En los pueblos, a menudo, la profesión –hecha apelativo– se posterga por encima de la persona, de la herencia o de la genética. El ‘de quién eres’ marca irremediablemente el presente (y futuro) de las familias. Y Javier Medina era, definitivamente, el carnicero. “Una persona muy agradable, buena gente, que a menudo se metía en mil fregados”, cuentan los vecinos. Con la mala suerte de sufrir un accidente mortal el pasado fin de semana, en su propio negocio y a manos, tristemente, de su mujer. Aunque ella no tuvo la culpa, fue él, quien, sin querer, se clavó un cuchillo en el pecho. 

Ambos, Javier y Elena, marido y mujer, se encontraban trabajando en su carnicería. Delante, tenían varios clientes, cuentan en Argamasilla de Calatrava (Ciudad Real). A partir de ahí, se cuentan tres versiones (una vecinal y dos oficiales). Todas, eso sí, coinciden. La primera, la del rumor, dice que ella estaba partiendo jamón, que se dirigió al otro lado del mostrador, que estuvo a punto de caerse… y él, al ir a por ella, sin querer, se clavó el cuchillo que llevaba su esposa. 

El otro relato, también relativo al infortunio, lo cuentan a EL ESPAÑOL desde el Ayuntamiento de la localidad. Confirman que ella se encontraba cortando jamón, se giró y él, al dirigirse hacia ella, se clavó el cuchillo. 

Calle donde estaba la carnicería.

Pero hay, aún, una tercera, la de la Guardia Civil, que ratifica ambos relatos con otras palabras. "Todo apunta a que se trata de un accidente laboral y que fue la mujer quien, al darse la vuelta, clavaba accidentalmente el cuchillo a su marido cuando este iba a atender a un cliente que acababa de entrar en la carnicería", comentan a los medios de comunicación. 

Tras el accidente, Javier fue llevado al Hospital Santa Bárbara de la localidad de Puertollano (Ciudad Real) en parada cardiorrespiratoria con una herida en el pecho. Allí, intentaron salvarle la vida, pero no lo consiguieron. El suceso se está investigando, pero todo apunta a que la muerte se debe a un accidente. La prueba más evidente es que había clientes delante. Se descarta, en un principio, que el móvil fuera pasional o que se tratara de violencia doméstica. 

El domingo, los vecinos de la localidad manchega lo enterraron en una ceremonia multitudinaria en la iglesia del municipio, delante de la Virgen del Socorro, esa por la que tanta devoción sentía. Allí, todos mantenían el mismo discurso y las mismas palabras de agradecimiento con respecto a él. “Era una buena persona y siempre tenía una sonrisa en los labios para todo el mundo”, reconoce una de sus compañeras de trabajo. 

Javier, al fin y al cabo, llevaba toda la vida ligado a la localidad de apenas 6.000 habitantes. Tenía dos hijas mellizas, ambas en la veintena, y había trabajado durante algún tiempo en uno de los restaurantes más populares de la zona, el Complejo Hostelero Escuderos. En sus salones, donde acogen bodas de Argamasilla de Calatrava y alrededores –también de Puertollano o Almódovar del Campo, localidades cercanas–, trabajó él durante casi 10 años. 

Él fue maitre en el complejo hostelero durante casi 10 años al mismo tiempo que trabajaba en una fábrica de cárnicas colindante con la localidad. “Ojalá sepas, estés donde estés, lo mucho que se te quería en esta casa, lo mucho que nos has ayudado de corazón siempre, la admiración de todos tus compañeros, tu alegría, tu energía”, comienza un texto dedicado en Facebook por el restaurante.

Y sigue: “Has dejado tanto persona de ti entre estas paredes, has luchado tanto a nuestro lado, codo con codo, que sólo podemos estaros a ti y a toda tu familia agradecidos de por vida y profundamente orgullosos de haber podido disfrutarte. Cualquier adiós es duro, pero el tuyo es inasumible. Eras una de esas personas que siempre se preocupaba por hacer sentir bien a los demás (…) Buen viaje, amigo. Te estamos extrañando muchísimo”. Así, lo despedían sus compañeros, entre mensajes de agradecimiento por lo aprendido y textos de admiración por su trabajo y por su calidad humana. 

Ese fue uno de sus trabajos. Después, tras 10 años en el restaurante –donde también trabajaba su mujer–, lo dejó y puso una carnicería en Argamasilla de Calatrava. Quién le podía decir a él y a su familia lo que iba a ocurrir. En ese pequeño establecimiento, en el corazón de la provincia de Ciudad Real, el infortunio se lo llevó por delante. Desde entonces, no sólo se han multiplicado las condolencias en lo laboral, sino también en lo social. “Era un hombre muy querido, un hombre muy activo que montó un negocio y que se ha hecho a sí mismo. Estaba relacionado con las hermandades, con la banda de música municipal… Es una gran pérdida”, reconocía la alcaldesa de la localidad, Jacinta Monroy, en el entierro, en declaraciones a Ser Puertollano

Y, precisamente, sus compañeros, los de la Cofradía del Santo Entierro, también han tenido palabras de recuerdo para su compañero a través de su página de Facebook. “Hoy solo hay dolor en todos nosotros, dolor por perder una buena persona, dolor por perder a un compañero, dolor de unos costaleros que pierden a uno de los grandes, dolor de ver una familia rota en mil pedazos de forma repentina, dolor de todo un pueblo… Adiós amigo, adiós cofrade, adiós costalero grande”, escribían. 

Texto dedicado a Javier por sus compañeros de la Cofradía.

El infortunio acabó con una vida a la que le restaban muchos capítulos por delante. Terminó antes de tiempo por un infortunio, por una maldita casualidad, por algo que nadie pudo prevenir. Justo, además, antes de la Semana Santa, una de esas citas a las que nunca faltaba.