puso en contacto con Servicios Sociales para informarles de lo que estaban tramando en su casa sin su consentimiento. Una denuncia que acabó con Sarosh viviendo en un centro de acogida durante los 6 meses siguientes. Finalmente, cuenta Násara Iahdih, desde la dirección del centro no apreciaron los indicios suficientes de que ese matrimonio de conveniencia se estuviese gestando. Así, decidieron que Sarosh regresase a su casa con su familia. 

Sarosh no lo sabía, pero estaba viviendo sus últimos días en Barcelona. Su regreso a casa fue aparentemente tranquilo. Dos meses después, toda la familia viajó a Islamabad (Pakistán). La versión que le dieron a Sarosh "es que se iban de vacaciones a ver a la familia, se la llevaron engañada", nos cuenta su portavoz. Ella todavía era menor de edad y no tuvo opción de quedarse. Ahí arrancó la tercera parte de su historia. Sarosh jamás regresó a España. Era el año 2012.

El infierno pakistaní

No tardó mucho Sarosh en darse cuenta de la encerrona: habían vuelto a Pakistán, pero para quedarse. El único que continúa viajando periódicamente a nuestro país es su padre, que sigue trabajando en España por temporadas. El resto de la familia es estableció de forma definitiva en Islamabad. Sarosh, obligada, se resistía. No quería ni oir hablar de matrimonios arreglados, quería regresar a España y la situación le provocaba grandes crisis de ansiedad. 

Una de las capturas de la conversación con Sarosh. El Español

El regreso de Sarosh a su país natal se produjo en 2012. Desde entonces ha vivido, le confiesa a Násara por mensaje, un auténtico infierno. Dice que su familia la tiene recluída en casa, encontrándose incluso candados en las puertas. Prácticamente no la dejan salir a la calle: "Cuando el padre vuelve a España para trabajar, es un familiar suyo, otro macho islamista, el que se encarga de vigilarla para que tenerla controlada en casa", cuenta Iahdih a EL ESPAÑOL. 

Durante todo este tiempo, la convivencia ha sido imposible. "Ella ha tenido problemas psicológicos graves derivados de esta situación. No la dejan salir, la tienen controlada. Y como se ha ido resistiendo y oponiendo, en su familia no la han podido casar. Porque la tienen como por loca", cuenta Iahdih. 

El dilema

Dada esta situación, dice Iahdih que la familia ha recurrido a los fármacos para tenerla controlada: "La visita un médico que le ha prescrito un montón de cosas y la tienen sedada, medicada por completo". Los fármacos han conseguido que Sarosh 'suavice' su carácter. La fierecilla domada. La fierecilla drogada ya no tiene ni fuerzas para intentar escaparse.

A este punto han llegado porque Sarosh "ya tiene 26 años, es muy longeva para casarse en el contexto islámico. Su familia quiere casarla cuanto antes". De ahí a los fármacos y al bajón que ha dado el carácter de la chica. Ese cambio, esa sumisión por sedantes, le ha aportado al menos una cosa buena: ahora confían en ella y le han dejado que utilice un teléfono móvil. es así como se comunica con Násara y pide ayuda desesperada.

Ahora, cuenta Iahdih, se halla en una dramática disyuntiva: "Ahora, con los medicamentos, se encuentra mejor de la ansiedad y los ataques de pánico. Van a intentar aprovechar esta mejora para casarla. Y ella dice que no sabe si le conviene que su salud mejore, porque eso va a desembocar en un matrimonio de conveniencia. Recuperarse y ser casada a la fuerza o seguir enferma para siempre y evitarlo. El terrible dilema de Sarosh.

Los whatsapp

Ahora que le han dejado un teléfono controlado, dispone de Whatsapp y le envía un SOS a Násara:

"Me han quitado los documentos. No me dejan salir apenas a la calle y me incomunican por largos periodos de tiempo con el exterior. Vivo incluso con candados en las puertas de mi propia casa (literalmente). Y ahora están intentando convencerme para que me case y me temo que si me sigo negando finalmente me obliguen por la fuerza.

Recientemente me han dado un móvil, después de años de maltratos, que es a travñes del cual escribo esto, pero me lo controlan y tengo prohibido hacer llamadas o contactar con gente.

Sólo quiero tener un futuro, quiero tener la libertad de escoger a mi parjea como todos, pero no tengo libertad de decidir nada. No se me permite ni siquiera obtener ayuda psicológica libemente, cosa que necesito urgentemene, pues mi salud mental y mi integridad física está seriamente en riesgo.

He pasado por tantos abusos, humillaciones y agresiones durante todos estos años que actualmente sólo pienso en suicidarme cada día de mi vida y he fallado varios intentos.
Ya he intentado buscar ayuda llamando a la policía, pero uno de ellos empezó a insinuárseme y tuve miedo".

Acaba Sarosh dando un listado en detalle de todos los recursos que ha probado buscando ayuda. Teléfonos, aplicaciones... todo en vano. Es un país en el que hasta llamar a la policía es peligroso para una chica sola: "Eso que dice Sarosh en sus mensajes, de que se lo dijo a un policía y se le insinuó, es porque es una cultura muy machista. Si llama una mujer pidiendo ayuda, se entiende que esa nujer está sola, y eso la convierte n mucho más vulnerable".

Concluye Násara advirtiendo de los últimos mensajes de Sarosh. "Dice que, o la matan, o se suicida ella. Que no está dispuesta a pasar por un matrimonio de conveniencia, pero parece que eso es lo que ya ha decidido la familia. Su vida está en riesgo. Los servicios sociales españoles fallaron. Y en ocasiones, los fallos de los servicios sociales en este tipo de casos cuestan vidas".

El caso Saman

Se refiere Násara a un caso que convulsionó a Italia: el de Saman Abbas, una chica pakistaní que residía en el país transalpino y cuya familia le apañó un matrimonio con otro chico de su nacionalidad, al ver que estaba occidentalizando demasiado sus costumbres. Saman huyó de su casa e incluso interpuso una denuncia ante la policía, advirtiendo de que sus familia planeaba 'limpiar ese deshonor' haciéndole daño.

A Saman la llevaron a un centro de acogida, pero su madre se puso en contacto con ella para rogarle que regresase. "En el patriarcado islámico, la madre desempeña el rol de rehén", cuenta Násara, explicando así el papel que cumplió la madre de Saman en esta historia cuando la chica se fugó.

Saman Abbas

"Saman, como lo somos todas, era dependiente emocionalmente de nuestra familia. Y cedió ante el chantaje emocional de la madre que le dijo que, o volvía, o iba a destrozar a la familia. Saman sintió culpa al sentirse responsable de que su familia fuese a ser deshonrada. Volvió a su casa y esa acción sería su sentencia d muerte. Nada más regresar, su tío la estranguló hasta asesinarla. Ahora la familia está en Pakistán y su tío en busca y captura".

Teme Násara que Sarosh se acabe convirtiendo en un caso similar al de Saman. "Aquí también fallaron los servicios sociales, pero se pueden hacer cosas. Concederle un asilo sería posible. Lo que está claro es que esta chica está pidiendo ayuda urgente, que lleva ya demasiado tiempo secuestrada y que ya se ha convertido en un asunto en el que está peligrando hasta su vida".

Nota: en la primera edición aparecía un documento identificativo pixelado de Sarosh que su entorno nos pidió después que borrásemos, porque le ha generado problemas tras la publicación.

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