En el Parque de Peñuelas, cerca de la estación de Acacias (Madrid), pernoctan muchas de las personas sin hogar que se mueven por la zona. Está Eugenio, que tiene 64 años y lleva 2 durmiendo en la calle. Está Fernando, su compañero de 40 años con el que comparte un hueco bajo un árbol a la hora de dormir. Ambos han pasado el temporal Filomena cambiando de refugio: de la arboleda a la estación de metro, de ahí a un portal...

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Y también estaba Martín, que tenía 57 años y apenas se podía mover. Lo cuentan sus dos compañeros. Que su sobrepeso y sus graves dolencias en las piernas le limitaban al máximo la movilidad. Estaba ubicado en un colchón, en uno de los extremos del parque. Allí hablaron con él por última vez la noche del jueves 14 de enero. El domingo 17 por la mañana, después de haber pasado una odisea para ponerse a cubierto y guarecerse del frío, Eugenio acudio al parque a buscar a su amigo Fernando. Pero lo que se encontró lo que no se esperaba.

"Ví que Fernando no estaba en el árbol donde normalmente nos ponemos a dormir. Me acerqué al colchón donde siempre estaba Martín y allí me lo encontré, muerto", asegura. "Estaba tumbado boca abajo. Igual se puso así para intentar protegerse del frío. Él no tenía sitio para ponerse a cubierto, igual que Fernando y yo. Pero nosotros nos vamos moviendo y así hemos ido esquivando el frío. Él apenas se movía y solamente tenía unos cartones", le cuenta Eugenio a EL ESPAÑOL. 

El frío de Madrid

Segun los datos de la Agencia Meteorológica Estatal, esa noche se registró una temperatura de 8 grados bajo cero en la estación meteorológica más próxima, que está situada en el Parque del Retiro. Sin embargo, desde el Samur han especificado que el cadáver no estaba cubierto de nieve y aún no han podido precisar la causa del fallecimiento.

Que murió de frío, no obstante, es la versión que circula entre los sintecho que malviven en el Parque de las Peñuelas. "Nosotros hemos pasado ese frío todos los días y parece que te vas a morir. Es muy duro vivir en la calle de Madrid cualquier invierno, imagínate con este temporal. Yo no he visto una cosa así en mi vida, y eso que soy madrileño", resume.

Foto el lugar en el que hallaron el cadáver, hecha con zoom desde el cordón policial DLF

"Al principio de la nevada hacíamos broma y decíamos "esto es un poco de 'agüita nieve' y se irá enseguida. Pero mira, la 'agüita nieve' como acabó. No he pasado tanto frío en mi vida, nosotros sólo podemos taparnos debajo de ese árbol y hemos acabado hasta arriba de nieve", prosigue Eugenio. 

Él está más receptivo a hablar. No así Fernando, el otro sinhogar que le acompaña. "Aquí cada uno tiene un compañero con el que pasa más tiempo o del que se preocupa más. Yo me hago con Fernando. En el caso de Martín, el que se relacionaba con él era Joaquín 'El Vasco', otro hombre que tampoco tenía casa y dormía por aquí. Pero al Vasco se lo llevaron hace cinco meses y Martín estaba solo desde entonces".

¿Quién era Martín? "Martín le decíamos nosotros, no sabemos si era nombre o apellido. También le decíamos Romañol, que era el nombre que trajo de Alemania". Porque aunque Martín era un hombre "muy reservado para sus cosas, que contaba poco de su vida", Eugenio lleva 2 años cruzándose con él y sabía su historia: "Tenía 57 años y es del barrio de Delicias, aquí al lado. Pero con 3 años se mudó con sus padres a Alemania. Regresó a España con 33 y estuvo haciendo varios trabajos. Estuvo, que yo sepa, de transportista y en la construcción. Pero creo que había trabajado en muchas otras cosas. No tenía un oficio fijo". 

6 años en la calle

Tampoco tenía mujer ni hijos, según cuentan sus amigos. "Al menos que nosotros sepamos. Sus padres se quedaron en Alemania y creo que ya han muerto", indica Eugenio. Martín estaba solo y se vio en la calle "hace 6 años, por circunstancias de la vida, como todos". Sin trabajo, sin hogar y enfermo, se instaló en el Parque de  Peñuelas y allí ha estado hasta que falleció.  

"La obesidad que tenía no le dejaba moverse mucho del colchón, pero también tenía mal las piernas. Muy mal. Tenía gangrena en los pies, por eso apenas salía del colchón", dice Fernando, Unos cartones y dos ladrillos para fijarlos y que no se los llevase el viento, eran sus únicas mantas.

Dice Eugenio que cuando encontró el cadáver de Martín, bajó la rampa del parque corriendo, "que casi me caigo por culpa del hielo. Llegué hasta la carretera y pasó un coche de la policía. Les empecé a gritar "¡Eh, eh, eh!", me vieron, se pararon y los llevé hasta el cadáver", concluye Eugenio.

Indignación

Tanto él como Fernando siguen indignados: "No hay derecho a esto. No se puede consentir que vivamos en estas condiciones. Los políticos siempre hablan de buenas intenciones, pero a la hora de la verdad... nada. Ni PP, ni PSOE, ni Carmena ni nada. Imagínate, que yo ese sábado me fui a refugiar a la estación de metro de La Latina y a las 10 de la mañana me echaron a la calle. ¿No decían que habían abierto las estaciones para que nos resguardásemos del frío? Pues ya me dirás qué ayuda es esa si me echas".

Eugenio y Fernando no son los únicos sinhogar que malviven en el Parque de las Peñuelas. Un lugar en el que no hay sitio para refugiarse de un temporal, No hay techado ni nada que se le parezca. En otro extremo del parque hay una especie de cabaña rudimentaria hecha con toldos y un carro de la compra al lado con las pertenencias de otro mendigo. Fernando le pega un vistazo y sonríe: "Esos son 'los del lujo', porque tienen techo".  

Tener un toldo en el Parque de las Peñuelas es, para los indigentes, un lujo DLF

Ambos señalan que los miembros de la ONG Bokatas son los únicos que se dejan caer por el parque para ayudarles: "Pasan los lunes y los miércoles por la noche y nos dan algo de comida. Son los únicos que nos ayudan". EL ESPAÑOL se ha puesto en contacto con a ONG, que ha declinado hablar del caso. Apuntan desde el Samur, no obstante, que el cadáver no estaba cubierto de nieve y que tampoco presentaba signos de hipotermia. Aunque en el parque nadie duda que el frío tuvo mucho que ver.

Pasó el frío pero queda el hielo. Fernando y Eugenio se van dando tumbos esquivando bloques congelados que les hacen resbalar. Esperan el bocadillo de la noche y lo hacen con el corazón encogido. Porque no tienen ni una manta que echarse encima. El siguiente puede ser cualquiera.