Esta no es una historia de superación, ni mucho menos de motivación. No esperen píldoras de optimismo superficial ni frases para enmarcar en un pie de foto en Instagram. Esta es una historia de rabia y supervivencia. El 8 de septiembre de 2009, Aleixo Paz (20) murió y no volvió a nacer. El fuego se llevó el 90% de su cuerpo y, con él, parte de su alma. Ahora es el protagonista del documental El niño de fuego (Movistar+), a través del cual los espectadores conocerán una de las partes más incomprensibles de la existencia. Porque la vida, a veces, no da motivos para sonreír.

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Aquel día, Aleixo, de ocho años, se coló de madrugada en el camión de su padre. Lo solía hacer sin que él se enterase. El vehículo, un camión cisterna, trató de esquivar a otro en la AP-7 cerca de Girona, sin suerte. Recibió un fuerte impacto y, poco después, explotó. En aquel momento, Aleixo dormía en la parte trasera de la cabina. Se despertó envuelto en llamas. Fue plenamente consciente de todo lo que pasaba. Consciente de un dolor indescriptible pero, sobre todo, de cómo la vida se le escapaba a cada segundo entre el fuego. “Nadie me tiene que explicar lo que ha pasado porque en ningún momento perdí la consciencia. Cuando estás ardiendo no lo quieres creer, pero no me quedó otra”, explica Aleixo Paz, en una entrevista con EL ESPAÑOL. 

Su padre, que no sufrió quemaduras, trató de sacarlo como pudo. Poco después, fue trasladado de emergencia en helicóptero al Hospital de la Vall d’Hebrón de Barcelona. Su estado auguraba lo peor, pero consiguieron salvarlo. Desde entonces, Aleixo se ha enfrentado a más de 40 operaciones, injertos de piel, úlceras y curas interminables. Ahora, sus visitas al hospital se producen cada varios meses, pero durante mucho tiempo, han sido una constante. Sin embargo, lo peor no ha sido este calvario de complicaciones médicas. “El dolor físico ya ni lo siento. El psicológico es el que cuesta más”, dice.

Aleixo, en el salón de su casa junto a su madre.

Aleixo tuvo que crecer, a menudo, con el rechazo de los demás por su aspecto. A sus 20 años reconoce que ya ni se acerca a la gente, “porque ya sabe lo que hay”. Sus amigos son los que siempre han estado ahí, “en los momentos malos”. Entre ellos, está el propio director del documental, Ignacio Acconcia, que se ganó su confianza a lo largo de cinco años. Gracias al rodaje, Aleixo también se hizo amigo de Isaac Real, El Chaca, un boxeador y rapero de L’Hospitalet (Barcelona), expresidiario y campeón de Europa de peso superwelter, que se ha convertido en un referente para él.

Su familia siempre le ha apoyado de forma incondicional, pero la frustración y la culpa, a veces, son evidentes. Aleixo reconoce que relacionarse no es tan difícil para él, porque no espera demasiado, pero sí que es “más difícil para ellos”. Si por un lado están quienes le rechazan, por el otro, está la condescendencia y presión por realizarse de quienes quieren ayudarle. Su familia trata de buscarle soluciones. Le insiste en que haga cursos, en que encuentre un trabajo, en que busque motivaciones… Pero Aleixo solo quiere que le dejen en paz. Quiere hacer su camino sin meterse en líos. Estar en pie un día tras otro, para él, es más que una conquista, en una vida que no entiende.

"No boxeo, reviento la pared"

Aleixo compone canciones de hip hop y ha participado en varios conciertos.

Vive con su madre en Salt (Girona), y su día a día consiste en pasear al perro, componer canciones de hip-hop y fumar canutos. En una vida donde los sueños no existen y donde lo único presente es la rabia, solo valen el alivio y la evasión. Durante muchos años los encontró dando golpes a la pared. “Me preguntan si boxeo, pero no, yo solo reviento la pared”, asegura. Las consecuencias de estos golpes le han supuesto más heridas. “Al final, es mejor cantar”, cuenta.

“Hace bastante tiempo tenía las manos tan destrozadas de golpear la pared que sentía la necesidad de liberar toda la rabia de alguna otra forma. Empecé a escribir con una base de fondo y eso no me servía, necesitaba gritarlo. Cogí el móvil, puse la grabadora y, con la borrachera, me puse a cantar lo que había escrito. No eran simples letras, resumía por encima todo lo que estaba pasando en aquel momento. Era como una nota para mí mismo para la próxima vez que mi cabeza me convenciera de que solo hay una salida para toda esta mierda. Desde ese día es para lo único que escribo sabiendo que llegará el momento en que todo ya esté escrito y en el olvido”, redactó en una carta.

En este camino, gracias a El Chaca, ha visto algo de luz al final del túnel. Se ha subido al escenario en más de una ocasión con él y, para Aleixo, esos han sido buenos momentos. "El niño de fuego / escribiendo temas / desahogando la rabia que le quema", reza una de sus letras, que ha terminado por poner el título al documental.

Para Aleixo nunca ha habido un antes del accidente. A su madre le gusta recordar cómo era, con fotos y vídeos. A él no. Siendo apenas un niño, su vida se ha visto siempre condicionada por lo que sucedió aquel 8 de septiembre. “No quiero ver fotos de quién era, porque yo no soy el de antes, soy el que soy desde el accidente”, asegura.

Su exposición al gran público y las entrevistas que hace con los periodistas estos días se lo toma como algo “diferente”. Él se describe como introspectivo y, de hecho, es alguien de pocas palabras. La vida le ha cargado la mochila de realismo, de dureza, y de fortaleza. Nunca pensó en llegar a los 20, pero ya está ahí. Cuando se vaya el destello de los focos, la batalla sin cuartel en la vida de Aleixo continúa. “¡¡Luchar o morir!!”, se despidió en aquella carta.