La Guardia Civil ha detenido a un hombre en relación con la desaparición de Manuela Chavero hace cuatro años, según ha podido confirmar EL ESPAÑOL. Se trata de un vecino de Monesterio, Badajoz, de 28 años, que vive en la misma calle, apenas separado por una casa, en la que residía la joven.

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Fuentes de la investigación señalan a este periódico que desde que el detenido pasó a disposición policial ha colaborado y que a lo largo de la madrugada ha confesado que "enterró" a Manuela Chavero, asegurando que se trató de un "accidente". Se espera que a lo largo del viernes concrete el lugar en el que se hallarían los restos.

El operativo se desplegó este jueves por la tarde, cuando el joven fue arrestado. Minutos más tarde y durante la noche, agentes llevaron a cabo un registro en el domicilio en busca de pruebas que pudieran implicar al sospechoso y resolver el paradero de Chavero.

Varios sospechosos por la desaparición de Manuela Chavero, investigados

La extraña desaparición

La madrugada del 5 de julio de 2016, Manuela, con 42 años y dos hijos, salió de su casa dejándose el teléfono sobre una mesa y la televisión y la luz encendidas de la cocina.

La desaparecida recibió el último mensaje a la 1.55 de la madrugada. Las pesquisas apuntan a que desapareció antes de las tres. Había quedado a la mañana siguiente con una de sus hermanas para ir a cambiar a una tienda ropa de los niños. En la casa nadie cogió el teléfono. Era raro, dijeron desde la familia: siempre contestaba las llamadas.

Los investigadores estaban convencidos desde el inicio de que Manuela no se marchó por su propia voluntad, que no huyó intencionadamente de su domicilio, sino que alguien se la llevó por la fuerza. En total, han barajado más de 100 sospechosos distintos en una localidad con algo más de 4.000 habitantes donde todos se conocen.

¿Qué pudo pasar? 

Hasta ahora, todo han sido incógnitas, dudas sobre quién podía ser el asesino -o si realmente había un asesino- y conjeturas. Este viernes, con la detención del vecino de la joven, todo cobra más sentido. Manuela, definitivamente, no se fue, aquella noche, por su propio pie. Eso parecía claro, pues se dejó las luces encencidas, el teléfono móvil encima de la mesa y el dinero y la documentación dentro de la vivienda. 

Manuela Chavero tenía cita con un abogado de oficio el día siguiente a su desaparición. Fernando Ruso

Manuela, como decimos, mandó su último mensaje a las 1:55 horas de la madrugada y después salió de su casa con lo puesto. Ese último mensaje se lo envío a Abraham, un chico de 21 años del pueblo con el que salía.

“¿Dónde andas, ya no te acuerdas de mí?”, le preguntó Manuela al chico. “Trabajando, cansado”, le respondió él. De los mensajes se deduce que Manuela quería verse con Abraham aquella noche. Pero su novio le contestó: “Me voy para casa porque me duele mucho la rodilla”.

El teléfono de Manuela dejó de tener conexión a las dos menos cinco de la madrugada. Tras su desaparición, un testigo declaró que sobre esa hora había visto a Abraham vestido con una camiseta naranja cerca de la casa de la desaparecida. Más tarde, se desdijo.

El caso es que Manuela se subió al coche de un conocido del pueblo y desapareció sin dejar rastro, sin avisar a nadie, sin que en su fugaz salida dejara rastro de nada, pero, eso sí, con la tele y las luces encendidas, como si pensara volver. 

Su vecina, Manoli, se acercó entonces a su casa tras ser alertada de que no la encontraban. Nadie le abrió la puerta. Entonces, uno de sus hermanos acudió a la misma vivienda con unas llaves. La puerta no había sido forzada, pero no había rastro de Manuela Chavero. Tampoco había signos de violencia, ni muebles tirados, ni cristales rotos. Sólo las luces y la televisión encendidas.

Monesterio se vuelca en la búsqueda de Manuela Chavera. Archivo

Desde entonces, su hermana Emilia, que se ha recorrido todas las televisiones y periódicos del país pidiendo justicia, y sus hijos (Adrián, de 17 años, y Sofía, de nueve), la han buscado incansablemente. Pero sin encontrarla. 

Su hermana, no obstante, siempre ha estado convencida -como reconoció en una charla con EL ESPAÑOL- de que la UCO (Unidad Central Operativa de la Guardia Civil) sabía quién podía ser el asesino y, más pronto que tarde, darían con la prueba incriminatoria que lo acorralara. "Ha sido una cosa muy bien hecha y muy difícil de resolver", reconocía. 

No obstante, durante estos cuatro años de incansable espera, Emilia no ha perdido la esperanza. "No quiero que sea un caso sin resolver, ni yo, ni la UCO, ni España", reconocía. De hecho, siempre afirmaba que ninguno quería que el caso de su hermana se convirtiera en algo parecido a lo que ocurrió con Marta del Castillo. 

Juicio por divorcio 

Manuela se encontraba en pleno divorcio con su exmarido, con el que había tenido dos hijos, y tenía, presuntamente, una relación con un vecino de Monasterio (Badajoz). Este, sin embargo, siempre negó la máxima alegando que se trataba de relaciones esporádicas. Emilia, su hermana, sin embargo, no lo tenía tan claro y siempre sospechó de ella. 

Su desaparición, ese verano, se unió al de otras dos mujeres de la zona, Francisca Cadenas y Rosalía Cáceres. Por eso, la OCU llegó a pensar que la persona podría haber hecho desaparecer a a las tres. A la larga, descartaron esa hipótesis.