En Italia y en Reino Unido; en Alemania y en España; en Tailandia y en Japón. En realidad, en todo el planeta. Por primera vez, todos los países trabajan –lejos de las guerras intestinas entre partidos políticos– con un mismo objetivo: conseguir una vacuna segura y eficaz contra el coronavirus lo antes posible. Pero cada uno, obviamente, lo hace con sus ‘armas’. Por eso, China y Estados Unidos han tomado la delantera y lucharán, en principio, cada uno a su manera, por ser los primeros en dar con la ‘pócima secreta’. Eso sí, con una posible fecha fijada ya por la farmacéutica estadounidense Moderna: finales de año o principios de 2021.

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El madrileño Juan Andrés, director de Operaciones Técnicas y Calidad de Moderna, ha sido el encargado de anunciar el hallazgo, esta misma semana, en radios, televisiones y periódicos. “Si todo saliera bien, esperamos tenerla para finales de año en Estados Unidos”, ha reconocido. Es decir, a principios de 2021 se podría comercializar en otros muchos países. ¿Muy pronto? Quién sabe. Lo cierto es que el laboratorio biotecnológico estadounidense ya ha probado la vacuna en seres humanos con resultados satisfactorios y, sobre todo, esperanzadores. Y lo ha hecho, además, con un español al frente.

Juan Andrés (Madrid, 1964), desde Massachusetts (Boston, Estados Unidos), trabaja día y noche, 18 horas al día, sólo parando para dormir –reconoce–, para dar con la vacuna. Siente, desde su posición, que su misión consiste, cada jornada laboral, en intentar salvar al mundo. Y, en gran medida, así es. Moderna, en una carrera de fondo contra farmacéuticas y países, está cada vez más cerca de completar todo el proceso para dar con una vacuna contra el coronavirus.

Juan Andrés, en Moderna, ha dado con la posible vacuna del coronavirus.

La empresa, en colaboración con el Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID) –uno de los institutos nacionales de salud (NIH) de Estados Unidos– ha probado la vacuna en fase 1 con 45 personas y ha obtenido resultados muy satisfactorios –según han reconocido desde la propia empresa. Los investigadores han concluido que, en todos los individuos, la vacuna –administrada en tres dosis– ha generado anticuerpos y que, además, esos anticuerpos han sido neutralizantes en ocho de los voluntarios seleccionados. Es decir, que estos últimos han sido capaces de eliminar el virus.

La muestra, no obstante, según científicos y farmacéuticos, es todavía mínima. Por eso, en Moderna tienen aprobada ya la fase 2, que consiste en probar la vacuna en otros 600 pacientes, y esperan poder avanzar a fase 3 después del verano –lo que supondría administrar la vacuna a miles de personas para comprobar su fiabilidad, seguridad y eficacia.

EL ESPAÑOL se puso en contacto con él a través de correo electrónico para solicitarle una entrevista. La rechazó porque, según dijo, tiene enfocados todos sus esfuerzos en confirmar la solvencia de la vacuna. "Ahora hay que enfocarse. Lo que mucha gente está intentando, no sólo nosotros, es sacar una vacuna tan pronto como se pueda de forma segura y eficaz. Es difícil, muy difícil, pero este partido hay que salir a ganarlo". 

El pasado 19 de mayo, un día después de anunciar los ensayos clínicos, las acciones de Moderna se revalorizaron casi un 20% en sólo unas horas. Hubo un pico de un 30 de revalorización. Cada acción llegó a costar 87 dólares. Para financiar la posible fabricación de la vacuna y su posterior comercialización, el laboratorio hizo una oferta pública de acciones por valor de 1.250 millones de dólares. 

De Madrid a Massachusetts

Juan Andrés, a sus 55 años, está ante la gran oportunidad de su vida. Criado entre Barrio del Pilar y Manoteras, se ha pasado el confinamiento –bastante más liviano en Estados Unidos– pendiente de sus padres, octogenarios, y de sus cuatro hermanos. Pero también trabajando día y noche para intentar dar con la vacuna que salve, literalmente, al mundo. Capacidad, desde luego, no le falta: su curriculum es, desde cualquier punto de vista, envidiable.

Sus estudios los cursó en la Universidad de Alcalá de Henares entre 1982 y 1987 y, desde entonces –y con un paso por la London Business School mediante– ha pasado por algunas de las farmacéuticas con mayor potencial a nivel internacional. Primero, recaló en Lilly, multinacional con más de 40.000 empleados repartidos en 143 países. Allí, hizo carrera pasando por diferentes divisiones (Madrid, Londres o Estados Unidos) hasta 2005. En total, 18 años en los que estuvo presente la fabricación, producción y calidad de los productos.

Moderna, empresa que podría tener la vacuna del coronavirus a final de año.

Después, se trasladó a Suiza para ser, entre otras cosas, jefe global de operaciones técnicas de los 25.000 empleados que tiene la empresa farmacéutica y biotecnológica Novartis en todas sus divisiones. Allí, estuvo hasta 2017, cuando fichó por Moderna; pero sin que se sepa, realmente, mucho más de él. Discreto, comprometido y trabajador, su rastro en España se perdió en 2000, cuando pidió el traslado de su colegiación en el Colegio de Farmacéuticos. Nadie, absolutamente nadie, dentro del sector, lo conoce salvo de oídas.

Al fin y al cabo, lleva casi tres décadas –como detalla en su currículum– dando vueltas por el mundo: Estados Unidos, España, Gran Bretaña, Suiza… Con responsabilidad ejecutiva los últimos 15 años, manejando “con resultados excepcionales organizaciones mundiales y presupuestos millonarios”, escribe el científico en su descripción en LinkedIN, su única red social. Ni Facebook, ni Twitter, ni Instagram… Nada que no sea profesional.

Coronavirus, en enero

Juan Andrés empezó a trabajar en la vacuna contra el coronavirus el 13 de enero, cuando apenas había llegado la pandemia –salvo en casos concretos– a Europa o Estados Unidos. El 7 de febrero, ya tenían la primera candidata a vacuna en el laboratorio y el 16 de marzo comenzaron con los ensayos clínicos. Esta semana, él ha hecho públicos esos resultados satisfactorios en los primeros 45 voluntarios sometidos a pruebas. Eso sí, sin querer apropiarse de nada. Sabe que ellos han sido los primeros, pero no quiere que sean los únicos: el coronavirus va a necesitar, probablemente, más de una vacuna para abastecer al mundo.

De hecho, en este momento, en el mundo, hay ocho vacunas en fase 1. De estas, probablemente, sólo dos o tres superen la fase tres y puedan comercializarse. Después, llegará el hándicap de producir la ‘pócima secreta’ para los 7.600 millones de habitantes que hay en el planeta. Sin que se sepa, a día de hoy, cuántas dosis se van a tener que administrar o quiénes serán los grupos de edad o profesiones elegidas para tomarla una vez sea comercializada.

Con esos interrogantes, Juan Andrés colige, como director de Operaciones Técnicas y de Calidad, una empresa muy joven, fundada en 2010 y con acciones en el Nasdaq desde el pasado diciembre de 2018; que da empleo a cerca de 800 personas y que tiene a 100 trabajando en la lucha médica contra el coronavirus. Desde el inicio del año las acciones de Moderna se han disparado un 253%. Principalmente, durante el último mes, cuando se ha ido conociendo la posibilidad de que sean los primeros en ‘salvar’ el mundo con su vacuna.

China, al acecho

Sin embargo, Moderna no es la única compañía que está detrás de dar con la vacuna. La publicación The Lancet ha hecho público un estudio realizado por el Instituto de Biotecnología de Pekín (China) en el que se ha puesto a prueba otro ensayo clínico en la fase 1 tras probar la vacuna en 108 adultos sanos. En este caso, la ‘pócima’ también produce anticuerpos neutralizantes y da respuesta a las células T contra el virus.

La vacuna de la compañía china CanSino CanSino

“Estos resultados suponen un hito importante. El ensayo demuestra que una dosis única de la nueva vacuna para la Covid-19 que utiliza un vector adenovirus 5 (Ad5-nCoV) produce anticuerpos específicos para el virus y células T en 14 días, lo que la convierte en una potencial candidata para una investigación más a fondo”, ha reconocido el profesor Wei Chen, responsable del estudio.

No obstante, este otro anuncio llega revestido de cautela. La vacuna tendrá que probarse durante los próximos seis meses para confirmar que protege de forma segura y eficaz contra la infección del coronavirus. Como lo hará, también, la de Moderna. Las dos, en una carrera sin tregua para ser la primera que salve vidas y devuelva al mundo la normalidad –que no “nueva normalidad”– con la que transigía hasta hace un par de meses.