Pepe Barahona Fernando Ruso

“Me saldría más a cuenta tener una vaca en el patio y ordeñarla en cada desayuno”, bromea Ángela. Gastando más de 100 litros de leche al mes, el chascarrillo de esta madre esconde algo de verdad. Con siete hijos, de entre diecisiete y cuatro años, deja estupefactos a los del supermercado cada vez que les encarga la lista de la compra. “El problema es cómo meto yo la vaca en el patio”, sigue Ángela con mucha guasa a escasos días del inicio del curso escolar, que para ella es “un jaleo, aunque mucho menos que las vacaciones”.

Este año, a la familia Grosso de la Lama se le ha juntado el deshacer las maletas con preparar las mochilas. El regreso de su primer viaje al extranjero casi se pisa con la vuelta al cole. El equipaje está en medio de las escaleras y ya empiezan a aparecer las primeras listas con el material escolar. “Vamos por partes”, apuntan con una sorprendente tranquilidad los padres del clan: Borja y Ángela. Él es ingeniero y trabaja en Ayesa, una multinacional andaluza de ingeniería; ella trabaja para una empresa del Grupo Caixabank.

“En las vacaciones —a Londres y a Bruselas—, todos cuidamos de todos; yo me responsabilizo de Borja, nuestro hijo con síndrome de Down; Ángela, mi mujer, se ocupa de Pablo; Belén, mi hija mayor, atiende a Juan y Pepe; y Paz, de Ángela”, explica el padre. El modelo, que ha asegurado la vuelta de todos y con el equipaje al completo, también se aplica en el regreso a las aulas.

Los menores se apoyan en los mayores, se revisa el material que se puede aprovechar y se compra lo imprescindible, rebuscando en las oportunidades de la segunda mano. “Nos tomamos todo con calma; de hecho, todavía no hemos preparado nada, tenemos la tranquilidad de que todo sale”, asegura sereno Borja, de 45 años y el más pequeño de una familia también numerosa de ocho hermanos. “Todo sale”, insiste.

Los 841 euros que nunca gastarán

Según la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), los primeros gastos del colegio oscilan entre 841 y 1.086 euros por niño en función de si su colegio es público, concertado o privado. El monto español es mayor que las cifras que se manejan en Francia (de 165 a 682 euros), Italia (unos 982 euros) o Reino Unido (209 euros). Sin embargo, países como Alemania (6.000 euros de media) o Bélgica (de 285 a 1.550 euros) superan con creces la inversión del español medio.

La familia Grosso de la Lama compartiendo mesa durante el almuerzo. Fernando Ruso

Estas cifras no se acercan ni de lejos al desembolso que harán los Grosso de la Lama en este arranque del curso escolar. “Yo calculo unos 100 euros entre el material y la mochila”, ajusta Ángela por encima.

La OCU asegura que comparar los precios de los libros antes de comprar puede suponer un ahorro de hasta 40 euros en el caso de los manuales de la ESO y de 30 en Primaria. Según un estudio en el que se incluyen más de 3.300 referencias, el gasto medio en libros de texto en 2017 fue de 131 euros en el caso de Infantil y de 301 para los estudiantes de Bachillerato. Según la organización de consumidores, los precios se han incrementado en un 3,4% para el curso que empieza.

“Ahora, con esto de la moda de la venta por Internet, nosotros mismos vendemos los libros que ya no nos sirven; claro, a un precio menor, pero cuando multiplicas por siete, el ahorro se nota”, explica Borja, que se encarga de la intendencia y de las grandes compras.

“En el vestuario, tenemos familiares y amigos que nos prestan la ropa que a sus hijos ya no les sirve; nosotros también lo damos, y esa ayuda siempre se nota”, sigue el padre de Belén (17 años), Paz (16), Borja (14), Juan (12), Pepe (9), Ángela (8) y Pablo (4).

“A mí siempre me ha dado igual heredar la ropa de mi hermana, o de mis primas”, asegura Paz, la segunda de los siete, que este año se estrena en Bachillerato de Artes. Aunque reconoce que la situación ha cambiado: "Ahora ya quiero elegir mi ropa, me empieza a molestar que me tenga que poner algo que yo no he escogido”.

Juan, el mediano, apunta: “A mí tampoco me importa heredar la ropa de mis hermanos, aunque sí de mis hermanas; que también he heredado sus pijamas rosas”. Su comentario desata las risas.

Una casa en la que siempre pasa algo

La risa es una constante en la casa en la que residen los Grosso de la Lama. “Es lo mejor de tener una familia numerosa, siempre hay cosas para divertirte" detalla Juan, para quien lo peor es "el poco silencio que hay”.

A Juan sus hermanos le llaman el Coronel “porque cuando era más pequeño era más mandón” y media en las eventuales discusiones de los pequeños. “Muchas veces, cuando hay peleas, ellos se dicen: ‘¿A que me chivo a Juan?’; porque siempre pongo orden”, explica. “A mí eso me gusta, porque me siento útil, apreciado”, confiesa.

La casa en la que todos habitan es una vivienda adosada de 70 metros cuadrados de planta y cuatro alturas: sótano, primera y segunda y azotea. “Nos gustó la casa y le vimos posibilidades”, apunta la madre. “Nunca nos planteamos ser familia numerosa, fue surgiendo”, añade el padre.

Juan, Borja y Pepe, en un cuadro familiar. Fernando Ruso

Los espacios en la casa se dividen por el uso: el sótano para la zona de juegos, con las piezas de Lego tiradas por encima de las mesas; la primera planta es para uso común, con el salón y la cocina; la segunda para dormir, repartidos en cuatro habitaciones con varias literas; y la azotea, con vistas a las torres de la turística Plaza de España de Sevilla, para buscar la quietud.

Las dos mayores, Belén y Paz, estudian en bibliotecas cercanas porque “en casa es imposible con el ruido”. Belén reconoce que con el tiempo "te acostumbras y no se nota que seamos tantos”. Es una casa en la que "siempre pasa algo", según apunta Paz, ya que "hay muchos niños de todas las edades y es muy divertido”. Tanto ella como su hermana mayor han adoptado el rol de cuidadoras con el resto de la familia. “Intento que ellos me cuenten sus cosas, sus problemas”, asegura.

A medida que las mayores han ido creciendo se han granjeado la confianza de sus padres. También del resto de la familia, que de vez cuando les solicitan sus servicios como niñeras para que estén a cargo de los más pequeños. “A nosotras nadie nos gana en experiencia”, bromea la primogénita, que inicia en este curso su etapa de universitaria.

1,12 euros de matrícula

En septiembre, Belén empezará a estudiar el doble grado de Derecho y Dirección y Administración de Empresas en la Universidad de Sevilla. Su matrícula ha costado 1,12 euros; Paz, la segunda, se estrena este año en Bachillerato de Artes; el resto estudia en colegios públicos a excepción de Juan, que se muda a un centro concertado que cuesta 55 euros al mes. Su uniforme, 140. Todos estudian cerca de casa, para minimizar el coste de los desplazamientos.

“La universidad no me preocupa”, afirma Ángela. “Mientras sean buenos estudiantes, lo hagan en la pública aquí en Sevilla y puedan mantener las becas, no debe de ser un problema. (...) Todos son buenos estudiantes”.

Según el último estudio sobre familias numerosas elaborado por la Federación Española de Familias Numerosas, el 50% de las familias considera que la vuelta al cole es el gasto especial que más afecta a la economía familiar. En este caso, los gastos se sitúan en unos 200 euros por niño, una cifra inferior a las de otras familias con menos hijos. El mismo informe subraya que casi la mitad de las consultadas, el 48%, llega con dificultades a final de mes.

“Vivimos un poco al día, no nos falta de nada”, defiende Borja. “Y, claro, algo hay que reservar para la vuelta al cole porque es un gasto importante de material, de libros… Pero se puede”.

El alimento, el mayor desembolso

La comida es, según su experiencia, el gasto más importante al que se enfrentan. Ninguno de los siete hijos tiene, o ha tenido, beca para el comedor. “Como tanto el padre como la madre trabajan, pues no nos corresponde”, argumenta ella. Pero hasta en esa inevitable compra se puede ahorrar. “Evitamos las marcas porque son las que engordan las facturas”, explica Borja.

En la casa de los Grosso de la Lama se hacen dos grandes compras al mes de unos 150 euros cada una. A esto hay que sumarle las de menor cuantía que suponen los productos más perecederos. “Comemos mucha arroz, pasta y legumbres… comidas sencillas”, sigue el padre. Y más de 100 litros de leche al mes. “A los que hay que sumar las galletas, cereales…”. En total, según un cálculo aproximado, la familia gasta unos 700 euros mensuales en comida.

El día que EL ESPAÑOL los visita, se sirve pasta con carne. “Mi comida favorita”, apunta Pablo, el menor de los siete hermanos. “No soy el pequeño, soy mediano”, puntualiza con cuatro años y mucho desparpajo.

Paz, a la izquierda, choca sus manos con Borja, mientras Pablo se sube en el sofá. Fernando Ruso

De todos los hermanos, el más tragón es Borja, el tercero, un adolescente de catorce años con síndrome de Down que se sabe de memoria el horario de clase de todos sus hermanos. Desayunando no perdona los dos vasos de leche. Él es el primero que se levanta cada mañana. “Me gusta el colegio”, zanja poco antes de coger la flauta y tocar el himno de Andalucía. “Nunca pensé que mi hijo llegase a tocar un instrumento”, confiesa con admiración su madre.

Ayudas para la vuelta al cole

El hecho de que Borja hijo tenga un 65% de discapacidad con un síndrome de Down diagnosticado ha logrado que la familia reciba ayudas más abultadas -tanto públicas como privadas- que las que recibiría sólo por ser una familia con siete hijos. Gracias a la norma que regula los subsidios a las familias numerosas, los Grosso de la Lama recibirán a partir de este septiembre 300 euros por sus siete hijos a diferencia de los 200 de años anteriores. A esa cifra sumarán otros 100 por la discapacidad de Borja.

En total, la familia recibe 400 euros mensuales como anticipo a las deducciones fiscales. La cuantía engorda dos veces al año, en septiembre y junio, con 500 euros semestrales también por la enfermedad del niño.

Estas son las ayudas públicas, que no son las únicas que percibe esta familia sevillana. La Caixa, empresa para la que trabaja Ángela, entrega en cada vuelta al colegio algo más de 100 euros por hijo, que con el caso de Borja se dispara hasta un total de 6.000 euros. A todo lo anterior hay que sumar los beneficios sociales que reciben de la Fundación Ayesa, ligada a la multinacional donde ejerce el padre y que aporta cantidades con las que se cubren gastos como las actividades extraescolares o las terapias de Borja.

Ángela explica a EL ESPAÑOL que la mayoría de las ayudas las reciben "por Borja", aunque "todas redundan en el beneficio común. (...). De otra forma sería impensable”.

Más allá de estas ayudas, en ambas empresas son conscientes de las necesidades que tiene una familia numerosa. “Tratan de ser más flexibles a la hora de proponerme viajes fuera de España”, asegura Borja. “Noto más comprensión, pero trato de separar a mi familia de la empresa porque no me gusta ser diferente al resto de mis compañeros”, zanja.

Más hijos, más fácil la educación

Cabe apelar a la comprensión de los docentes para cuadrar las agendas. “Por lo general, hay poca sensibilidad”, lamenta Ángela. Con tanto niño en edad escolar, se complica la asistencia de los padres a las reuniones. “Las ponen todas a las mismas horas; y tratamos de ir a todas saliendo un poco antes de una y llegando tarde a otras”, explica la madre, que cree que, por lo general, "todo está planteado para familias con menos hijos".

Borja contemplando junto a su madre Ángela el listado de materiales que el centro requiere para el arranque del curso escolar. Fernando Ruso

Según los datos más recientes del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, en 2016 en España había censadas 507.775 familias con tres hijos o más, límite que marca la consideración de familia numerosa. Solo con tres hijos, había registradas 419.131 familias; con cuatro hijos, 68.189; con cinco, 14.704; con seis, 3.699; con siete; 1.189; con ocho, 501; con nueve, 211; y con diez hijos o más, 151 familias.

“Ahora se pide que los padres se involucren demasiado en las tareas escolares de los hijos y recuerdo que, antes, mis padres no tenían que participar tanto en las actividades de los niños”, se queja la madre. “Ahora se les ponen actividades que directamente tienen que hacer los padres y, claro, eso es un problema para nosotros”.

Pero hasta eso tiene solución. “Nosotros vamos a lo fundamental”, desvela Ángela. “Mis hijos son muy autónomos y si necesitan algo, se lo piden a otro hermano mayor, a mí recurren cuando es algo importante”.

“Lo mejor de una familia numerosa es que es más fácil educar a los niños”, defiende su marido. “Los pequeños aprenden de los mayores, juegan entre ellos y no hay que prestarles tanta atención; a diferencia de una familia con un hijo único, que demanda toda la atención a sus padres; en esta casa se reparten esa atención que todos necesitan”.

Lo que no reparten los Grosso de la Lama son los grupos de WhatsApp del colegio, que recaen en su totalidad en Ángela. “Imagina, por cada niño, un grupo de clase”, se queja. “Es algo horrible, excesivo, agotador”, cuenta la madre. Las tardes de los días lectivos el teléfono de Ángela es un sonar continuo de nuevos avisos. “Dejas el móvil un momento y de golpe ves 80 mensajes nuevos y por no hablar de las fotos de los cumpleaños o de las excursiones… Es algo desproporcionado”.

Con todo, el inicio del colegio es en la casa de los Grosso de la Lama una vuelta a la normalidad. Ángela lo reconoce entre risas: “Prefiero la rutina y la vuelta al cole a las vacaciones, eso sí que es estresante”.

Ángela, Borja, Pepe y Juan por las calles del barrio de El Porvenir, donde reside la familia. Fernando Ruso