Alicante

Un viernes ya de noche del pasado febrero, una conversación de Whatsapp entre un grupo de adolescentes. "¿Hay gais en la zona?", pregunta uno de ellos a otro por el Tossal, una pinada en el centro de Alicante. La intención con la que se lanzaba esa pregunta parecía encontrar respuesta dos días más tarde.

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El domingo, 14 de febrero, al menos trece de estos jóvenes salían por ese parque y acaban persiguiendo a tres hombres gais. "Maricones, hijos de puta, iros de aquí. Os vamos a matar", así lo recoge la Policía Nacional.

Uno de esos tres hombres no pudo escapar.

No les conocían nada, no les podían reconocer. El miedo por sentirse perseguido por una manada de jóvenes lo complicaba, como saben desde la Policía. El terror suele incapacitar al agredido porque no tiene la misma oportunidad de fijarse en los detalles. Además, se añadía el contexto con la oscuridad de la noche, con las mascarillas y capuchas. No había rasgos que sirvieran para identificarles.

Las víctimas solo conseguían recordar algún detalle como el color del pelo de alguno de los menores. “No teníamos prácticamente nada”, explica Raquel Barajas, inspectora del grupo segundo de la Unidad de Atención a la Familia y Mujer, UFAM.

Primera pista

¿Cómo podía encontrar a ese numeroso grupo? Necesitaban del apoyo de las cámaras de videovigilancia que pudieran estar activas en ese momento. Un recorrido por toda la zona les permitió identificar una que podía servir. Ese fue el primer momento clave en la investigación de este caso. En la cámara tenían imágenes de un momento previo a la agresión que presuntamente realizó la manada.

En el vídeo se podía ver a las tres víctimas conversando brevemente antes de que salieran huyendo. “Y se ve a un grupo de chicos corriendo, uno de ellos con un palo, pero físicamente reconocerlos era imposible”, explica la inspectora. Eran menos de diez segundos de grabación sin sonido en los que se ven a ocho jóvenes en grupo que se separan para perseguir a tres desconocidos, lanzándoles objetos y armados con un palo bien visible.

Parecía una agresión tan gratuita y brutal que nos lo tomamos a conciencia”, asegura Barajas. Si la voluntad siempre es resolver los casos que se les presentan, en este en particular no querían dejar que estas dificultades lo impidieran.

Identificado con anterioridad

La insistencia de uno de los miembros de UFAM les dio la siguiente pista fundamental. Tras muchas repeticiones de ese fragmento del vídeo creía tener un hilo del que poder tirar. Uno de los adolescentes podía encajar en un perfil que ya tenían fichado con anterioridad. Sus características físicas y la forma de moverse le delataban.

Eso les permitía contactar con él para comprobar los hechos y medir su implicación real en lo sucedido. Al tomarle la declaración confirmaron lo sucedido. Lo que quizá no podían esperar era hasta dónde llegaban. "En las declaraciones reconocen que pensaban ir a por ello", indica Barajas.

A partir de aquel menor reincidente tenían ya una lista en la que iban encajando las demás piezas del rompecabezas. Sabían con qué otros había delinquido en el pasado, lo que les permitía establecer un mapa de relaciones.

Los whatssapp

Y de ahí se intervinieron a varios de los sospechosos sus teléfonos. En las conversaciones de Whatsapp descubrieron lo que se interpretaría como la premeditación en los hechos. "Dos días antes de esta agresión uno de ellos se pregunta si hay gais en la zona. Y uno dice: A las ocho vamos igualmente", apunta la inspectora. 

Dos días después, las consecuencias son las que ahora se hacen públicas. "Llevaban unos días buscándolo", concluye sobre el grupo de adolescentes ahora detenido. Su víctima: un hombre de 43 años que es perseguido y pataleado hasta fracturarle nariz, pómulos y un fémur. Son necesarias tres operaciones quirúrgicas, una de ellas aún pendiente de realizarse. No quiere tener contacto con la prensa.

La edad de los agresores de esta manada es uno de los factores que hace más llamativo el suceso. El más joven de ellos tenía 14 años y el mayor tenía tan solo 19. "Por suerte, una agresión con esta motivación y violencia es la primera vez que se nos da", señala Barajas.

La doble victimización

Uno de los problemas que complica estas investigaciones es la doble victimización que sufre la persona agredida. Toño Abad, director del Observatorio valenciano contra la LGTBfobia, denuncia que el 90 % de los hombres no suele denunciar cuando sufre estos ataques. 

"Es muy habitual que la gran mayoría de las agresiones que no se denuncian o no se acaban persiguiendo ocurran porque la víctima está en una situación que le compromete personalmente o revela cuál es su orientación cuando no quiere hacerlo", afirma Abad. "Y esto ocurre principalmente contra varones gais porque no se quiere que se conozcan las circunstancias", añade.

La actuación de esta supuesta manada de Alicante no sería la única vivida en España. Como recuerda Abad, "tenemos la experiencia de manadas y grupos que se organizan para acosar y agredir a hombres gais, como en Cataluña y los grupos neonazis en las que ha habido sentencias rotundas".

Por eso, celebra la actuación policial porque "ha actuado de manera diligente, ha identificado a los agresores y les ha detenido, dando respuesta a una situación que es ciertamente habitual". De ahí que reitere que el caso de Alicante "es una situación gravísima de agresión a un homosexual que estaba haciendo uso del espacio público en el ejercicio de sus libertades", concluye.