“Unos refrescos por aquí; una pizza por allá; algo de pasta, que siempre viene bien; la bolsa de patatas, por si aparece alguien por casa; los bollos, para desayunar...”. Llegamos al súper, en este caso a Alcampo, la cadena más barata de España, para hacer una compra 'normal'. O lo que, al menos, podemos considerar normal en la casa del que escribe estas líneas: sobrepaso la treintena, vivo en pareja, tengo (tenemos) escaso tiempo para cocinar y, obviamente, no aspiro (aspiramos) a ganar una estrella Michelín. Pero, por primera vez, hemos cambiado el método. Basta de echar cosas al tuntún. Vamos a utilizar Yuka, la aplicación que escanea los alimentos con solo 'echar' una foto al código de barras valorándolos de 0 a 100 en función de si son saludables (o no). Y lo vamos a hacer llenando dos cestas: la primera, con productos que sobrepasen 90 de puntuación (excelentes); y la segunda, con aquellos que no lleguen a 10 (malos).

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Pero antes de empezar el recorrido por el supermercado, permítanme que les haga un spoiler: nos costó menos la cesta saludable (28,3€) que la ‘perjudicial’ (38,77€) pese a lo que se pueda pensar de primeras. ¿Increíble? No tanto. Es posible, créanme. Pero para entenderlo hay que explicarlo todo detalladamente…

Nuestra primera decisión, obviamente, era elegir la aplicación. Nos habían hablado de tres: ElCoco, MuyRealFood y Yuka. La primera la descartamos por confusa (tiene dos sistemas de valorar que no siempre coinciden). Y la segunda, obra de Carlos Ríos, el nutricionista influencer de la #realfood, porque divide los productos sólo en tres grupos (comida real, buenos procesados y ultraprocesados). Nos quedamos, por tanto, con la tercera, que puntúa de 0 a 100 bajo cuatro calificaciones (malo, mediocre, bueno y excelente). Pasado el mes de noviembre, la App presume de haber superado las cinco millones de descargas y de tener una base de datos con más de 600.000 alimentos y más de 200.000 cosméticos.

Cesta 'excelente' (28,3€) Marca Precio Cesta 'mala' (38,77€) Marca Precio
Café soluble clásico Marcilla 2,75€ Chorizo Ibérico Navidul 0,95€

Copos de avena suaves

Kolln 1,69€ Aceituna verde rellena de anchoa La Española 1,04€
Lechuga Iceberg  Auchan 2,49€ Polvorones La Estepeña 4,99€
Agua Mineral (6 ud.) Mondariz 2,79€

La Gula del Norte

La Gula 8,19€
Plumas Gallo 0,84€

Cordon Bleu congelado

La Cocinera 3,95€

Lentejas extra

Auchan 1,94€

Galletas de Chocolate

Lu 1,60€

Maíz dulce de latas (3 ud.)

Bonduelle 1,07€ Donuts  Panrico 1,99€

Esparragos

La Carretilla 1,94€

Tarta de chocolate con galleta

Montero 1,59€

Guisantes extrafinos con zanahora

Helios 1,39€

Jamón serrano de reserva

Auchan 1,79€
Tomate natural triturado  Orlando 0,94€ Lomo de pavo Serrano 2,85€

Arroz redondo

La Cigala 0,80€ Risketos original Risi 0,80€
Fideuá Gallo 0,85€

Turrón de fruta

El Almendro 3,99€
Macarrones Bio agricultura ecológica Gallo 1,09€

Caña rellena de crema

Dulcesol 2,35€

Mini Hamburguesas vegetales de cebada

Gerblé 3,98€

Empanadillas de carne congeladas

La Cocinera 2,69€
Pan de Molde ecológico Oroweat 3,74€ Pepsi (12 ud.) Pepsi 4,91€

Una vez elegida la App, la descargamos gratuitamente, nos registramos con nuestra cuenta de correo electrónico –aunque también se puede hacer vía Facebook–, le damos permiso para que acceda a la cámara de nuestro móvil y nos ponemos manos a la obra. Usar Yuka es sencillo: la aplicación escanea el código de barras del alimento y, automáticamente, ofrece la valoración. ¿Cómo? Basándose en tres criterios: la calidad nutricional del producto según Nutri-Score (60% de la puntuación final), la presencia de aditivos (30%) y su carácter ecológico (10%). Después, puntúa y se acabó. Así de fácil.

Ni tostadas ni cereales de sabores para desayunar

En el súper, de forma habitual, pasamos 20 o 30 minutos, no mucho más –de lo contrario, con nuestros horarios laborales, nos veríamos obligados a pedirlo todo por Internet–. Esta vez, sin embargo, nos va a llevar algo de más tiempo (cerca de dos horas y media). El primer problema nos lo encontramos al intentar comprar algo sano para el desayuno. Las galletas, las Dorada, las de toda la vida, las califican como mediocres; el pan de molde y la mermelada se encuentra fuera de nuestros criterios (recordemos: alimentos de menos de 10 o 90 o más); y los zumos y los batidos tampoco nos valen. Sólo nos sirven los copos de avena suaves de una marca muy concreta (Kolln) y el café soluble clásico de Marcilla. Nada más –al menos, que nosotros analizáramos.

Al contrario, sin embargo, es muy fácil. Los bollos industriales y las galletas de chocolate dan valores mínimos. Por supuesto, los Donuts y las pastas los podemos echar en el carro ‘malo’. En definitiva, casi todo lo que, en condiciones normales, nos parece insano. No hace falta que una aplicación nos diga que es 'perjudicial'. Ya lo sabemos. Pero, claro, con nuestros criterios (-10 y +90), nos dejamos fuera nuestro desayuno habitual: tostadas con mermelada.

Los problemas continúan en el siguiente pasillo: no podemos echar leche (está bien calificada, incluso como excelente, pero ni siquiera la ecológica supera los 90 puntos), y tampoco podemos coger yogures o infusiones. ‘Malas’, en cambio, sí hay opciones: optamos por una tarta de chocolate con galletas (2 puntos), por turrón de frutas (5) y polvorones (2). Ya tenemos, al menos, los postres. Pero, de nuevo, estamos rechazando alimentos que habitualmente tenemos en nuestra nevera.

Jamón y chorizo, 'prohibidos'

Lo positivo, a estas alturas, es que tenemos desayuno –aunque de aquella manera– y postres. ¿Y la comida? No parecía, a priori, difícil de confeccionar. Pensamos en una ensalada prefabricada –jamás hubiéramos imaginado que eran malas–, pero no encontramos ninguna por encima de 90. Lo intentamos con el queso... y, de nuevo, nos topamos con la misma realidad: no hay ni una excelente. Al final, tuvimos que coger lechuga iceberg (Auchan). Da igual. ¿Y si la adornamos? Esa era nuestra intención, pero... 

Es más complicado de lo que esperábamos. El jamón y el chorizo están 'prohibidos'. Nadie creería, de primeras, que es ‘malo’. Sin embargo, lo es: Yuka ‘criminaliza’ prácticamente todo el embutido que hay en el supermercado calificándolo por debajo de 10. La aplicación, con los criterios elegidos, sólo nos permite echar pasta, lentejas, espárragos, guisantes, arroz –aunque no de todas las marcas– o tomate natural frito Orlando. Obviamente, las razones son evidentes: son alimentos sanos –aunque no hacía falta que nos lo confirmara la aplicación.

Lo que no sabíamos ni nos esperábamos era que La Gula del Norte recibiera sólo nueve puntos, que el lomo de pavo fuera calificado como ‘malo’ (9) o que el aceite de oliva virgen, en su mayoría, no llegara al excelente. Sí, obviamente, entra dentro de la lógica que los productos ecológicos (pasta gallo, hamburguesas vegetales y pan orgánico) y el agua superaran los 90 y que los congelados (empanadillas y Cordon Bleu) y refrescos azucarados recibieran la valoración más baja.

En total, hemos pasado dos horas y media en el supermercado y hemos analizado 139 productos para llenar dos cestas de la compra con 15 productos cada una. ¿Compensa? Desde luego, si hablamos de tiempo, no. ¿Y monetariamente y por salud? En ese caso, sí: la cesta ‘mala’, al pasar por caja, nos sale a 38,77€; y la ‘excelente’, por 28,30€.

¿Es fiable Yuka?

Yuka, hasta ahora, ha demostrado ser fiable: presume en su página web de ser "independiente" y de ganar dinero a través de sus socios premium o de aquellos que apuestan por seguir su programa nutricional. Sin embargo, hay quien la cuestiona. La propia OCU (Organización de Consumidores y Usuarios), en su análisis de la aplicación, critica que los aditivos se tengan en cuenta en la valoración nutricional: “Algunos no tienen esa función y resultan imprescindibles para elaborar o alargar la vida útil de los productos”, expone. Y, a su vez, tampoco está de acuerdo en que se valore siempre positivamente lo ecológico “sin tener en cuenta su origen”.

En cualquier caso, desde todos los frentes (nutricionistas, consumidores, expertos…) se insiste en que Yuka es, simplemente, una guía. Su fundador, el francés Benoit, padre de tres hijos, la creó sólo para ayudar a los consumidores “a descifrar las etiquetas de los productos del supermercado”. Esa era su intención cuando, junto a su amiga Julie y su hermano François, ganaron un concurso de start-ups. Entonces, pasaron a dedicarse a tiempo completo a llenar de contenido una aplicación que supera los cinco millones de descargas y que, en poco tiempo, se ha convertido en el mayor temor de marcas y supermercados.