A la izquierda, los mossos independentistas más conocidos; a la derecha, los constitucionalistas

A la izquierda, los mossos independentistas más conocidos; a la derecha, los constitucionalistas

Reportajes Guerra

Por qué un mosso es malo si dice "Puigdemont, capullo" y buenísimo si grita "Rajoy, hijo de puta”

Sanciones de empleo y sueldo por decir "Viva España" o por acudir a una entrevista uniformados, los agentes se quejan del doble rasero

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Que un agente de Mossos d’Esquadra sea entrevistado por un periódico de Madrid con el uniforme reglamentario puesto le supone una suspensión de empleo y sueldo de ocho meses, además de la pérdida del destino. Decir ‘Viva España’ siendo un agente de Mossos fuera de servicio (y de vacaciones) conlleva un expediente disciplinario. Si un mosso protesta porque un mecánico no ha querido atender a su esposa por ser ella Policía Nacional, también acarrea sanción. Pero llamar hijo de puta a Rajoy o insultar por sistema a los políticos no independentistas o a los jueces del procés, sale gratis. Es la diferencia entre ser un agente afín a la ideología separatista o mantenerse fiel a la constitución española.

Que el Procés ha dividido a familias, grupos de amigos y hasta relaciones sentimentales, no es un secreto para nadie que haya vivido en Cataluña en los últimos años. Lo que era más inesperado y resulta más inquietante es que esa fractura haya llegado también al cuerpo que tiene que proteger la seguridad de todos los catalanes. Pero así es y de qué manera. La guerra civil en el seno de los Mossos d’Esquadra se recrudece por momentos. Independentistas y constitucionalistas han tomado posiciones, se significan en redes e intercambian mensajes beligerantes, insultos y hasta denuncias.

Luchan bajo el mismo uniforme, pero las directrices en cada bando son distintas. Unos claman por respetar la Constitución y las decisiones judiciales. Otros llaman abiertamente a la desobediencia. La situación se ha enquistado de tal modo que ya hay incertidumbre dentro del propio cuerpo acerca de qué va a suceder el lunes, cuando se conozca la sentencia del Supremo del juicio contra los políticos separatistas encarcelados. A las puertas de veredicto, la tensión va in crescendo.

Pero, tal y como denuncian los mossos constitucionalistas, existe un doble rasero a la hora de evaluar las acciones y manifestaciones públicas de uno y otro bando por parte de la dirección policial. El cuerpo está en manos de políticos y mandos independentistas, lo que conlleva una serie de consecuencias nefastas para los agentes constitucionalistas. Un acoso selectivo que ha llevado a algunos agentes a optar por la famosa pasarela; esto es, marcharse de Cataluña e ingresar en otro cuerpo de seguridad del estado. Pero los que se quedan, sufren las represalias de sus mandos hasta el punto que hay agentes de baja por ansiedad. Otros esperan sus sanciones, viendo cómo a sus compañeros independentistas se las pasan todas.

Dos bandos para una guerra civil. Por un lado, Unión de Mossos por la Constitución. Una agrupación de agentes de la policía autonómica catalana que se pronuncian abiertamente en contra de las directrices separatistas del actual presidente de la Generalitat Quim Torra. En la esquina contraria, varias plataformas de policías independentistas: Mossos per la República, Guilleries o Mossos per la Democràcia. Todos ellos, parapetados y pertrechados por sus superiores. Campan a sus anchas por redes a sabiendas de que sus publicaciones no van a tener ninguna consecuencia negativa.

Ángel y el uniforme

Cada bando tiene a su buque insignia. Por el lado de los constitucionalistas hay dos nombres que encabezan esta lucha: Inma Alcolea y Ángel Gómez. Este último es agente de L’Hospitalet de Llobregat y fundador de la asociación Unión de Mossos por la Constitución. Es la cara más visible de este movimiento. Habitual en tertulias y periódicos, fue precisamente una entrevista a OK Diario la que le condenó: Ángel hizo la entrevista con el uniforme puesto y la DAI (División de Asuntos Internos) le ha ‘premiado’ con 8 meses de suspensión de empleo y sueldo, además de la pérdida de destino.

“Todavía no se lo he dicho a mi mujer”; confiesa Ángel, que ha llevado su caso a los tribunales “y mi dinero me está costando, entre costas y abogados. Eso sin contar la suspensión en sí, que son muchos meses de sueldo y se va a ejecutar en breve”. Una suspensión que va a llegar antes de que prosperes (si lo hacen) los recursos interpuestos, avanza este antiguo agente de la Guardia Civil.

“Este acoso empezó a partir de los hechos del 1 de octubre. A mí ya me conocen y me dieron vacaciones esos días, para tenerme lejos. Pero al volver me encontré con muchos compañeros que se quejaban de las órdenes recibidas aquellos días por sus superiores. Les dieron la consigna de no actuar, de no retirar urnas. Algún compañero que quitó alguna acabó destinado en calabozos, para que no molestase. Tampoco les enviaron refuerzos cuando los necesitaron. Me llegaron esas quejas y presenté una denuncia”. A partir de ahí, lo han puesto en el punto de mira.

Ángel Gómez

Ángel Gómez

Ahora tiene pendientes dos sanciones de empleo y sueldo, cada una de 4 meses. Una por la mencionada entrevista vestido de Mosso d’Esquadra. Otra por una tertulia de Intereconomía en la que participó y donde advirtió que la violencia estaba siendo instigada desde las altas esferas de la Generalitat, con el propio presidente Quim Torra azuzando a los CDR. La dirección de Mossos concluyó que el contenido de sus declaraciones era constitutiva de una falta que conllevaba otra sanción de 4 meses.

“Yo fui delegado sindical y teóricamente estoy protegido de este tipo de sanciones durante un año después de haber concluido mi labor sindical, pero se han pasado esta norma por el forro”, lamenta Ángel, que protesta porque otros agentes independentistas incurren en faltas “mucho más graves que hacer una entrevista de uniforme o expresar mi opinión en una tertulia. Pero contra ellos nunca hay nada. Yo recibo insultos y escarnios público a diarios. Por parte de internautas, medios de comunicación separatistas y otros compañeros que me insultan públicamente. Pero contra ellos nunca toman medidas. Concluyeron que es un sano ejercicio de libertad de expresión”.

A pesar de ello, pide a los mossos constitucionalistas “que no tengan miedo. Yo estoy en esta situación porque he dado la cara y han ido a partírmela. Pero también puedo entender que haya gente que tenga miedo, porque las consecuencias no son agradables; todos tenemos familia y todos queremos que nos permitan seguir trabajando. Yo entiendo que esto es duro. Pero nos tenemos que mantener fuertes. A mí me han aconsejado compañeros que me pille una baja por depresión o que me vaya de aquí. Pero no lo voy a hacer. Soy de L’Hospitalet, no tengo porque irme a ninguna parte y no tengo por qué fingir que estoy malo. Lo que ocurre es que me están acosando, que es otra cosa diferente, concluye. Ahora ha iniciado una campaña de crowfunding para poder sufragar los gastos que le está suponiendo todo este proceso.

Inma y el "Viva España"

Otro de los nombres que ilustra la falta de neutralidad de la dirección de Mossos d’Esquadra es la cabo Inma Alcolea, tal vez la persona que ha denunciado su situación de acoso en más ocasiones. También la víctima de la que tal vez sea la sanción más absurda impuesta nunca a un mosso d’esquadra. No por las consecuencias, que siempre son graves, sino por el motivo: Inma fue expedientada por haber dicho “Viva España” en presencia de una patrulla de Mossos d’Esquadra. Ella ni siquiera estaba trabajando; se encontraba de vacaciones. Tampoco llevaba el uniforme puesto.

Esto le supuso el exilio laboral, ya que fue enviada a trabajar a la prisión de Figueres. "Los letrados de la Generalitat que trataron el expediente consideraron que no cumplo con la neutralidad política de la que debe hacer un mosso d’esquadra", explica a EL ESPAÑOL, por lo que la confinaron a trabajar en la cárcel, "para que no tuviera contacto con el resto de la población”, señala.

EL “Viva España” fue una forma de hartazgo que expresó delante de una patrulla de Mossos. Y es que Inma arrastraba el problema desde antes. En total han sido tres los expedientes que le han sido impuestos por cuestiones ideológicas. En 2017 ya fue sancionada por haber manifestado una serie de opiniones en internet contrarias al separatismo imperante dentro del cuerpo de Mossos. Fue expedientada y sancionada porque en una de sus redes sociales apareció la publicación ‘Puigdemont capullo’. “Tengo más que demostrado que fue mi madre, que estaba pasando unos días en mi casa, la que publicó eso. Pero les dio igual”. Ese expediente, con suspensión de empleo y sueldo y traslado a 140 kilometros de su casa, se prolongó desde enero hasta septiembre.

Inma Alcolea

Inma Alcolea

Ese verano sucedió lo de ‘Viva España’, le caducaron el primer expediente y le iniciaron uno nuevo, donde le volvieron a aplicar medidas cautelares. Es decir, más suspensión de empleo y sueldo y nuevo traslado a más distancia de su casa. Exilio endurecido. El tercer expediente por no plegarse al independentismo fue por quejarse de su situación ante el exdelegado de Gobierno Enric Millo. “Le expuse que se estaban saltando la ley, que un expediente no puede prolongarse más de 6 meses y yo ya llevaba 14 (que al final fueron 16) con ese castigo por anticipado que ellos aplican selectivamente y llaman medidas cautelares. En mi intervención dije que la Generalitat actuaba como la ‘Genestapo’ y que al frente estaban unos golpistas”. Eso le acarreó su cuarto expediente disciplinario.

La denuncia del taller

“Me da vergüenza pertenecer a este cuerpo”, confiesa, explicando por qué no le apetece publicar una foto suya vestida con el uniforme. Inma está hastiada porque, aunque ha conseguido que la justicia tumbe esas medidas cautelares que le aplicaron durante un total de 16 meses, “la ‘Genestapo’ lo recurre todo, porque le sale gratis, mientras a mí me cuesta 20.000 euros”. Sigue esperando un juicio, así que su calvario judicial no ha concluido aquí. Un acoso que se ha extendido incluso a su familia. Su marido, que es sargento de Mossos, también está teniendo problemas por su ideología. Los datos de sus hijos fueron publicados en redes sin su consentimiento. Y así, una lista interminable de agravios.

Los protagonistas de estos dos casos paradigmáticos citan también un tercero: el de un compañero del cuerpo que está casado con una agente de Policía Nacional. La mujer fue a llevar su coche al taller después del 1 de octubre y el mecánico se negó a atenderle porque ella pertenecía a la policía española. El agente puso una queja y acabó siendo expedientado.

Doble rasero

Mientras tanto, ¿qué medidas se adoptan con los mossos que deberían mostrar neutralidad pero que se significan de forma radical con la inependencia y que caen en descalificaciones e insultos? Es aquí donde los agentes constitucionalistas se quejan del doble rasero. Para ellos hay barra libre. Porque son varios los perfiles que se identifican como Mossos d’Esquadra y han subido pulicaciones sancionables. Es el caso del más mediatico de los mossos independentistas, Albert Donaire, que constantemente incurre en provocaciones e insultos contra compañeros, políticos o medios (especialmente agresivo es contra el periódico CRÓNICA GLOBAL), pero que de momento ha salido indemne de todas las denuncias que le han interpuesto, muchas de ellas la propia Inma Alcolea.

Albert Donaire

Albert Donaire

Donaire es un policía que pidió abrir la cárceles para liberar a los políticos presos. Que se fotografía con un apócrifo pasaporte catalán, que interviene en performance contra la policía y la Guardia Civil, a los que califica de nazis, motivo por el que se le abrió una investigación por presunto delito de odio en Olot. Misteriosamente, la denuncia fue archivada y Donaire no ha sido sancionado.

Donaire es la cara más reconocible de este bando de mossos indepes aglutinado en tres asociaciones. Pero no es la única. Son muchos los agentes que han incurrido en actuaciones que de buen seguro hubieran sido sancionadas si las hubiera cometido un agente constitucionalista. Para muestra un botón: el mosso gallego José Luis Blanco (que ahora se hace llamar Josep Lluis y cuyo nick en redes es Pep White) subió una publicación a sus redes sociales llamando hijo de puta a Marano Rajoy. También pidió que metiesen en la cárcel al juez Llarena.

José Luis Blanco

José Luis Blanco

¿Cuál fue la reacción desde la Generalitat? No solamente no fue sancionado. Parece que además fue ‘premiado’ por su actitud radical. Sólo así se explica que, después de ese incidente, fuese el agente escogido para protagonizar un vídeo explicativo que editaron Mossos para exponer el funcionamiento de las pistolas taser. El concepto de neutralidad se le exige solamente a unos.

Apreteu

Si comparamos la exagerada sanción a Inma Alcolea porque en sus redes escribieron ‘Puigdemont capullo’ y el tratamiento dispensado a José Luis Blanco por haber llamado hijo de puta al entonces presidente del gobierno, podemos hacernos una composición de cuál es la situación de acoso e intimidación que están viviendo los agentes de la policía autonómica que no se plegan a la doctrina independentistas. Y casos como esos, hay infinidad. Son muchos los agentes indepes que publican insultos y son denunciados. Cuando Asuntos Internos se pone con el tema, se toman su tiempo, los interesados borran las publicaciones… y aquí no ha pasado nada.

¿Y ahora qué? La sentencia del Supremo sobre los políticos encarcelados está al caer. Muchos separatistas en Cataluña llaman a la rebelión, a la desobediencia, a bloquear el país. En ese plan, los Mossos d’Esquadra jugarán un papel fundamental. Algunos se mantendrán fieles a la constituciópn y a la legalidad vigente. Otros obedecerán las consignas de Torra. Que aún están por conocerse, igual que la sentencia. Pero visto su ya tristemente célebre mensaje a los CDR: “Apreteu” (“Apretad”), todo indica que él también propone desobediencia. Tiene a su bando bien vertebrado en los Mossos d’Esquadra. Un cuerpo que está bajo mínimos en cuestión de efectivo y que tiene que lidiar a diario con problemas del día a día, como el desproporcionado repunte delictivo en Barcelona. Lo que menos necesitaba la seguridad en Cataluña era una guerra civil entre Mossos d’Esquadra. Son pocos, y el Procés ha hecho que también, ahora, divididos.