Marbella (Málaga)

Alexander Grinberg, de 49 años, está acusado de ser uno de los principales ‘enviados’ de la mafia rusa a la Costa del Sol. Se le acusa de pertenencia a banda organizada y de haber lavado a través de sus empresas en España una parte de un montante total de 30 millones de euros procedentes del crimen organizado de su país.

A finales de septiembre del año pasado, la Guardia Civil desarticuló la filial española del clan del mafioso ruso Semion Mogilevich, una de las personas más buscadas del mundo. En una macrooperación en la que participaron más de 100 agentes, el Instituto Armado, en cooperación con Interpol, detuvo a 11 rusos y realizó una decena de registros en la provincia de Málaga. Se incautó, además de notable documentación, 23 vehículos de alta gama como Ferraris, Porsches o Bentleys, así como diversas armas de fuego.

A Grinberg se le detuvo en aquel operativo, bautizado como ‘Oligarkh’. Pero cuatro meses y medio después pagó la fianza que le impuso un juez. Ingresó los 750.000 euros que le pedían, una cifra astronómica para cualquier españolito de a pie.

A este empresario del ladrillo al que el Kremlin condecoró por su labor social al frente de una fundación se le vincula con las dos organizaciones delictivas más poderosas de Rusia, la Solntsevskaya y la Izmailovskaya, rivales en su tierra natal pero hermanadas en España. Ya saben: el dinero une hasta a quienes se odian a muerte.

El día que se le detuvo, la Guardia Civil encontró 68.000 euros en su mansión de Marbella, a la que ha puesto el nombre de ‘Casa Moscú’ y en donde reside desde hace una década, cuando su mujer se enamoró de la ciudad tras pasar varios veranos veraneando en ella. Fanático del fútbol y del Spartak de Moscú, en 2015 compró el Marbella FC. El club estaba a punto de desaparecer y el ruso puso encima de la mesa un cuarto de millón de euros para hacer frente a las deudas que tenía.

Grinberg atiende a EL ESPAÑOL en exclusiva a finales del pasado mes de noviembre, sólo unas horas después de dejar de ser el dueño del Marbella tras venderlo a un grupo inversor chino. Por ahora mantiene un 22% de las accciones.

De talante afable y gesto tranquilo, asegura que en prisión perdió 22 kilos, aunque vivió “tranquilo”. Grinberg tiene un hijo menor de edad que está estudiando en Marbella y otra que reside en Rusia, de 26 años. Ella es quien se encarga allí de los negocios de papá, todos relacionados con la construcción y el alquiler de inmuebles. Un intérprete ruso traduce la castellano las palabras de este vegano con cara de no haber roto nunca un plato.

- Se le detiene en septiembre de 2017 junto a otros 10 compatriotas. Sólo cuatro, entre ellos usted, ingresan en prisión. En concreto, a usted se le acusa de blanquear dinero para la mafia rusa. ¿Acabará en prisión?

No. En 2019 cumplo 50 años. He tenido una vida muy complicada. De joven estuve en el ejército ruso. Al dejarlo, comencé en los negocios alquilando almacenes y vendiendo locales. También entré en el sector de la construcción. Pero el día que me detuvieron fue el más difícil de mi vida. No porque me asustara. No por miedo. Pero sí por el sentimiento de injusticia que viví.

- La Guardia Civil y el juez que instruye su causa piensan que usted ha servido como testaferro de las dos mayores mafias que existen en su país. ¿Qué tiene que decir a eso?

Es una historia fantástica. Nunca pude imaginar una pesadilla igual. Los que me conocen en Rusia y en España saben que es mentira. Cuando pensé en instalarme en España pedí a mis abogados que fueran meticulosos con los impuestos y con toda la documentación necesaria para estar aquí legalmente. Todo mi dinero es legal. En Moscú trabajan 1.000 personas para mí.

Grinberg está acusado de blanquear dinero de la mafia rusa procedente del crimen organizado. Marcos Moreno

- ¿Por qué decide instalarse en Marbella?

Yo venía aquí de vacaciones con mi familia. A mi mujer le encanta Marbella. Y en Rusia la situación no es estable. Decidí invertir aquí por esas razones.

- ¿En qué año se instala en Marbella y por qué compra el club de fútbol de la ciudad?

Llego aquí en 2008, aunque antes había venido de vacaciones. Lo del Marbella fue una compra casual. El club estaba al borde de la desaparición. Yo vivía medio año aquí y medio en Rusia. Por casualidad, un amigo me comentó que se vendía el club. Yo siempre fui un aficionado muy grande al fútbol. Allí [en Rusia] ya tenía relación con ese mundo. 

- Se le acusa de blanquear dinero a través de sus empresas… [Grinberg también tiene negocios de restauración y de alquiler de inmuebles]

[Risas] Lavaba de tal manera que mi mujer casi me echa de casa de tanto dinero que perdía. Me reprochó que invirtiera tanto sin recibir recompensa. Le dije que estuviera tranquila, que eran inversiones que algún día nos iban a reportar dinero. Pero inversiones legales, nada más.

- Entonces ¿no tiene relación con la mafia rusa?

Ninguna. Me relacionan por conocer a gente de ese mundo, pero nada más.

- ¿Conoce a Arnold Tamm¿ [En realidad, el periodista se refiere a Arnold Spivakovsky, al que se definió como el mayor capo mafioso ruso detenido en España; cayó en la operación ‘Oligarkh’]

Sí. Lo conocí aquí en Marbella hace tres o cuatro años.

- ¿En ese momento sabía quién era él?

No, hasta ahora no he sabido quién era en realidad. Yo soy una persona de negocios muy conocida en mi país, pero nunca me hablaron de Arnold Tamm. Simplemente era un conocido, no un amigo. Yo tengo muchas relaciones con la gente rusa de aquí.

- La semana antes de su detención, ¿estuvo con él?

Coincidí con él en una fiesta de una chica que cumplía 18 años.

- Se ha dicho que usted y su gente agasajaron a Tamm en su viaje a España con fiestas en discotecas, yates lujosos, prostíbulos…

Yo no estuve en nada de eso, se lo aseguro.

- A usted se le embargaron todas las cuentas. ¿Cómo puedo pagar 750.000 euros de fianza?

Parte de este dinero lo puso mi hija, alrededor de 200.000 euros. El resto lo puso un amigo mío que por desgracia murió después mientras esquiaba.

- Pasó cuatro meses y medio en prisión. ¿Cómo vivió esa experiencia?

Comparado con el servicio militar de Rusia, fue sencillo. Lo hice en 1987, cuando estábamos en guerra con Afganistán. Yo estaba en la frontera, en una zona muy peligrosa. Aquella experiencia me sirvió para estar tranquilo en prisión. Cuando llegué vi cómo el resto de presos se alejaban de mí cuando estaba en sitios comunes. Me sentí como un asesino. Entendí el miedo que pueden provocar los mafiosos de mi país (risas).

- ¿Por qué ha vendido el Marbella FC?

Porque necesito ingresos. Me quedo con un 22% de acciones. El club se queda en buenas manos.

- Si sale absuelto de un futuro juicio, ¿se quedará a vivir en España?

Cuando salí de prisión, hablé con mi mujer y decidimos que volveríamos a Rusia. Pero la vida es muy larga, no sé qué haremos.

- Usted afirmó nada más salir de prisión que decir ‘ruso’ en España es sinónimo de delincuente…

En la cárcel tuve mucho tiempo para pensar. En Marbella viven unos 20.000 rusos. En España, alrededor de 300.000. Siempre se escucha que los rusos vendemos drogas, armas, robamos coches, somos estafadores… En la cárcel de Alhaurín de la Torre había unos 1.700 presos de todo el mundo. Sólo había cuatro rusos, entre ellos yo. Cuando veo películas de mafia rusa, los directores son de EEUU. Sí existe la mafia rusa, pero está en Rusia, no aquí. Fuera de su casa, el ruso no se siente poderoso.

Grinberg acaba de vender a un grupo inversor chino la mayor parte de sus acciones del Marbella FC, aunque todavía posee el 22%. EFE

- ¿Nunca ha tenido contacto con nadie de la mafia rusa en Marbella?

Nunca.

- En el juzgado hay intervenciones telefónicas y documentación que supuestamente le vinculan a ella.

Mis abogados tienen más de 12.000 conversaciones de pinchazos telefónicos. Pero no hay nada en ellas contra mí. España se ha gastado mucho en la operación en la que se me detuvo, pero yo no he hecho nada.

- Entre esas conversaciones, ¿aparece Arnold Tamm en algún momento?

No, en ninguna.

- ¿Por qué le detienen entonces?

Porque la relación entre Rusia y la UE no es buena. No descarto que España esté tomando represalias contra los ciudadanos rusos que vivimos aquí. No puedo negar que haya rusos que traigan aquí dinero para blanquear, pero igual que aquí vive gente con pasado oscuro. Eso sí, yo no soy de esos, no tengo ninguna relación con esa gente.

- ¿Me quiere hacer creer que se le detuvo injustamente?

Sí. En 1992, tras la caída de la URSS, empecé a hacer negocios. En mi país ni siquiera existía la Hacienda pública. En algunas zonas de Rusia había almacenes abandonados. El Estado empezó a traspasar esas fábricas y naves a los ciudadanos por muy poco dinero. Decidí que a todo lo que entrara importado en Rusia, al menos una parte, yo podría darle cabida durante horas o días en mis almacenes. Los acondicioné para combatir el frío. Así empecé a hacer fortuna con los negocios. No necesito más dinero ni me gustan los cuentos de la mafia rusa.

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