Vallecas

En la puerta de Urgencias apenas si se escucha el susurro de unos pocos, algún tímido qué tal, o el comprometedor mensaje de ánimo del familiar recién llegado. La espera, cansada, estos días, no es mas que un refugio sin palabras. Se aguardan buenas noticias, pero con mucho miedo. “Ojalá no sea nada, a ver si todo queda en un susto”, se desean, unos y otros, entre ambulancias recién llegadas.

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Ocurre, sin embargo, que, últimamente, esa ligera esperanza se nubla entre datos de incidencia acumulada por Covid. El hospital de Vallecas, el Infanta Leonor, es el más castigado por el coronavirus de toda la Comunidad de Madrid. “La situación es extrema y muy alarmante. Falta personal... Probablemente, en unos días estemos totalmente saturados”, lamenta Sergio Fernández, representante sindical del centro.

“Ya tenemos dos plantas y media llena de enfermos con coronavirus”, añade Mercedes, auxiliar de enfermería en el mismo centro. “Estamos como a finales de marzo”, espeta. Y, desde luego, no exagera. El hospital Infanta Leonor –bendita paradoja de nombre en un barrio obrero y republicano– está cargando sobre sus hombros el peso de atender a los pacientes del distrito con mayor incidencia acumulada por coronavirus de Madrid: 2.914 casos por cada 100.000 habitantes. Es decir, ahora mismo, es el epicentro del virus en España, el Wuhan madrileño, seguido por Carabanchel (2.238), Villaverde (1.615) y Usera (1.615).

Urgencias del Hospital Infanta Leonor. Beatriz Donlo EL ESPAÑOL

— ¿Tienen miedo al salir de casa?

— Sí, claro. Yo estoy jubilado y vamos sólo a pasear, a la compra, a lo básico... –explica Luis a EL ESPAÑOL desde la puerta de Urgencias.

La situación, en Vallecas, es crítica. El Hospital Infanta Leonor ha suspendido las cirugías, tiene el 54% de sus camas ocupadas por enfermos de coronavirus y un 134% de los puestos de UCI utilizados. “Los médicos están exhaustos y la situación parece que va a ir a más”, pronostica Sergio. Por eso, el personal que trabaja en el centro ha pedido auxilio a la Comunidad de Madrid a través de una carta firmada por el 80% de la plantilla (400). Sienten que están “abandonados” y temen que, si no se pone freno a la situación, se repita lo vivido durante la primera ola.

Para evitar vivir lo mismo, en la carta, el personal del Infanta Leonor denuncia que, actualmente, el “100% de camas de críticos” están ocupadas y que hay especialistas que han dejado su puesto para atender a pacientes con coronavirus. Es, repiten, lo mismo que ocurrió en marzo. Por eso, piden que se redistribuya a los enfermos de Covid entre los diferentes hospitales de la Comunidad de Madrid con el fin de evitar que se colapse el centro hospitalario y no se pueda atender correctamente a pacientes con otras patologías.

— ¿Por qué cree que este hospital es uno de los más afectados? –pregunta este periodista a los pacientes que esperan en Urgencias.

— Fíjate, si hasta la Leonor se ha tenido que ir a su casa. ¡Cómo no va a pasar aquí! –reconoce Natalia, que aguarda a que salga un familiar.

Ella, sin decirlo, tiene claros los motivos por los que el coronavirus se está cebando con los barrios obreros: ellos son los que viajan en Metro, los que comparten pisos donde es imposible hacer cuarentena –al no existir suficientes habitaciones– y los que pasean por calles hacinadas y no por anchas aceras con poca densidad de población. Por todo eso, Puente de Vallecas lidera la clasificación de incidencia acumulada por Covid y en el hospital avisan: “Estamos en pre-colapso”.

¿Cómo se ha llegado a esta situación?

Basta visitar los centros de atención primaria adscritos al hospital para comprender la gravedad de la situación. “Se están juntado las llamadas por el coronavirus con las de los pacientes que tienen otras patologías. Así es imposible: las líneas se colapsan y no podemos atender a todo el mundo”, explican médicos que prefieren guardar el anonimato. “No tenemos suplentes. Si alguno nos ponemos malo o lo cogemos...”, añaden.

Centro de Salud Rafael Alberti. Beatriz Donlo EL ESPAÑOL

En concreto, los tres centros de salud más castigados de Vallecas son, por orden: Buenos Aires, Vicente Soldevilla y Rafael Alberti. Todos, con los mismos problemas: falta de personal, saturación, estrés… “Los médicos están cansados. Después de la primera ola, que les venga esto…”, reconocen desde los sindicatos. “No se han puesto los medios necesarios y ahora estamos, de nuevo, como en marzo”, prosiguen.

Con el correspondiente enfado del personal sanitario, pero también de los pacientes. “Esto está fatal. Ayuso lo está haciendo fatal”, esgrime, enfadado, Juan, antes de entrar al centro de salud Rafael Alberti. “Para que te den una cita tienes que llamar 40 veces y, si tienes suerte, te cogen en algún momento. Luego te dicen que te llamarán… Esto es un desastre”, prosigue.

Juan, indignado por cómo funciona la atención primaria, carga contra Ayuso. Beatriz Donlo EL ESPAÑOL

“Esto se veía venir. Hay familias que viven hacinadas en pisos y no pueden guardar cuarentena”, reconoce. Está enfadado –como buena parte de los madrileños– y asume lo que se les viene encima: un posible confinamiento de su zona sanitaria a partir del próximo lunes. Algo que, según cuentan a este periódico, tendría que ver más con poner coto a los contactos sociales: la Comunidad sí que permitiría a los ciudadanos salir de sus casas para ir a trabajar o para llevar a los niños al colegio.

Recuento de bajas

En el Vicente Soldevilla no necesitan palabras para explicar la situación. A la entrada, han colgado un cartel en el que hacen recuento de su actividad semanal para que los pacientes sepan en la situación en la que se encuentran. Los profesionales de este centro, al día, reciben más de 500 llamadas, realizan más de 100 PCR, notifican entre 70 y 80 positivos… y, de un tiempo a esta parte, han ido perdiendo compañeros, de baja: seis de 16 médicos y dos de cuatro pediatras.

— ¿Cómo se encuentran? –pregunta este periodista a Maribel, médica del centro.

— Imagínate. Muchas colas, mucha espera en las llamadas… No podemos hacer más. Tratamos de atender a todo el mundo, pero…

Guadalupe está enfadada por cómo se está gestionando la pandemia. Beatriz Donlo EL ESPAÑOL

No es posible. La situación es cada vez más grave y los platos rotos los acaban pagando –también– los pacientes. Guadalupe es una de ellas. Ha acudido con su hija y da gracias a que la hayan atendido. “Al final, porque soy del barrio de toda la vida y me conoce mi médica de cabecera, pero esto es increíble”, lamenta.

— ¿Cómo está el barrio?

— Fatal. Nos han dejado de la mano de Dios, nos tienen abandonados. Hay gente tirada en los parques sin mascarilla y la Policía no hace nada. Pasan por delante y ni les multan. No se puede actuar así. Por no hablar de los okupas. El otro día, desalojaron una vivienda con 300 dentro. ¿Tú crees que eso es normal?

— ¿Cree que va a cambiar la situación con el confinamiento?

— Aquí, no. Si al final te dejan ir a trabajar. Yo, por ejemplo, voy hasta Barajas; y mi hija también tiene que salir del barrio. ¿Entonces, para qué sirve?

Guadalupe es tan escéptica como sus vecinos, los que pertenecen al centro de salud más perjudicado de toda la zona, el Buenos Aires. Allí, el recuento de bajas también lo tienen bien visible a la entrada del centro: “Profesionales que faltan: 13”, reza el cartel. “Allí, todos los sanitarios que trabajaban por la mañana eran suplentes”, explican desde Comisiones Obreras.

Los números, por sí solos, explican la situación: más de 400 consultas médicas al día, casi 300 de enfermería, cerca de 100 PCRs diarias... "Las colas, por las mañanas y por las tardes son enormes", explican a la entrada del centro. 

Por eso, las esperas son interminables. “Esto está muy mal. No te dan cita. Mírame, yo he tenido que venir aquí", explica Celia, que espera en un banco que la atiendan. Su historia, como la de tantos, está vinculada al barrio que está en la diana de los políticos. Será, posiblemente, el primero en ser confinado. Con los centros de salud colapsados y el hospital preparándose para lo peor: una segunda ola que puede ser catastrófica.

Cartel con el recuento de las tareas hechas por los sanitarios cada día. Beatriz Donlo EL ESPAÑOL