Ibrahim llegó a la Península escondido en los bajos de un autobús que hacía la ruta entre su país -Marruecos- y Francia. El vehículo en el que iba oculto atravesó las aguas del Estrecho de Gibraltar a bordo de un ferry. El chico, que aún era menor de edad por aquel entonces, pasó miedo y se manchó de grasa, pero al cabo de unos meses ya estaba viviendo en un piso de menores tutelado en Cataluña. Atrás dejó la dictadura y el reino de Mohamed VI y empezó a beber de las bondades del independentismo. Una vez instalado en tierras catalanas conoció a Charaf, un menor marroquí no acompañado (MENA) como él. Tenía su misma edad. 16 años. Pero Charaf alcanzó la Península subido en una patera con más inmigrantes de su país. La vida de ambos empezaba a discurrir por caminos paralelos.

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Cuando los dos chicos se hicieron adultos empezaron a vivir de okupas en pisos vacíos de Girona. Pero la realidad de los dos jóvenes dio un nuevo giro el pasado jueves 17 de octubre, mientras la comunidad autónoma que los acogió albergaba numerosas protestas como respuesta a la sentencia del ‘procés’.

Ese día, los Mossos detuvieron a Ibrahim y a Charaf. Tras pasar por comisaría primero y por el juzgado después, los dos amigos ingresaron en la prisión de Girona. Se les acusó de contribuir a incendiar las calles de la ciudad y de herir con piedras a dos agentes de los Mossos durante una noche de violencia que arrancó en la subdelegación del Gobierno y acabó frente a la comisaría de la Policía Nacional.

En apenas dos años, Ibrahim y Charaf habían pasado de la patera a quemar las plazas, del calor sofocante de los bajos de un autobús a reventar adoquines para lanzarlos a los efectivos policiales. Se convirtieron en los ‘menas’ marroquíes que luchan por la independencia de Cataluña, una causa que los ha llevado entre rejas.

La noche que se les detuvo no iban solos. Los Mossos arrestaron a otros tres jóvenes en Girona. Uno de ellos era de nacionalidad española. Tenía 18 años. Los otros dos también eran marroquíes (de 20 y 24 años de edad). Entre ellos se conocían. Como Ibrahim y Charaf, en su día también fueron menores no acompañados. La jueza los dejó en libertad con cargos.

Estos jóvenes de origen marroquí son la nota extravagante de dos semanas de protestas en Cataluña, donde también se han producido detenciones de personas procedentes de EEUU, de Francia o de Italia. Son antisistema globales. Algunas jornadas se caracterizaron por los actos pacíficos. Otras, en cambio, por la violencia desatada. 

Uno de los dos jóvenes marroquíes que han ingresado en prisión. E. E.

La madrugada del viernes 18 al sábado 19 fue cuando se registraron mayores incidentes. También los más graves. Los radicales se centraron en Barcelona, donde la confluencia de la Vía Laietana con la plaza Urquinaona se convirtió en un campo de batalla en el que los Mossos y la Policía Nacional recibieron pedradas, disparos con bolas de acero, lanzamiento de lavadoras y en donde se incendiaron numerosos contenedores de basura. Desde esa noche un agente vigués se encuentra ingresado en estado grave. 

Hasta este pasado viernes se ha detenido a 205 personas, según fuentes policiales. 26 de ellas eran extranjeras y diez, mujeres. De esa cifra total de arrestados, 149 (contando a 15 menores) pasaron a disposición judicial, señalan fuentes oficiales del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña (TSJCat). 

Tras pasar por los juzgados, 31 de los detenidos ingresaron en prisión y para uno más se estableció un régimen de internamiento semiabierto. Dos semanas de protestas se saldan con cerca de 600 heridos -casi la mitad son agentes policiales-, una decena de hospitalizados y 2,7 millones en daños al mobiliario urbano.

Ilustración que recrea la llegada a España de uno de los presos y su posterior participación en las protestas de Cataluña. Guillermo Serrano

Ibrahim y Charaf, encapuchados

Entre los presos figuran Ibrahim A., nacido el 20 de mayo de 2001, y Charaf F., que vino al mundo cuatro meses antes, el 31 de enero de 2001. Los dos jóvenes, que ahora tienen 18 años, están acusados de desórdenes públicos, atentado a agentes de la autoridad, lesiones y daños. 

La magistrada titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Girona, María Elena Román Aita, los encarceló de manera provisional y sin fianza ante el riesgo manifiesto de fuga o de que no se presenten a las comparecencias en sede judicial.

En el auto de ingreso en prisión de los dos amigos se explica que los hechos que se les imputan ocurrieron en Girona el 17 de octubre, en plena semana de efervescencia indepedendista. La tarde-noche de aquel día estaba caldeada.

En torno a 20.000 personas, según el citado auto judicial, se dirigieron hacia la sede de la subdelegación del Gobierno en Girona, que se encontraba protegida por un amplio cordón policial. Cuando terminó la manifestación, 5.000 de ellas, las más radicales, comenzaron a quemar contenedores de basura y a lanzar objetos contundentes contra los agentes. 

Tras varias cargas policiales, los radicales se dispersaron por distintos puntos de la ciudad. La violencia siguió presente en zonas como la Avenida Jaume I o la calle Santa Clara. Sobre las doce de la noche, “unos 250” exaltados llegaron a la comisaría de la Policía Nacional en Girona. En ese momento, varios agentes de paisano de la patrulla policial TER 200 detectaron a dos jóvenes encapuchados a la altura de la plaza de Sant Pere. 

Eran Ibrahim y Charaf. Estaban lanzando piedras a través de la ventanilla del conductor a una furgoneta de los Mossos d’Esquadra. El impacto provocó daños al vehículo y lesiones leves a dos agentes que iban en su interior. Mientras, otros manifestantes lanzaban objetos similares de frente a la ‘lechera’ policial.

Charaf, ladrón violento

Ibrahim y Charaf huyeron de allí. Se les detuvo una hora después gracias a que tres agentes los reconocieron. Ibrahim ofreció "una coartada que coincidía” con la de Charaf, pero ambos cometieron un error. Los dos admitieron que estaban juntos, pero se contradijeron al explicar dónde habían estado esa tarde y en qué sitio se encontraban a la hora de la agresión. 

Imagen subida a una red social de uno de los dos marroquíes encarcelados. E. E.

Ibrahim, que se encuentra en situación irregular en España, explicó que entró en el país como “polizón bajo un autobús”. Carece de antecedentes penales y policiales. Dijo que no tiene familia en España y que había residido en un centro de menores tutelado en el barrio de San Narcís de Girona. “Pero ni siquiera” aportó “datos que lo justifiquen” al no coincidir dicho domicilio con el que había dado en sede policial.

Charaf, con el permiso de residencia próximo a caducar, también compareció ese día ante la jueza. Dijo que había cruzado en patera desde su país hasta la Península cuando tenía 16 años, que había residido en un centro de menores tutelado y que, en la actualidad, vivía como okupa en una casa del barrio gerundense de San Daniel.

“Sólo a veces”, aseguró. “Otras duermo en San Narcís con mi amigo Ibrahim”. En el expediente de Charaf sí constan antecedentes policiales “muy recientes”. En concreto, dos robos con violencia e intimidación realizados en septiembre y en octubre de este mismo año. 

La jueza María Elena Román Aita envió directamente a prisión a Ibrahim y a Charaf. “Aprecio que el riesgo de fuga (...) es muy elevado, lo que hace presumir que, de quedar en libertad, ninguno de ellos comparecerá en sede judicial cuando se le llame" y podrían “fugarse para eludir la acción de la Justicia”. El sueño indepedentista catalán de dos jóvenes marroquíes tocaba a su fin. Al menos mientras sigan en prisión.

Protesta en Barcelona durante la noche del 18 de octubre, la más violenta de las dos últimas semanas. EFE