Carreras, piedras y gritos de ira entre los vecinos de El Campillo (Huelva), donde ha sido asesinada la profesora Laura Luelmo. Un grupo de personas ha roto el cordón policial al grito de "asesino" cuando la Guardia civil ha trasladado a Bernardo Montoya a la calle Córdoba de esta localidad donde residían el asesino confeso y la víctima, para reconstruir los hechos.

Agentes de la Guardia Civil se encuentran en la citada calle junto a Bernardo Montoya, el cual ha confesado este miércoles en dependencias de la Guardia Civil de Huelva que es el autor del asesinato de Laura Luelmo.

Multitud de vecinos se han apostado en la calle para mostrar su indignación por este suceso que ha conmocionado al país. Mientras transcurría la reconstrucción de los hechos, los congregados junto al cordón policial no han parado de increpar a Montoya al grito de 'asesino'.

Tras pasar la noche en la Comandancia de la Guardia Civil de Huelva y prestar declaración, el autor confeso del crimen ha salido en un coche policial rumbo a El Campillo para realizar la reconstrucción de los hechos.

La Guardia Civil trata de esclarecer las 48 horas que, al menos, Laura Luelmo estuvo retenida contra su voluntad antes de morir de un fuerte golpe en la frente propinado por Bernardo Montoya. Según han explicado a Europa Press fuentes de la investigación, el equipo del Servicio de Criminalística de la Guardia Civil está analizando los restos biológicos y las pruebas halladas.

La primera duda que desliza la investigación es qué ocurrió entre el momento de la desaparición de la joven, el 12 de diciembre, y el día en que murió. La señal de GPS de Laura Luelmo se esfumó a nueve kilómetros de El Campillo (Huelva), donde había alquilado una casa nueve días antes para hacer una sustitución como profesora de Plástica en el Instituto de Nerva. Su rastro se perdió en el pantano de Campofrío mientras corría. Pero ese día no falleció. Lo hizo dos o tres días después de un golpe en la cabeza, según ha revelado la autopsia.