Murcia

‘Se ofrece chica fetichista, de 18 años, para prácticas sadomasoquistas’. Tras anuncios de este tipo, publicados en páginas de contactos, se escondía Sandra: una veinteañera que cursaba un módulo en el instituto y que residía en el domicilio de su familia en un pueblo de Almería. 

Ese mensaje -uno de tantos que publicó- ofertando servicios sexuales, es sólo un ejemplo de los pinitos de la joven en el mundo de la prostitución y el proxenetismo por los que ha llegado a pasar cuatro meses entre rejas.

Todo ello, tras ser detenida por la Guardia Civil por la presunta explotación sexual de cinco menores de edad, de 13, 15 y 16 años. 

La ‘Operación Terciaria’ ha puesto coto a uno de los mayores escándalos sexuales que se recuerdan en la provincia de Almería, pero también ha reabierto el debate sobre problemas sin resolver en el mercado del sexo y en el seno de las familias. Tales como hasta dónde debe llegar la supervisión paterna del uso que hacen los adolescentes de las redes sociales o la falta de control que hay en la prostitución: tanto sobre quienes la ejercen y en qué condiciones laborales, como en los clientes dispuestos a pagar para satisfacer sus deseos más oscuros con menores de edad.

Un policía judicial analizando contenido en redes sociales. G. C.

Sandra encontró en los chat de contactos para adultos una fuente de ingresos económicos alternativa al mercado laboral. Para ello, esta estudiante de 21 años recurrió a páginas como pasion.com con anuncios de sexo para hombres, mujeres, parejas liberales, homosexuales o transexuales. Esta adolescente siguió los ocho consejos de esta web para publicar su anuncio -con un tope de 510 caracteres- en una de las pestañas de temática sexual.

Una fuente ligada al procedimiento judicial detalla a EL ESPAÑOL que esta veinteañera “vio que se ganaba un dinero fácil”. Tanto, que presuntamente comenzó a ejercer de proxeneta. metiendo inicialmente en el negocio a cuatro menores de edad. 

Los servicios fetichistas y sadomasoquistas que supuestamente comenzaron a ofertar a través de los perfiles donde Sandra se había dado de alta al ser mayor de edad, iban desde escupir a los clientes, a darles un guantazo, dejarles que les chupasen los pies o entregarles ropa interior usada.

“Humillaban a los clientes”. Pero eso es lo de menos: era lo que les excitaba y por eso pagaban. El problema es que las protagonistas de esos servicios de contenido sexual eran niñas de sólo 13 años

Sandra supuestamente se encargaba de cerrar la tarifa, concretar el encuentro y asignar los clientes a cada una de las estudiantes. 

Comisión del 50%

“La chica que era mayor de edad, se hacía pasar por las menores para hablar con los hombres a través del chat y luego ella le pasaba pantallazos a las otras chicas para que viesen lo que había hablado con ellos”.

Básicamente, les preparaba el cuerpo para que supiesen cómo satisfacer al cliente y, según todo indica, se lucraba por ello: “Por los servicios que prestaban cobraban 20, 25 o 50 euros y Sandra le pedía a cada menor una comisión del 40% al 50% por cliente”.

Sandra era la única que tenía carné de conducir y un coche que empleaba cuando trasladaba a las menores al punto de encuentro con algún hombre: “Era una de las cosas en las que se excusaba para cobrarles comisión”.

La red clientelar era cada vez mayor y actuaban en diferentes pueblos de Almería. De todos los perfiles sociales y laborales. Algunos cuando veían a las chicas y se percataban de que eran menores rechazaban los encuentros, pero a otros muchos les importó bien poco.

Ninguna de las menores llegó a mantener relaciones con penetración o sexo oral, sin embargo, de las actuaciones se desprende que de la temática fetiche y sado pasaron a servicios de tipo más sexual, como las masturbaciones a adultos. Una menor mantuvo relaciones con su novio delante de un cliente.

Un guardia civil con un consolador encontrado durante uno de los registros. G. C.

‘Chiquito de la calzada’

“Una de las menores de edad tenía pareja y en un par de ocasiones se llevó al chico para mantener sexo en vivo en la casa de un hombre que se tocó mientras los miraba. Otra vez lo hicieron dentro de una furgoneta".

Esta fuente no sabe precisar la lista de usuarios que gestionó Sandra en los dos años en los que explotó sexualmente a las cuatro chicas y al chico: “Tenían una barbaridad de clientes, quedaban a diario con gente”.

Los clientes más asiduos se remontan a 2019 y estuvieron solicitando servicios de las menores con una frecuencia semanal. De hecho, la investigación revela que las chicas les pusieron motes jocosos a los habituales: ‘Chochito’, ‘Chiquito de la calzada’...

Tanto la supuesta proxeneta veinteañera como el resto de las menores comenzaron a tener un nivel de ingresos que no cuadraba con el de unas estudiantes de instituto. A pesar de todo, sus padres no se percataron de nada. En las capturas de conversaciones que obran en la causa se pone de manifiesto que en ocasiones empleaban un lenguaje en clave sobre los supuestos servicios sexuales: “Vamos a hacer un pies (una masturbación)”.

El estallido de la pandemia de coronavirus y el confinamiento domiciliario no mermó la actividad de la red clientelar que Sandra supuestamente tejió a través de anuncios en chats y páginas de contactos sexuales. Las menores de edad ofrecían excusas peregrinas a los padres para salir de casa: "Me voy a tirar la basura". Una vez fuera del domicilio familiar se ausentaban un par de horas para realizar el servicio en descampados, aparcamientos del extrarradio o en un polígono industrial.

Las chicas fueron multadas

“Las chicas fueron multadas varias veces por infringir el confinamiento domiciliario y las restricciones de movilidad". Las sanciones tampoco fueron un obstáculo. El negocio que lideraba Sandra seguía viento en popa hasta que la madre de una de las menores de edad interceptó unas conversaciones de WhatsApp. “Le pilló a su hija una serie de mensajes extraños”.

El asunto acabó en junio de 2020 en manos de la Unidad Orgánica de Policía Judicial (UOPJ) de la Comandancia de Almería, que abrió una investigación. A partir de ese momento, se escudriñaron los teléfonos de las implicadas, su actividad en redes sociales, así como los anuncios de las páginas de adultos.

Agentes de la Unidad Orgánica de Policía Judicial custodiando a uno de los detenidos. G. C.

La primera en caer en la ‘Operación Terciaria’ fue Sandra: la Guardia Civil la arrestó el 27 de junio de 2020 por los supuestos delitos continuados de prostitución, explotación sexual y corrupción de menores. Terminó en prisión. La actividad de los investigadores prosiguió acotando el listado de hombres de la provincia de Almería que habían pagado por los encuentros con las menores.

“Al final la causa se ha centrado no en los clientes ocasionales, sino en los fijos que estaban vinculados a las conversaciones en los chat y los teléfonos, por eso se volvió a llamar a las menores para preguntarles”. Entre las cuestiones que se les formularon, una de ellas iba encaminada a saber si entre la clientela había miembros de la Policía Nacional, Guardia Civil, Policía Local y el Ejército.

Tal interés sobre ese perfil de usuario tenía una explicación: “En el confinamiento a una de las muchachas la multaron cuando estaba con un hombre y llamó por Skype a un cliente para pedirle que le quitase la sanción”. La Policía Judicial trató de averiguar la identidad de esa mano negra, un miembro de las Fuerzas de Seguridad que le retiró la multa a la adolescente, pero por ahora no se ha podido averiguar.

El policía y el legionario

Posiblemente, esa ha sido una de las pocas cuestiones que se les han quedado en el tintero a los investigadores, ya que pudieron identificar a ocho clientes que fueron arrestados escalonadamente: el 8 de julio de 2020; el 24 de septiembre y el 26 de noviembre. Entre los últimos en caer, un miembro de la Legión destinado en la Base Álvarez de Sotomayor, en el pueblo almeriense de Viator, y un policía local de Adra. Tal situación viene a demostrar que las menores eran trasladadas supuestamente por Sandra en su coche. “Se movían por toda la provincia”.

Desde el Ayuntamiento de Adra confirman a este diario que en noviembre se abrió un expediente disciplinario contra el policía local detenido: "Se le suspendió de empleo y sueldo durante seis meses". El arresto de este agente con dilatada trayectoria en el Cuerpo levantó una gran polvareda en la plantilla. “Al parecer se le investigó porque una de las menores declaró que hizo un acto con un hombre vestido de uniforme”, apunta una fuente de la Guardia Civil.

El Ayuntamiento de Adra ha expedientado a un policía local detenido por la Guardia Civil. Google Maps

“Tuvieron que declarar varios policías porque los hechos se produjeron durante un turno nocturno, en el que el agente estaba de servicio, se ausentó de las dependencias de la Policía Local y fue al encuentro de la menor”. La presunta proxeneta -Sandra- fue la encargada de trasladar a la chica hasta un edificio municipal de la localidad abderitana ,donde se consumó el encuentro.

El funcionario, según ha podido saber este diario, asegura que desconocía que la joven era menor de edad y niega el affaire sexual.

El caso, a la Fiscalía

Un portavoz del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía confirma que dos de los ocho clientes detenidos permanecieron en prisión tres meses. El 30 de octubre del año pasado quedó en libertad con cargos la supuesta proxeneta, Sandra.

El Juzgado de Instrucción número 2 de Almería ha finalizado la instrucción que tiene en la diana a Sandra y a ocho clientes por los supuestos delitos de corrupción de menores, agresión sexual y abusos. Todos deben cumplir medidas cautelares, como la obligación de comparecer cada quince días en los juzgados.

También tienen prohibido acercarse, así como comunicarse con las víctimas, un chico y cuatro chicas, que en el momento de los hechos tenían entre 13 y 16 años.

Los juzgados de Almería. Google Maps

Las diligencias están en manos de la Fiscalía para que presente su informe de transformación a procedimiento de sumario, un paso imprescindible para determinar si la investigación concluye en una vista oral en la Audiencia Provincial.

Las defensas de algunos de los investigados, según ha podido saber este diario, se están coordinando para tratar de demostrar que las menores no eran víctimas de una proxeneta, sino que trabajaban voluntariamente para ella.

Es decir, que más que ser explotadas, optaron por llevar una doble vida al ver los ingresos que tenía su amiga Sandra. De día, eran alumnas de instituto. Por la tarde, empleadas en el mercado del sexo.

Para demostrar esa teoría, algunos abogados defensores se apoyarán en el contenido de determinadas conversaciones que obran en la causa judicial. EL ESPAÑOL ha tenido acceso a varias de ellas, donde una de las crías le pregunta a la presunta proxeneta si hay algún cliente porque no tiene un euro en el bolsillo.

- Una menor a Sandra: Chacho. ¿Hay algún 'pies' para ahora? Necesito 'pies' (una cliente para masturbar).

- Sandra, la supuesta proxeneta: Hay uno de 50 euros. Espera.

- Una menor a Sandra: Vale. Es que no tengo ni un paquete de tabaco. Necesito dinero.

También existen otros WhatsApp donde las menores de edad supuestamente piden clientes a Sandra para regalarle a su novio una moto o para comprarse ellas caprichos, como una bicicleta:

- Una menor a Sandra: Hola, mi amorrr...

-Una menor a Sandra: Quiero hacer pies (masturbación) y conseguirme 250 euros que vale una bici.

- Sandra, la supuesta proxeneta: Vale. Cari.

Otro argumento que alegarán los letrados será que algunas de las chicas comenzaron supuestamente a quedarse con números de teléfono de los clientes, para así quedar directamente con ellos, evitando así la intermediación de Sandra y tener que pagarle la comisión.

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