Se llama Noemi Montoya y en la imagen que ilustra este texto posa contenta junto a su padre, el asesino confeso de la joven maestra Laura Luelmo, Bernardo Montoya. "Padre e hija juntos", titulan la instantánea. Noemi tiene una edad similar a la que tenía Laura -26 años- cuando Bernado, de 50 años, la raptó, la agredió sexualmente, la mató asestándole un golpe en la cabeza y la dejó entre unos arbustos en una zona situada a cinco kilómetros de El Campillo (Huelva) donde la zamorana había llegado hacía solo unos días para empezar una nueva etapa siendo profesora de Dibujo en el instituto de Nerva. 

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Esta foto está fechada en junio de 2014. Por aquel entonces, el padre de Noemi ya contaba con un historial delictivo muy amplio. Enganchado a la heroína y a la cocaína, Bernardo Montoya se coló en la casa de Cecilia, una vecina de 82 años del pueblo donde vivía, -y donde reside su actual familia- Cortegana (Huelva), para robar. 

La anciana lo sorprende, él le clava un cuchillo en el cuello y huye. La víctima sobrevive y lo denuncia. Mientras está libre a la espera del juicio por el asalto de la anciana, en el que se le acusa de allanamiento de morada y lesiones, una noche, sobre las 23.30 horas del 13 de diciembre de 1995 (el mismo día en que 23 años después desaparece Laura), Bernardo coge un machete y se cuela en la casa de la denunciante por el hueco de una ventana, empujando el cristal.

Bernardo Montoya, detenido por el crimen de Laura Luelmo.

Su intención era impedir que Cecilia declarase en su contra. Así que se abalanzó sobre ella y le propinó otras seis puñadas en el cuello que le causaron la muerte. La Sección Primera de la Audiencia Provincial de Huelva condenó a Bernardo en noviembre de 1997 a 17 años y 7 meses de cárcel por asesinar a la anciana y la prohibición de volver a Cortegana durante un periodo de cinco años.

En abril de 2008, cuando ya había cumplido 11 años de condena, durante un permiso penitencario, intentó asaltar a una peluquera de 27 años de El Campillo, pero el perro de la joven la defendió y él apuñaló al animal. En este caso, lo condenaron a año y medio por amenazas, por conformidad de las partes, aunque ahora sabemos que aquello fue en realidad, como sintió la víctima, mucho más: un intento de violación y asesinato frustrado.

Dos años después de la foto, entra de nuevo en prisión

Cuando posa junto a su hija en 2014, posiblemente en la localidad de Cortegana, Bernardo no estaba en la cárcel. Pero no tardaría mucho en volver a entrar. En 2010 había sido condenado por un quebrantamiento de condena también, pero salió gracias a un permiso y no regresó. En 2016 cometía dos robos con violencia y, esta vez sí, regresaba a prisión. 

Laura Luelmo estaba sola en su casa de El Campillo, en el número 13 de la calle Córdoba el pasado 12 de diciembre cuando se fue a correr. Probablemente, al salir de su casa, pasó cerca del recién estrenado domicilio de Bernardo. La zamorana nunca volvió. El asesino había regresado a El Campillo hace tan solo mes y medio después de cumplir una condena de dos años por robos. Su octogenario padre, Manuel Montoya había comprado una vieja casita en el número 1 de esa misma calle y había comunicado a un vecino que en un tiempo un hijo suyo "que venía de Barcelona" iba a mudarse a la vivienda, que llevaba años vacía. 

Bernardo Montoya y su hermano gemelo Luciano. En el medio la ficha carcelaria del autor confeso del crimen de Laura E.E.

Ahora, la familia del asesino no quiere saber nada de él. Antes de que Bernardo Montoya confesase el crimen, Manuel Montoya ya aseguró que si "su hijo había matado a la joven zamorana, "debía pagarlo". Según relató en un programa de televisión. La última vez que vio a su hijo fue el miércoles, día en el que desapareció Laura y posiblemente la tenía retenida en su casa. 

"Les doy mi pésame. Si mi hijo lo ha hecho, que lo pague, porque eso no se puede hacer", admitió. Algo que comparte también el resto de la familia Montoya. En los comentarios de la imagen de la hija y el padre en la red social -en la que numerosos perfiles han aprovechado para insultar a Bernardo-, Sara Montoya, de la familia de Noemi, les pide que "dejen de maldecir", que "no se puede escupir para arriba" ya que les puede caer encima". "Noemi no mantiene relaciones con ese verdugo, que lo pague él, ella no tiene la culpa". No obstante, la hija del asesino todavía mantiene esta imagen en su albúm de fotos. 

La vida de los Montoya ha cambiado radicalmente tras el asesinato. La familia no quiere que Cortegana se vuelva contra ellos ni que les culpabilicen por el crimen de Laura Luelmo. Bernardo tiene la puerta de su casa cerrada o al menos es el mensaje que mandan desde su entorno, al igual que para su hermano gemelo Luciano, que actualmente está en la cárcel de Ocaña (Toledo). 

Solo cinco años después de que su hermano Bernado matase a su primera víctima, Cecilia, Luciano mató a María del Carmen en Cortegana, una mujer a la que acaba de robar previamente, al igual que hizo con la anciana su hermano gemelo. Le sorprendió en su domicilio y el asesino le abordó sujetándola por detrás. Acabó con ella acuchillándola en el tórax y el cuello. La Audiencia Provincial de Huelva lo condenó a 15 años de prisión por asesinato.