María y Fernando cogen todas la semanas el coche en Madrid y recorren 15 kilómetros para visitar la tumba de Ana María, en el cementerio de Mingorrubio-El Pardo. Lo hacen desde hace 13 años, cuando un accidente de tráfico se llevó la vida de su hija con 42 años. Para ellos es muy importante visitarla, les hace sentirse bien, es casi como estar en casa, dicen. Pero, en las últimas semanas, se ha convertido en todo lo contrario

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Y es que a escasos metros de la sepultura de Ana María se encuentra la cripta de Mingorrubio, donde a partir de este jueves descansan los restos de Franco, una vez se hayan exhumado del Valle de los Caídos. Desde que el Ejecutivo anunció la llegada de este nuevo vecino, cuenta a EL ESPAÑOL este matrimonio madrileño, visitar a su hija se ha convertido en una carrera de obstáculos. "No queremos que lo traigan aquí, esto va a ser un caos. Nos han quitado todos los derechos que teníamos cuando compramos la propiedad (denominan así a la sepultura); mi hija merece estar tranquila y nosotros también", criticaban. 

No obstante, el día ha llegado. Y, si días antes de que se trasladasen los restos de Franco, el camino hasta llegar a la lápida de Ana María estaba lleno de impedimentos, ahora es prácticamente imposible visitarla. Desde primeras horas de la mañana, se han reunido a la entrada de Mingorrubio cientos de franquistas, algunos de ellos portaban banderas preconstitucionales, calendarios con imágenes del dictador e incluso coronas de flores.

Hasta allí se ha desplazado también Antonio Tejero (87), el teniente coronel expulsado del Cuerpo tras ser condenado por rebelión militar por ser uno de los protagonistas del golpe de Estado el 23 de febrero de 1981. El golpista ha visitado Mingorrubio para asistir a la misa funeral del dictador y que ha sido oficiada por el hijo del exteniente, el sacerdote Ramón Tejero. 

El cementerio de Mingorrubio, este jueves.

Además de fieles, curiosos y cientos de medios de comunicación, un potente dispositivo policial controla este jueves las inmediaciones del cementerio de Mingorrubio, donde han llegado los restos de Francisco Franco en torno al medio día para su inhumación en la cripta; ceremonia a la que han asistido 22 familiares del dictador. 

A esta pareja, entre tanto, no le falta razón. Dos semanas antes de que llegasen los restos de Franco, la entrada al cementerio estaba vigilada por dos furgones policiales y más de 10 policías nacionales distribuidos por todo el camposanto. Ocho en la puerta principal y dos frente a la cripta que acoge ya al dictador, además de un coche que patrulla por el cementerio. Los agentes estaban allí desde que el Tribunal Supremo diera luz verde a la exhumación —tras el recurso que presentó la familia Franco con el fin de paralizarla— para vigilar la zona y los trabajos que se hacían en la cripta. 

Para acceder al interior del cementerio, este periódico tardó aproximadamente unos 30 minutos. Tiempo en el que los agentes comprobaron la identificación y consultaron a sus superiores si podíamos entrar en la necrópolis. La Policía exige un motivo de entrada e identificación a todo aquel que quiere visitar Mingorrubio; ya sea turista, prensa o incluso familiar de algún difunto. 

El número de la tumba 

La entrada al cementerio custodiada por la Policía.

Esa es precisamente la situación que vive la familia Vicente Rodríguez cada vez que quiere visitar a su hija. "Nos preguntan dónde vamos cada vez que entramos al cementerio, nos piden hasta el número de la tumba. Así que le hemos dado la cifra a toda la familia para que puedan venir a visitarla", relataban María y Fernando. 

Desde la lápida de esta familia, se puede advertir una capilla de piedra a unos 15 metros. Y a escasos de la entrada principal. Aquel día, la puerta estaba cerrada y custodiada por dos agentes. Al otro lado del cristal, una docena de bancos, un altar de mármol y un cristo de madera. Bajo tierra, en una cripta, la tumba de la mujer de Franco, Carmen Polo, y al lado,  la de su marido, Francisco Franco. 

El edificio en su conjunto es público, igual que todo el camposanto, pero la catacumba fue cedida en régimen de exclusividad a la familia Franco desde su construcción, a principios de los setenta. Solo ellos tienen acceso, aunque hay alguna excepción como Gabino Abánadés, director de los servicios funerarios de Madrid durante dieciocho años y el nombre que dirigió el enterramiento de Franco en el valle de los Caídos. 

En una entrevista con Efe, explicó que el nombre de Franco lleva años en la sepultura que recibirá sus restos y que la cripta donde estará enterrado es "austera" y libre de símbolos franquistas. "No hay águilas ni yugos ni flechas", tan solo la expresión 'Yo soy el Alfa y la Omega', que aparece en la Biblia. 

Mientras María y Fernando adecentan el sepulcro y colocan cuidadosamente espigas rojas sobre una maceta, junto a un corazón de flores que yace sobre la piedra, denuncian que el cementerio va a dejar de ser lo que era para "convertirse en una atracción turística". "Nosotros compramos esta propiedad porque era un lugar tranquilo, alejado y nos gustaba estar aquí, ahora no vamos a poder ir ni a la misa de la capilla porque en la parte de abajo estarán los restos de Franco", manifiestan. 

La familia Franco 

En esta capilla se encuentra la cripta en la que recalará Franco. Silvia P. Cabeza

Para ellos, esta situación "no tiene nada de ideológico", aunque admiten ser más cercanos al franquismo. "En este caso, está prevaleciendo más la política que el derecho de una familia. Me parece muy mal que ni siquiera la familia Franco pueda decidir donde descansen los restos del dictador, eso no debería ser así", dice María. "Al final, somos personas y hay que dejar todo lo demás a un lado", añadían. 

Los restos del dictador han llegado al cementerio en torno al medio día de este jueves. El Gobierno anunció que el dispositivo de exhumación se produciría este jueves, una vez se cerró el pasado viernes, 11 de octubre, el Valle de los Caídos.  

La orden para el cierre del Valle figuraba en el acuerdo definitivo aprobado ese viernes por el Consejo de Ministros con el que se pone punto y final a un procedimiento iniciado hace un año y que se ha topado con múltiples obstáculos consecuencia de los numerosos recursos planteados por la familia de Franco y su entorno, que se opusieron desde el principio a la exhumación. 

En el que ya es el cementerio de Franco hay enterrados estrechos colaboradores del dictador como Carlos Arias Navarro o Luis Carrero Blanco, aunque también los hay de ideología muy distinta como Francisco Tomás y Valiente o algún ministro del expresidente del Gobierno Felipe González. El camposanto de Mingorrubio está repleto de encinas centenarias, tiene unas 500 sepulturas, 2.200 nichos, 1.050 columbarios y medio centenar de panteones.