En la casa de Carmen, un sexto piso sin ascensor, 75 metros, tres habitaciones, el calor se mide por el número de ventanas que tiene abiertas. Este lunes, a las dos y media de la tarde, la mujer -sin trabajo, sin estudios, con una sonrisa dulce en el rostro y con su marido recogiendo la chatarra que encuentra por la calle- las tiene todas abiertas de par en par para sofocar la terrible ola de calor que azota Sevilla estos días. 

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Si Carmen, de 42 años, quiere que sus tres hijos se coman las lentejas que ella ha guisado sin que suden la gota gorda, tiene que aprovechar cualquier soplo de viento que corra. “Así es vivir en las Tres Mil Viviendas: lentejas, que son baratas, y aire de la calle, porque aquí no llega para el aparato del aire acondicionado, que además es un gasto grandísimo en electricidad”, dice.

Carmen es paya. Está casada con Manuel, gitano. Ninguno tiene empleo. Viven de las ayudas sociales, aunque Carmen limpia patios y casas cuando la llaman. El matrimonio y sus tres hijos viven en una de las zonas más desfavorecidas del Polígono Sur, el distrito sevillano que, año tras año, ocupa la primera posición entre las barriadas con menor renta per cápita del país. 

Según el último estudio sobre pobreza en España publicado el pasado mayo por el Instituto Nacional de Estadística (INE), cada vecino del Polígono Sur tuvo una renta de 5.112 euros en 2017. Al mes, 426 euros. 

El próximo lunes 29 de junio, los Reyes de España, Felipe VI y doña Letizia, visitarán el Polígono Sur dentro de su viaje que los llevará por todas las regiones del país para saber cómo se ha actuado en ellas durante la pandemia. Precisamente, mañana arranca en Canarias ese tour monárquico por la España posCovid-19. 

El Polígono Sur cuenta con alrededor de 40.000 habitantes concentrados en 144 hectáreas. Se trata de un pueblo de gran tamaño dentro de una ciudad. El barrio nació en los años 60 como un gran parque público de viviendas donde se fue realojando población por distintos motivos: la especulación urbanística que expulsó a los gitanos de la cava de Triana, desastres naturales como la riada del Tamarguillo y, finalmente, para acoger a personas que venían de infraviviendas o asentamientos chabolistas. Ahora, más de la mitad de sus vecinos ni siquiera están censados. 

El distrito está formado por seis barrios. Las Tres Mil Viviendas y Las Vegas son los más desfavorecidos. En las Tres Mil, como se le conoce en la capital andaluza, en torno al 80% de la gente no tiene trabajo y una de cada cuatro no sabe leer ni escribir. 

En Las Vegas, controlada por clanes de narcotraficantes, la situación no es mucho mejor: un 12% de niños no está escolarizado. Durante el primer mes y medio de confinamiento se registraron allí hasta cuatro tiroteos.

Mural en el barrio de Las Vegas. Fernando Ruso

18.000 personas beneficiadas

Los Reyes no tienen previsto visitar ninguna de estas dos zonas. Al menos no las más conflictivas dentro de ellas. El director del Comisionado para el Polígono Sur de la Junta de Andalucía, Jaime Bretón, dijo este lunes en Canal Sur Radio que los monarcas conocerán de primera mano, entre otros aspectos, cómo se ha ayudado a 5.000 familias durante la pandemia a través del reparto de comida. 

Bretón dijo que esa medida benefició a 18.000 personas y explicó que fueron los propios Reyes quienes mostraron “especial interés” en conocer qué han hecho en el Polígono Sur las administraciones durante el confinamiento y las entidades privadas durante el resto del año. 

La visita de don Felipe y doña Letizia se centrará en el Centro Social y de Promoción que gestiona la Fundación Don Bosco en el Polígono Sur, donde se imparte formación para obtener una salida laboral.

Pero los Reyes no pasarán por delante de la ventana del balcón de Carmen, que se muestra perpleja cuando el reportero le pregunta su opinión acerca del viaje de novios de los monarcas. Según el diario británico The Telegraph, Josep Cusí, empresario y amigo de regatas de Juan Carlos I, pagó más de la mitad de la luna de miel de Felipe VI y Letizia. El viaje costó 467.500 dólares -415.000 euros- y llevó a la pareja, en 2004, por Camboya, las islas Fiji, Samoa, California y México. 

“Ni me había enterado”, dice la mujer. “¡Qué barbaridad! Con eso vivimos mi marido, mis hijos y yo dos vidas. Esta y otra más. Se les tenía que caer la cara de vergüenza sabiendo que aquí hay criaturas que tienen que robar para comer. Porque sí, aquí se roba y se trapichea con drogas porque hay hambre”.

Cuando a Carmen se le pasa el enfado, cuenta, ya entre risas, que la noche de bodas la pasó en un hotel de tres estrellas en Dos Hermanas, una ciudad de la periferia de Sevilla, y que su viaje de novios fue en una provincia vecina, Huelva, donde pasaron tres días en Matalascañas. "Nos regaló el viaje uno de mis hermanos, que tiene una pequeña carpintería que le va bastante bien".

Sandra también vive en las Tres Mil. “Nací aquí”, concreta. Tiene 37 años y dos hijos. El último nació el pasado 6 de junio. Se le adelantó el parto y el bebé vino al mundo con siete meses y medio. Un día antes, la mujer estuvo visitando a su marido en la cárcel de Puerto III, en El Puerto de Santa María (Cádiz).

El padre del crío, Eduardo, lleva allí desde el 19 de junio de 2019, cuando empezó a cumplir una sentencia por un robo con fuerza cometido en 2012, cuando la pareja ni siquiera se conocía.

“Los Reyes no van a ver la realidad del Polígono Sur. Se quedarán con alguna imagen, pero la realidad es muy dura. Aquí hay gente buena y gente mala. Pero cada uno es dueño de su destino. Tengo cinco hermanos y ninguno hemos salido delincuentes. Tengo a un pescadero, a un militar… Que no somos gente rica, vale, pero sí honesta”.

Tras el nacimiento de su hijo, a Eduardo se le permitió visitar en el hospital a la madre y al bebé, que está en una incubadora. “Si los Reyes quieren saber qué pasa de verdad en estas calles, que se den un paseo y pregunten y hablen con los vecinos. Sólo así sabrán los que son las Tres Mil”.

Cuando se casaron, Sandra y Eduardo no pudieron irse de luna de miel. Contrajeron matrimonio el 20 de febrero de este año en la prisión de Puerto II. A él ni siquiera le concedieron un permiso para ausentarse esa noche de la cárcel.