Las Hortichuelas (Almería)

“Varios familiares estábamos comiendo en casa de la abuela del niño y se lo solté. No podía aguantarme”, cuenta este pasado jueves Sebastián desde su casa de Las Hortichuelas, una diminuta pedanía de Níjar (Almería) en pleno Cabo de Gata. El lugar, hoy un remanso de tranquilidad, hace un año se convirtió en una zona de búsqueda sin descanso de un niño que acabó apareciendo muerto.

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“Yo sabía que esa mujer no era trigo limpio”. El hombre que habla es sobrino político de Puri Carmen, la abuela de Gabriel Cruz, el niño de ocho años al que mataron la tarde del 27 de febrero de 2018. Le quitó la vida la pareja del padre del chiquillo, Ana Julia Quezada, de origen dominicano.

La escena que describe Sebastián sucedió el segundo o tercer día de búsqueda de Gabriel, no recuerda bien. ‘Tú le has hecho algo, más vale que lo cuentes ya’, le dijo Sebastián durante aquella comida. “Ella se levantó malhumorada de la mesa, cogió su plato y le dijo a Ángel que nunca volvería a comer conmigo”, explica el hombre. “Esa sospecha la teníamos la mayoría de los que estábamos allí acompañando a la abuela y al padre”, añade.

En ese momento la casa de campo de Puri Carmen, a las afueras de Las Hortichuelas, ya se había convertido en lugar de reunión de todos los allegados a la familia paterna del niño. Incluido Ana Julia, que se sabía vigilada y centro de todas las miradas.

Varios primos de Ángel que trabajan para los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado -uno viajó desde Cataluña para unirse a las labores de búsqueda- llegaron a comentarle esos días al padre del niño que era evidente que su pareja tenía algo que ver con lo sucedido.

Pese a que las sospechas se centraron desde el primer momento sobre la que luego se descubriría como la asesina, Ana Julia Quezada aguantó 13 días con la presión de saber que había enterrado el cadáver del niño en una finca cercana propiedad de la familia de Ángel Cruz, su novio y padre del menor.

Ana Julia, autor confesa de la muerte de Gabriel Cruz.

"Ángel quería confiar en ella"

“Ella nos había mentido. Dijo que esa tarde había vestido al niño. La abuela, en cambio, nos contaba que le había puesto ella la ropa”, sigue Sebastián. “Yo no me podía creer que Puri Carmen no estuviera diciendo la verdad. Era evidente que Ana Julia nos ocultaba dónde estaba el niño. Lo que pasa es que a Ángel no le gustaba que la señalásemos directamente. Él quería confiar en ella. Lo hizo hasta que la realidad le dijo basta. Además, el pobre no estaba con la cabeza en su sitio en esos días, como es normal”.

Al día siguiente de que desapareciera Pescaíto, como le llamaba su madre, Patricia Ramírez, era festivo en Andalucía. Se celebraba el día de la comunidad. Ángel, el padre del menor, hacía un tiempo que se había separado de Patricia. Ambos tenían la custodia compartida del niño. Por eso él, que había rehecho su vida con una mujer de República Dominicana, pasaba esos días junto a su hijo y a Ana Julia. Llevaban juntos desde el fin de semana anterior. Tenía previsto dejar a Gabriel la tarde del día siguiente, ese miércoles festivo, en la casa de su ex en Almería.

Cuando Ángel y Gabriel estaban juntos, el padre solía pasar esos días con su hijo en la casa que la abuela Puri Carmen tiene en Las Hortichuelas, a cinco kilómetros de la playa de Las Negras, otra pedanía de Níjar. Así, abuela y nieto disfrutaban la una del otro.

Sobre las 15.30 horas de aquel 27 de febrero del año pasado, Gabriel le dijo a su abuela que se iba a jugar a casa de Rosa, una prima de Puri Carmen que también tiene nietos. Pescaíto quería jugar con ellos. Ambas viviendas se unen por un carril de tierra. Una de la otra están a unos 50 metros de distancia.

Gabriel nunca llegó hasta aquella vivienda. Ana Julia se lo llevó a la finca que su novio, Ángel, tiene en Rodalquilar. Antes de salir, ella le dijo a la madre de Ángel que se marchaba a pintar las paredes de la casa.

La entrada de la casa de la abuela paterna de Gabriel Cruz sigue llena de recuerdos del menor que perdió la vida a manos de Ana Julia Quezada. AL

Prisión permanente resivable

Pero la mañana del domingo 11 de marzo, 13 días después de la desaparición del niño, agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil detuvieron a Ana Julia por las calles de Vícar. Había desenterrado al menor poco antes y se disponía a acceder al garaje del edificio en el que vivía con Ángel. Llevaba el cadáver de Gabriel en el maletero. Mientras conducía, insultaba a Gabriel.

La Guardia Civil contó luego ante la prensa que la tarde que mató al niño lo esperó con su coche en el carril que unía la casa de la abuela con la de su prima, y que convenció al pequeño para que la acompañase a la finca de su padre. En aquellos terrenos lo estranguló.

Ella confesó que mató al niño porque éste antes quiso pegarle con un hacha, que ella se revolvió y acabó asfixiándolo. Es su estrategia para tratar de ser condenada por homicidio en vez de por asesinato. Su defensa ha pedido tres años de prisión para ella.

Pero la Benemérita y el juez instructor sostienen que Ana Julia Quezada orquestó un plan para matar al niño. Incluso, confirman que cavó la fosa donde enterró a Gabriel antes de secuestrarlo. Los padres del menor, al igual que la Fiscalía, van a pedir la prisión permanente revisable para la autora confesa de la muerte del menor.

"Cuando se la llevaban, pensaba que ya dormía en calabozos"

Rosa es prima hermana de Puri Carmen. Aquel 27 de febrero de hace un año sus nietos se quedaron esperando a que Gabriel llegase para jugar con ellos. Este jueves, cuando EL ESPAÑOL vuelve a Las Hortichuelas, la mujer recuerda cómo vivió la búsqueda del chiquillo.

“Cada día que se llevaban a Ana Julia de la casa de mi prima para interrogarla, mi marido me decía: ‘Esta noche no vuelve, se queda en los calabozos de la Guardia Civil’. Pero hijo, qué va. Aguantó 13 días con ese niño enterrado. Nosotros sabíamos que había sido ella, pero como nunca la detenían… Menos mal que apareció el cadáver. Si no, ¿te imaginas la mancha de sospecha que hubiera caído sobre esta casa?”.

Rosa cuenta que Puri Carmen sigue viviendo en la casa de Las Hortichuelas, a 50 metros de la suya. Explica que la abuela de Gabriel también ha pasado temporadas en casa de su hijo Ángel porque “tiene dañada la salud” después de lo vivido.

La prima de Puri Carmen explica que algunas noches, si Ángel no viene a dormir, su madre, antes de que anochezca, se va a casa de su hermana mayor, que vive sólo unas cuantas casas más abajo que la de Rosa.

“Yo también voy casi siempre a hacerle compañía. Allí le damos consuelo. Ya no le sacamos el tema. Bastante tuvo la pobre con que se le metiera el demonio en su casa durante aquellos días”, cuenta Rosa.

Este reportero se acerca a ver a Puri Carmen poco después de hablar con Rosa. La reja del terreno donde tiene la casa está llena de recuerdos que la gente ha dejado como gesto de cariño hacia su nieto. También, en la pared lateral de la vivienda, continúa la pintura de Gabriel que hicieron unos artistas tras la aparición del cadáver del menor.

En el porche de la casa varios gatos duermen sobre un butacón de madera. Cuando Puri Carmen abre la puerta, el reportero le recuerda que hace un año la visitó durante los dos primeras tardes con el niño desaparecido. “Perdóname, hijo, no voy a hablar”. “Señora, sólo quería saludarla”. “Gracias, hijo, de verdad”. Luego cierra la puerta. Dentro continúa el dolor.

Imagen de Gabriel pintada por unos artistas en la pared lateral de la casa de su abuela en Las Hortichuelas (Níjar, Almería). AL

Intento de suicidio

Desde su detención, la autora confesa de la muerte de Gabriel está en la cárcel de Almería. Todavía no hay fecha para su juicio. Durante el año que lleva recluida ha intentado quitarse la vida en una ocasión.

Ana Julia Quezada llegó a España a principios de los años 90. Comenzó trabajando en un club de alterne de la carretera Madrid-Irún, después fue carnicera en el barrio de Gamonal de Burgos y acabó marchándose con un novio a Almería tras intentar casarse con un empresario adinerado de la ciudad castellanoleonesa.

La Guardia Civil todavía investiga si hace 23 años Ana Julia mató a su propia hija, de tan sólo cuatro, cuando ambas vivían en Burgos. La niña cayó por la ventana de madrugada y el caso fue archivado como accidente. Tras el caso de Gabriel, las sospechas volvieron sobre ella.

En Almería, Ana Julia se instaló en Las Negras, una pedanía de Níjar a 3 kilómetros de Las Hortichuelas. Tras romper con Sergio, el burgalés al que había convencido para montar un pub allí, comenzó una relación con Ángel, separado y padre de un niño.

Durante la búsqueda de Gabriel, Ana Julia orquestó un plan para involucrar al que había sido su novio antes de empezar una relación con Ángel. Cogió una camiseta del niño de la casa de su abuela y la dejó junto a unos cañizos durante una de las batidas por el monte que se hicieron esos días.

Ana Julia soltó la prenda cerca de la casa de Sergio en Las Negras, en una zona donde ya se había mirado con anterioridad. Quiso que los investigadores pensaran que su ex podría haberle hecho algo malo al menor por tratarse del hijo de la nueva pareja de Ana Julia.

“Es una mente retorcida. Esa mujer sólo lleva maldad en su interior”, cuenta ahora Eduvigis, la hermana de la abuela de Gabriel. “A mí ella nunca me gustó. Mi hija y mi yerno [Sebastián] lo decían: ‘La negra tiene algo que ver’. Y fíjate. Había matado al chiquillo y con él a mi hermana, que está muerta en vida”.

Patricia Ramírez y Ángel Cruz durante el funeral de su hijo en la catedral de Almería. EFE