El estrés y la falta de autocuidado son las principales causas del malestar por la vuelta a la rutina tras las vacaciones
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¿Qué nos pasa al volver de vacaciones? "Septiembre no provoca el malestar, lo revela"
Llega septiembre y cientos de trabajadores se enfrentan al reto de volver a enchufarse a la rutina, pero no siempre es un camino fácil
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Volver a la rutina después de las vacaciones no siempre es fácil. Dejar atrás los días de ocio, el sol y la playa o las aventuras de senderismo supone para muchas personas un cambio brusco en su día a día. Pero, ¿y si el verdadero problema no fuera septiembre? ¿Y si las vacaciones simplemente ponen de manifiesto un malestar que ya estaba ahí antes?
Con la vuelta al trabajo y a la rutina aparece también el llamado síndrome postvacacional, un malestar que puede manifestarse en forma de bloqueo mental, sensación de no haber descansado lo suficiente, falta de ilusión ante la rutina, estrés, ansiedad o tristeza.
"No es ni un trastorno ni una depresión. Es un término coloquial que se usa para referirse a un malestar transitorio que aparece cuando el cuerpo y la mente pasan de un ritmo relajado a uno más estructurado y exigente. Es importante señalar que no todas las personas lo sufren. De hecho, muchas personas esperan con ilusión otro tipo de rutinas o la disciplina del invierno", explica la psicóloga Alba Martínez.
La profesional de la salud mental destaca que, más que un síndrome, se trata de una reacción del organismo ante la vuelta a un entorno en el que la persona no se siente a gusto: "Muchas personas llegan al verano con estrés acumulado. Las vacaciones alivian, pero no reparan del todo. Septiembre no provoca el malestar, lo revela. A veces es el reflejo del desgaste del año, no sólo del verano".
La experiencia que vive cada persona es diferente y puede estar condicionada por la duración de las vacaciones, ya sean de una semana o de un mes. "El sistema nervioso necesita calma, y cuanto más contraste experimente, mayor probabilidad de sensaciones físicas desagradables", apunta Alba.
Además, destaca que existe una sociedad enferma de productividad, en la que se premia hacer más, más rápido y sin descanso: "Luego nos sorprende que el cuerpo proteste cuando tiene que volver a una rutina que nunca le dio espacio para respirar".
Distinguir la pereza del cansancio
A pesar de que volver al trabajo puede hacerse bola a cualquiera, es importante diferenciar cuándo se trata de cansancio puntual y cuándo puede haber detrás un estrés acumulado. "El malestar postvacacional también implica cansancio, pero es mucho más profundo y sostenido en el tiempo que la pereza. No solo se extiende a septiembre, octubre o noviembre, sino que es mucho más cíclico", señala la psicóloga.
De hecho, recalca que un motivo de consulta muy frecuente es la sensación de estar quemado, agotado y de no poder desengancharse o frenar del trabajo. "El síndrome postvacacional suele durar en torno a dos semanas; si esto se prolongase mucho en el tiempo, estaríamos hablando de algo más profundo", indica Alba.
Las principales causas del malestar son la acumulación de estrés y la falta de autocuidado: "Muchas personas piensan que cuidarse es comer sano y machacarse en el gimnasio, y se olvidan de escuchar las señales de pausa de su propio cuerpo, sus límites de batería social o, simplemente, de priorizar sus descansos". En esta línea, la psicóloga señala que suelen utilizar sus días de vacaciones como "escape" para seguir haciendo cosas sin permitirse tiempo de desconexión.
Tampoco las redes sociales ayudan mucho a mejorar este problema: "Generan mucha exigencia y expectativas no realistas, tanto a la hora de planear unas vacaciones o un verano perfecto —en el que parece que tienes que estar en un montón de planes— como en la idea de volver a la rutina con fuerza y en modo productividad 'a tope'".
Consejos para volver a la rutina sin sobrecargarse
El primer consejo es tomarse las cosas con calma. "No volver de golpe al 100%, incluso dejar unos días previos para 'no hacer nada'", dice. Tampoco entrar en multitarea los primeros días, introduciendo actividades y obligaciones poco a poco, sin sobrecargarse.
Alba también propone planificar la semana con realismo: "Genera mucha más satisfacción el ir observando cómo se cumplen pequeños objetivos, que la frustración de grandes metas no realistas". También recomienda realizar actividades placenteras que nos hayan funcionado durante las vacaciones, priorizar el descanso nocturno y los tiempos para "no hacer nada". Además, recomienda que frente a sentirse mal, lo más importante es hablar de ello en lugar de ocultarlo.
Por último, para Martínez el cambio pasa por "dejar de patologizar" septiembre y hablar de cómo cuidarse a lo largo del año. "La clave no está ni en agosto ni en septiembre, sino en los otros diez meses del año", concluye.