“Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos”. La frase se recoge en el Evangelio de San Mateo. Se le atribuye a Jesucristo al dirigirse a sus discípulos. La interpretación que se le ha dado con el paso del tiempo es que la gente más pudiente basa su felicidad y su existencia en torno al dinero, dejando de lado valores como la solidaridad o el bien común. 

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Bajo esta premisa evangélica, ¿entrarían en el reino de los cielos, por ejemplo, el hijo de un humilde porquero como es Juan Roig, máximo accionista de Mercadona y que acaba de renunciar a 70 millones de euros de su sueldo para reinvertirlos en la sociedad española? ¿Lo haría acaso Amancio Ortega, que el año pasado donó 310 millones a la sanidad pública tras crear un imperio de la moda surgido desde un pequeño taller textil en Galicia hace ya casi 60 años?  

21 siglos después de la escritura de los Evangelios, en los países de tradición católica todavía se sigue mirando al rico con cierto recelo, a diferencia de los luteranos, que suelen ensalzar el trabajo y el esfuerzo personal. 

"Las 50 personas más ricas del mundo podrían salvar millones de vidas cada año”, dijo el papa Francisco en febrero de este año. En sus palabras dejaba entrever una supuesta falta de implicación de estas personas en la erradicación de problemas planetarios como la hambruna.

El Papa Francisco, en el centro de la imagen, durante su participación en el encuentro 'Nuevas formas de fraternidad solidaria, inclusión, integración e innovación'. EFE

El Papa pronunciaba esas palabras mientras en las cajas del Vaticano se guardan 10.000 millones de euros entre oro, valores y divisas, según la última relación que hizo en 2016 la comisión para la reforma de las finanzas vaticanas (COSEA). El diminuto Estado en el que vive el Pontífice tiene una extensión de 0,44 kilómetros cuadrados y posee el 20% de los inmuebles de toda Italia, valorados en un billón de euros, de acuerdo a los datos de Gruppo Re, asesor inmobiliario del Vaticano. 

El debate en torno al concepto de ‘persona rica’ se ha vuelto a plantear esta semana en España. Unidas Podemos, socio del PSOE en el Gobierno de coalición, adelantó que el Ejecutivo pretende crear un nuevo impuesto a las fortunas que superen el millón de euros. Bajo el punto de vista de la formación morada, pagan pocos impuestos en relación a sus ganancias. 

La medida afectaría a los patrimonios superiores a esa cifra y de manera progresiva: el que tenga un millón pagaría anualmente un 2% (20.000 euros); el 2,5% a partir de los 10 millones; el 3% a partir de los 50 millones, y el 3,5% por encima de los 100 millones. "Tenemos que recuperar lo común”, explicaban desde la formación que lidera Pablo Iglesias.

El vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, en su comparecencia en la Comisión de Derechos Sociales del Senado, este jueves. EFE

Pero la ministra de Hacienda y portavoz del Gobierno, la socialista María Jesús Montero, en cierto modo enmendó la plana a Podemos. Puntualizó que la "clara vocación" del Ejecutivo es desarrollar durante esta legislatura una fiscalidad "justa y progresiva" por la que "los que más tienen, más aporten", que pasará por una revisión de las figuras tributarias existentes. Sin embargo, dijo que no veía ninguna necesidad de crear una nueva figura impositiva "expresa". La contienda fiscal entre las dos almas del Gobierno de coalición está servida.

Fernando Herrera, ingeniero de Telecomunicación y licenciado en Ciencias Empresariales y Económicas, además de colaborador del Instituto Juan de Mariana, un think tank de orientación liberal, explica que “el odio a los ricos (...) suele ser el sentimiento más explotado por los populistas para hacerse con el poder, y con la disculpa de distribuir esa riqueza robada al resto de la comunidad, hacerse ellos ricos a su vez y llevar al pueblo a la ruina completa. El punto de partida de tal odio está en la concepción de que los ricos consiguen su riqueza quitándosela al resto de sus congéneres, y que por eso hay ricos y pobres”. 

Con la vista en los “1.000 patrimonios más altos”

En Podemos apuntan que ese nuevo impuesto que la formación morada quiere vincular con “la tarea de reconstrucción” del país una vez se dé por controlada la pandemia reportaría 11.000 millones de euros al Estado (un 1% del PIB). 

También sostienen que "la mayor parte del impuesto” recaería “sobre los 1.000 patrimonios más altos". Y ahí radica la clave: quieren que empresarios como Amancio Ortega (Inditex), Juan Roig (Mercadona), Rafael del Pino (Ferrovial) o Sol Daurella y familia (Coca Cola Europa) paguen más de lo que ya lo hacen.

"Están deseando ejercer su solidaridad", afirmó con ironía mordaz Pablo Iglesias este jueves sin citar a ninguno de ellos. Sin embargo, todos debieron de darse por aludidos.

Para entender esta ansiada medida fiscal que promueve Podemos sólo hay que buscar en la hemeroteca. Noviembre de 2019. Estudios de grabación del programa de Antena 3 El Hormiguero. Pablo Motos le pregunta a Iglesias si sigue molesto con la donación de 310 millones de euros que había realizado meses antes la Fundación Amancio Ortega a la sanidad pública española. 

"España no depende de que un señorito venga dando cosas", aseguró el líder de Podemos, reacio a este tipo de gestos filantrópicos. Hubo quien recibió con alegría aquel dinero. La Sociedad Española de Oncología Radioterápica dijo que 100.000 personas enfermas de cáncer se estaban beneficiando directamente con los nuevos equipos adquiridos gracias a la donación del empresario gallego. 

Amancio Ortega. EFE

En aquella intervención televisiva el hoy vicepresidente segundo del Gobierno añadió: "El año pasado [por 2018] Ortega facturó 1.600 millones de euros en dividendos y sólo pagó un 5% de impuestos. 80 millones, cuando cualquier ciudadano hubiera pagado unos 320-340 por esa cantidad (...) Es como si vas a cenar y decides que no vas a pagar la factura, pero que vas a dar diez euros en propina para tener contento al camarero".

"Me levanto a las 5.45 cada día"

Pero es el campo de la teoría económica y política. La calle, la realidad diaria, pasa por ser otra cosa en un país caracterizado por la falta de grandes empresas multinacionales pero lleno de pymes, 2,8 millones de pequeñas y medianas empresas.

Miguel Relaño es un empresario valenciano de 35 años. Con 19 dejó los estudios de periodismo y convenció a su padre para que abandonara su pequeño taller de lacado de muebles en Albalat del Sorells. Miguel quería “hacer algo grande”. 

Padre e hijo compraron una nave muy cerca de allí, en un polígono industrial de Moncada. Adquirieron costosa maquinaria y contrataron a una decena de empleados. Hipotecaron su casa y se embarcaron en un préstamo de más de un millón de euros. 

Hoy, Miguel considera que la vida le va bien gracias a su esfuerzo diario y su capacidad de emprender de la mano de su padre. Reside en un chalet en San Antonio de Benagéber, una de las zonas más exclusivas de la periferia de Valencia.

Conduce coches de alta gama, se permite frecuentar restaurantes caros y ha matriculado a su hijo en un colegio privado. Es lo que le gusta e invierte parte de su dinero en ello. “Me levanto cada día a las 5.45 de la mañana para recoger a mi padre en una furgoneta. Si por eso me quieren llamar rico, que me llamen”.

Javier Jiménez, asesor fiscal sevillano, explica que numerosos clientes preocupados se han puesto en contacto con él en los últimos días preguntando por cómo puede afectarles ese futuro nuevo impuesto.

"Hay mucha más gente de la que creemos que tiene un millón de euros en inmuebles o en sus empresas, pero que no van a poder pagar esos 20.000 euros porque no disponen de la liquidez necesaria y porque no serán los únicos impuestos que tendrán que abonarle al Estado". 

Inditex: no a los ERTE

Pontegadea Inversiones, el holding empresarial a través del cual Amancio Ortega gestiona sus inversiones, pagó en 2018 -el mismo año al que se refería Pablo Iglesias- 1.100 millones de euros por el impuesto de sociedades a nivel mundial. Es una cifra que equivale al 25% del beneficio bruto de la compañía. 

Sin embargo, con sus palabras en televisión Iglesias consiguió su objetivo: pintar claroscuros en la figura del magnate gallego de la moda, que creó su actual imperio tras abrir un pequeño taller de costura para tejer batas en La Coruña, en 1962. 

Hoy, la fortuna de Amancio Ortega alcanza los 55.100 millones de dólares (59.628 millones de euros). Se trata del sexto hombre más rico del planeta, según la última ‘lista Forbes’, publicada el pasado abril.

Sólo las tiendas que Inditex tiene en España generan 47.930 empleos, el 27% del total de puestos de trabajo que crea en Europa, según el último informe financiero hecho público por la empresa. Entre 2013 y 2018, el grupo creó 53.000 empleos nuevos a nivel mundial y alcanzó una plantilla de 171.000 personas.

Ahora, en plena pandemia y con todas sus tiendas cerradas en España, Inditex sigue sin presentar un Expediente de Regulación Temporal de Empleo (ERTE). Por segundo mes consecutivo seguirá sufragando con recursos propios la retribución de toda su plantilla en España.

Además, Inditex está jugando un papel decisivo -pero silencioso- en la lucha contra la pandemia. El Gobierno de coalición ha recurrido a la compañía de Amancio Ortega para traer a España gigantescos cargamentos de mascarillas, guantes, gafas, monos de protección, respiradores y test desde Asia. 

Amancio Ortega puso a disposición del Ejecutivo toda su logística desde el primer minuto. Sin pedir nada a cambio. Así lo reflejan los contratos de suministros que vienen reflejados en el Boletín Oficial del Estado (BOE) y en el portal de licitación de contratos públicos. Otras compañías, como Globalia y DSV, han recibido millones de euros por efectuar ese mismo transporte. 

Juan Roig renuncia a 70 millones 

El 18 de febrero de 2020, Ramón Górriz, presidente de la Fundación 1 de Mayo, y Vicente López, director del Instituto Sindical Trabajo, Ambiente y Salud, publicaron a cuatro manos una tribuna en la revista digital Ctxt. La titularon Por qué tienen que pagar más impuestos los ricos. 

El presidente de Mercadona, Juan Roig, con su esposa y vicepresidenta de la empresa, Hortensia Herrero. EFE

“No cabe duda: las políticas neoliberales aplicadas en España en las últimas décadas por gobiernos del PP y del PSOE han servido para concentrar la riqueza en las élites económicas y financieras, deteriorando las rentas del trabajo y beneficiando a las rentas del capital (...) Lo importante para la clase ociosa es que no le ‘quiten’ su dinero, su riqueza, y aún menos si es para dárselo a las clases asalariadas”.

Un mes después de aquella tribuna de Górriz y López, España ya estaba inmersa en una pandemia que continúa en la actualidad. Los 47 millones de españoles nos confinamos en nuestras casas. La economía se congeló. Los ERTEs se dispararon. La incertidumbre se coló en los hogares de la gran mayoría de los ciudadanos.

Horas antes de declararse el estado de alarma en el país -14 de marzo- Mercadona envió un mensaje a sus 90.000 trabajadores. Ese mes, cada uno de ellos recibiría un 20% más de dinero en su nómina. La empresa agradecía así “el esfuerzo” de sus empleados. ¿Propaganda encubierta? ¿Gesto honroso del patrón hacia su plantilla? Que juzgue el lector.

Dos meses después -esta misma semana- se supo que Juan Roig, principal accionista de Mercadona, y su mujer, Hortensia Herrero, van a renunciar a 76 millones de euros de sueldo y dividendos de la compañía para ayudar a la reactivación de las economías valenciana y española.

70 de ellos proceden directamente de Juan Roig, mientras que los seis restantes son de su pareja, también accionista. Habrá quien diga que es poco para una empresario que en 2019, según la revista Forbes, acumulaba un capital de 2.700 millones de euros (se trata de la quinta fortuna de España). 

A los seguidores de Friedrich Engels y Karl Marx, autores del Manifiesto Comunista (1848), quizás les vino a la cabeza esta frase cuando conocieron la renuncia de Roig y su mujer: “Toda la historia de la humanidad ha sido una historia de lucha de clases, de lucha entre explotadores y explotados, entre clases dominantes y clases oprimidas”.

¿Fobia al rico, envidia o equidad social?

Pero de este debate impositivo subyace una pregunta: ¿existe en España fobia al rico, se trata de cierta envidia por parte de la sociedad hacia las clases más pudientes como sostienen algunos autores, o simplemente se trata de equidad social cuando se les suben los impuestos? 

En la encuesta publicada en diciembre de 2019 por el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) se decía que el 83% de los contribuyentes españoles cree que los impuestos no se cobran con justicia. Que no pagan más los que más tienen. 

Sin embargo, cuando la pregunta era si el encuestado pensaba que paga demasiados impuestos, un 52,9% respondió que sí. Es decir: algo más de la mitad de los españoles quieren que sean otros los paguen más y que a ellos se les reduzca la carga impositiva. 

Si entre los Estados anglosajones esa visión acaparadora de los ricos que exponía el Papa es, por lo general, bien distinta, y en ellos se suele ensalzar la figura del empresario de éxito, en el imaginario colectivo de países como Italia o España se les sigue dibujando como seres grises y explotadores.

Da igual que sea un pequeño empresario con 25 trabajadores al que el negocio le vaya bien, o que se trate de magnates de origen humilde criados entre las rías gallegas o los campos de arroz valencianos.

La clave es cuánto de real hay en esa premisa que tiene derivadas mucho más mundanas, como asimilar la educación y la sanidad privadas a lo sencillo y lo escaso, y lo público a lo honroso. O viceversa: hay quien denigra lo público por ineficiente y ensalza lo privado por eficaz.

A grandes rasgos, los políticos de derechas suelen mantener posturas más cercanas al liberalismo económico y al ensalzamiento del colectivo empresarial. Los de izquierdas, desde los socialdemócratas a los comunistas, acostumbran a ser más críticos con ellos. Cuanto más radical sea el representante político dentro del espectro ideológico, más próximo o distante estará a la figura del empresario.

Jesús Andreu, exdirector de la Fundación Carolina. EE

“El pensamiento del español es que un rico es cualquiera que tiene más dinero que él mismo”, explica Jesús Andreu, exdirector de la Fundación Carolina, entidad que fomenta la cooperación en materia educativa y científica entre España y los países de la Comunidad Iberoamericana de Naciones, y cuyo único criterio para la concesión de becas es el currículo formativo, no la capacidad económica del solicitante ni su origen social.

La herencia franquista

El historiador catalán Jaume Vicens Vives (Gerona, 1910- Lyon, 1960), sostenía que uno de los grandes problemas de España era su actitud por momentos reacia a una democracia plena y al liberalismo económico. La mala imagen que los empresarios han tenido a vista de los españoles en las últimas décadas encuentra algunas causas en su pasado más reciente. 

Durante el Franquismo, con un Estado protector y autárquico, y con algunos sectores productivos nacionalizados, los empresarios pasaron a llamarse “productores”. Tanto ellos como los empleados debían afiliarse a la Organización Sindical Española (OSE), comúnmente conocida como Sindicato Vertical, que estaba bajo mando de la Falange Española y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista, las JONS.

Con Franco en el poder, la riqueza del empresario sólo podía venir de la mano 'caliente' de las concesiones del Régimen, casi nunca por su propia capacidad y riesgo. A su vez, ese sometimiento del colectivo empresarial era una fórmula para calmar tentaciones de protesta de los trabajadores.

José Luis Arrese, ministro-secretario general del Movimiento, dijo sobre el liberalismo económico: “La fórmula que inventa el capitalismo es bien sencilla: tú pones un trabajo, yo te doy un jornal y en paz. Con esta terrible fórmula, que no es otra que la compraventa del trabajo, el capitalismo intenta justificar su afirmación de que el capital es el único que produce y que el obrero no es más que un elemento secundario de la producción”. 

Ese poso anticapitalista y reacio a la figura del empresario moderno con iniciativa emprendedora que se veía en países como EEUU o Reino Unido llegó hasta la Transición. Los españoles volvieron a la democracia con un mal recuerdo de la iniciativa privada. Luego, durante los años 90 y principios de este siglo, no ayudaron nada a cambiarla personajes como Mario Conde, Ruiz-Mateos, Jesús Gil o los Albertos, los primos Alberto Cortina y Alberto Alcocer, dos íntimos amigos de Juan Carlos I. 

El padre del actual rey de España cobró una comisión de 50 millones de euros por la venta del Banco Zaragozano al Barclays Bank de Londres, en 2003, cuando los Albertos era sus dueños. Éstos fueron condenados años después por un delito de estafa y falsedad documental en el ‘caso Urbanor’. En 2008, gracias a que el Tribunal Constitucional (TC) consideró que los delitos habían prescrito, se libraron de pasar tres años y cuatro meses de prisión, una sentencia que el Supremo había confirmado.

“La riqueza es muy llamativa, más que la inteligencia” 

Esta semana se ha criticado a los vecinos del barrio de Salamanca, en Madrid, por salir a la calle en contra de la gestión sanitaria que está realizando el Gobierno por la crisis del coronavirus. Las redes sociales se centraron más en dónde se estaba produciendo la protesta -uno de los barrios con mayor renta per cápita de la capital de España- que en el verdadero hecho reprobable, que era saltarse las medidas de distanciamiento social, como quedó patente en las imágenes que se difundieron en los medios de comunicación.

Pijos o ricos aburridos fueron algunos de los adjetivos que se usaron para referirse a los manifestantes. El foco no se puso tanto en el hecho en sí sino en quiénes lo protagonizaban.

El portavoz de Unidas Podemos en el Congreso -y residente en el citado barrio-, Pablo Echenique, dijo que los manifestantes eran "cayetanos" de "la clase alta", acusó al alcalde de Madrid de gobernar “para los ricos” y añadió: “En un barrio obrero, toda esa gente estaría identificada y multada”.

Gabriel Rufián, portavoz de ERC en el hemiciclo, señaló en la red social Twitter que los protagonistas de la protesta eran “100 pijos” que salían a la calle por no poder jugar al golf. De nuevo la clase social o el nivel adquisitivo como razón para el reproche público, no las actuaciones en sí de un grupo de personas.

Manifestantes contra el Gobierno en el barrio de Salamanca, en el centro de Madrid, este miércoles. EFE

“La riqueza es muy llamativa, mucho más que la inteligencia, casi siempre silenciosa. Esa crítica per se al rico en España tiene más que ver con un prejuicio hacia las élites que con otra cosa”, afirma Jesús Andreu, quien se incluye entre la clase media dado que es funcionario del Estado.

El exdirector de la Fundación Carolina añade: “Las religiones tienen gran parte de culpa en todo esto. El catolicismo guarda un cierto culto a la pobreza y relaciona lo honroso y lo valioso con lo austero. En ese sentido, coincide con una parte de la izquierda española”.