Bernardo Montoya tiene nuevo compañero en el módulo de Enfermería en el que se encuentra interno en la cárcel de Huelva. Se trata de Balla Mousa, un senegalés con antecedentes por delitos contra la libertad sexual, que ha sido trasladado allí después de pegarle un puñetazo, sin mediar palabra, a un funcionario de prisiones. De origen senegalés, no sabe español –sólo habla francés– y tiene problemas psicológicos. 

Los funcionarios de prisiones denuncian que debería haber sido trasladado a otro centro penitenciario tras los graves incidentes causados. O, de no ser así, a un psiquiátrico donde pueda ser tratado mentalmente. Balla Mousa es considerado un recluso peligroso y, ahora, se unirá a otro, Bernardo Montoya, el asesino confeso de Laura Luelmo, que lleva apenas unos días ingresado en la cárcel de Huelva. 

Bernardo Montoya, que fue detenido a raíz del asesinato de Laura Luelmo, ingresó en prisión antes de Nochebuena. Lo hizo por segunda vez en su vida. Antes, ya había pasado 17 años en la cárcel por asesinar a una anciana y por intentar violar a una joven en Cortegana (Huelva). Es decir, sabe cómo se vive en un centro penitenciario.

Desde su ingresó, Bernardo Montoya, ducho en el terreno, se ha mostrado “desafiante y exigente”. En Nochebuena, comió ternera y gambas, menú de todos los reclusos, y se lo acabó al completo. No ha perdido el apetito y, según las últimas palabras que le dijo a la juez que lleva el caso, no quiere volver a salir de prisión. “Métame en la cárcel y no me deje irme porque lo volveré a hacer (en relación a la muerte de Laura Luelmo y su posterior agresión sexual)”. 

Ahora, tendrá a un compañero peligroso en su mismo módulo, en el de Enfermería. Un tipo peligroso que, como denuncian desde prisiones, no debería estar ahí. Y, además, en una mala situación en el centro de Huelva: con menos personal sanitario por el envenenamiento de muchos de ellos. Y, ahora, con el módulo de enfermería convertido en un polvorín.