Marina Roura Gómez, médica de 61 años, es la última víctima de la bautizada como “vía de la muerte” de Navalmoral de la Mata (Cáceres). Ella, como cualquier vecino, tan solo quería pasar al otro lado, cruzar sobre el paso de nivel y continuar con su recorrido –según la versión oficial–. No se dio cuenta de que las barreras estaban bajadas ni de que el convoy hizo sonar la sirena al verla. Iba hablando (o jugueteando) con el móvil. El tren le pasó por encima y la desplazó varios metros. Murió en el acto, como otras cuatro personas en el paso de la calle Pablo Luengo (o en el del barrio de la Paz) durante el último siglo. “Todos sabemos que es peligroso, que deberían soterrar esa zona para que se redujeran los accidentes. ¡Ya basta!”, lamentan en la localidad, indignados, en conversación con EL ESPAÑOL.

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Las quejas, durante años, se han ido repitiendo en la localidad cacereña. Los vecinos, a estas alturas, están “hartos”. De hecho, se ha hecho popular una leyenda que, cierta o no, mantienen muchos de los que han vivido (o trabajado) cerca de las vías. “Se dice que hay un conductor de Renfe que frena siempre que pasa por aquí. Supongo que es uno de los que atropelló a algunas de las personas que se han quedado en el paso de nivel”, cuentan desde Repuestos Arias, ya cerrados desde hace cinco años, pero durante mucho tiempo ubicados a 50 metros de donde ha tenido lugar el accidente de este lunes. 

De ahí que, durante años, se haya tratado de mejorar el paso sin demasiada suerte. Se han instalado, de hecho, equipos más modernos y consistentes por los golpes sufridos por los coches que querían pasar pese a la prohibición. Pero no es suficiente. Por eso, los partidos políticos y los vecinos colindantes a las vías llevan pidiendo con insistencia durante mucho tiempo medidas de seguridad más adecuadas. 

 

El peligro es tan real como frecuente. Las barreras, según cuentan desde la localidad, bajan en torno a 21 veces al día. Por allí pasa, a diario, el tren que une Madrid con Zafra, el que atropelló a Marina. Eso sí, ese paso a nivel es uno de los muchos que tienen barrera. Otros tantos –en total, 169 de los 257 que se conservan en la red ferroviaria extremeña– son todavía menos seguros –lo que no quiere decir que no estén señalizados correctamente–. 

Médica prejubilada

Pero, a pesar de los inconvenientes, la culpa, en esta ocasión, recae sobre Marina. La médica de Rosalejo, prejubilada según la versión oficial, habría cruzado el paso a nivel cuando las barreras estaban bajadas. Y lo habría hecho hablando por el teléfono móvil, sin mirar ni percatarse de que venía un tren. No escuchó ni los pitidos del conductor, que frenó y trató de alertar a la vecina de Navalmoral de la Mata del peligro. No pudo hacerlo a tiempo y la atropelló. La desplazó varios metros y la mató. Acabó con su vida sin que se pudiera hacer nada. 

La Policía Local, la Guardia Civil y una ambulancia del Servicio Extremeño de Salud intentaron salvarle la vida. Pero no lo consiguieron. El golpe, demasiado fuerte, acabó con la vida de Marina irremediablemente. Su fallecimiento se certificó en el acto. 

Paso a nivel donde se ha producido el atropello.

Esa es una versión de los hechos, la oficial. La extraoficial es otra. Marina, según algunos vecinos, no estaría prejubilada, sino que se habría dado de baja por depresiones en el centro donde trabajaba de Rosalejo. “Se rumorea que podría haberse suicidado”, indican desde la localidad, sin que se pueda confirmar ninguna de las hipótesis y con la investigación todavía abierta para esclarecer qué ha ocurrido. 

Lo que parece claro es que, a pesar de todo, la culpa, en este caso, no es de Adif. El tren, en principio, habría circulado a la velocidad correcta y habría activado todas las medidas de seguridad. Pero se la llevó por delante en un lugar problemático, peligroso a todas luces. 

Los vecinos de la localidad llevan tiempo alertando de la peligrosidad del paso. De hecho, en febrero de este año, firmaron una moción conjunta para pedir el soterramiento de la plataforma a su paso por el casco urbano. También reclamaban la construcción de dos pasos inferiores peatonales donde existen pasos a nivel –los dos serían eliminados– y un paso inferior bajo la estación que comunica a uno y otro lado.  

De momento, no se han iniciado labores para responder con actos a las peticiones de los vecinos. Marina, mientras, ha pasado a engrosar, tristemente, la lista de fallecidos en la llamada “vía de la muerte”, esa con la que, pese a todo, nadie consigue cerrar.