La muerte, en un primer momento, parecía ser natural. La pequeña, de siete años, fue encontrada en su domicilio habitual en Muimenta, en el municipio lucense de Cospeito, donde vivía junto a su abuela y su madre. Nada hacía prever que las causas del fallecimiento fueran otras. Sin embargo, pasadas las horas, la investigación avanza por otros derroteros. La primera hipótesis indica que la menor pudo ingerir los medicamentos de su madre o beber de una botella que contenía un líquido oscuro (del color de la Coca-Cola), que podría tratarse de un cóctel de pastillas también de la madre, en tratamiento psicológico. 

Noticias relacionadas

La primera en alertar de la muerte de la pequeña fue su abuela. A las ocho de la mañana, llamó al servicio de emergencias avisando de que su nieta no daba señales de vida. Minutos antes, su hija, la había avisado a ella. Al llegar, esos mismos servicios se encontraron a la menor de siete años tendida sobre la cama, todavía con vida, pero demasiado débil como para ser reanimada. Los médicos le pusieron oxígeno, pero no pudieron hacer nada. Falleció. 

Inmediatamente, los servicios de Emergencias procedieron a llamar a los agentes. Estos, al encontrar a la niña tendida en la cama y sin signos de violencia, pensaron que se trataba de una muerte natural. Pero, claro, al seguir mirando en la casa, los agentes empezaron a sospechar de que podía ser por otra cosa. Al fin y al cabo, la niña se encontraba en perfecto estado de salud hasta la certificación de su muerte. 

En la casa, aparecieron, como posibles pistas sobre lo ocurrido, unas pastillas que tomaba su madre para el tratamiento psicológico. Y, además, un recipiente con una sustancia de color oscuro (del color del café), que está siendo analizada. Se trataría, según las primeras investigaciones, de un cóctel de medicamentos utilizados por su madre. Por último, una botella con la misma sustancia. 

La madre, al ser preguntada por si la niña había ingerido el líquido, eludió responsabilidades diciendo que lo desconocía, a pesar de que esa noche, extrañamente, había dormido junto a ella. No lo había hecho en otras ocasiones y no había razones para ello. Sin embargo, lo hizo. Y, al levantarse, según el testimonio de la madre, se la habría encontrado muerta. La pregunta, conocidos los hechos, es, por tanto, evidente: ¿qué pasó para que la niña se acostara en perfectas condiciones y se levantara al borde de la muerte? ¿bebió, en efecto, como se sospecha, de esa botella? ¿Lo hizo voluntariamente o involuntariamente? 

Para tratar de esclarecer los hechos, los agentes recogieron también las sábanas de la cama, los pijamas y el resto de las prendas de la niña y de su madre, que está ingresada desde que conoció la muerte de su niña. 

Su padre, al ir a la casa de su su ex mujer –estaban separados y ella tenía la custodia–, se dirigió hacia ella, a gritos, la señaló directamente a ella como la causante de la muerte: “¿Qué le has hecho a mi hija?”. Los guardias civiles, ante la tesitura, los separaron e interrogaron a la madre y a la abuela por separado para esclarecer los hechos. Lo ocurrido es toda una incógnita. La niña estaba escolarizada y hacía su vida en Muimenta con normalidad. Ahora, toca esclarecer qué pasó realmente.