Heinz Ferlesch, director del Réquiem de Mozart

Heinz Ferlesch, director del Réquiem de Mozart

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Heinz Ferlesch: "El Réquiem de Mozart se mueve entre una expresividad dramática poderosa y una profunda interioridad"

Este domingo, el Palacio de la Ópera de A Coruña acogerá el concierto 'Réquiem de Mozart-Hacia el Paraíso', interpretado por el conjunto Barucco y el Barucco Vokalensemble, bajo la batuta de Heinz Ferlesch, una de las figuras más destacadas del panorama coral europeo

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Este domingo, A Coruña se prepara para una experiencia musical inolvidable en el Palacio de la Ópera: Réquiem de Mozart – Hacia el paraíso, un viaje espiritual de más de mil años interpretado por la orquesta de instrumentos originales Barucco y el Barucco Vokalensemble, bajo la dirección de Heinz Ferlesch.

En esta entrevista concedida a Quincemil, el maestro revela cómo surgió el concepto del programa, que une el canto gregoriano, Arvo Pärt, Knut Nystedt y el eterno Réquiem de Mozart en un diálogo continuo sobre paz, consuelo y trascendencia.

Hacia el paraíso traza un amplio arco espiritual que abarca más de mil años de historia de la música. ¿Cómo nació este concepto y qué desea transmitir al público?

La idea de Hacia el paraíso nació del deseo de no presentar la música como obras aisladas pertenecientes a épocas distintas, sino como un diálogo espiritual continuo a lo largo de los siglos. Desde el canto gregoriano Da pacem Domine, pasando por Arvo Pärt y Knut Nystedt, hasta llegar a Wolfgang Amadeus Mozart, se despliega un amplio recorrido que demuestra cómo ciertas preguntas existenciales han permanecido constantes en el tiempo.

Todas estas obras giran en torno a la paz, el consuelo, la fugacidad de la vida y la esperanza. Entre el coral medieval y la versión de Pärt del mismo texto median más de mil años, y sin embargo, al interpretarlas, se percibe una misma actitud espiritual. El programa quiere hacer visible que el lenguaje sonoro cambia, pero el anhelo interior permanece intacto. Es una invitación a experimentar la música como un espacio de trascendencia, más allá de las fronteras estilísticas.

El Réquiem de Mozart sigue rodeado de misterio y de una intensa carga emocional. ¿Qué enfoque interpretativo ha querido darle en esta versión con instrumentos originales?

El Réquiem en re menor, KV 626, de Wolfgang Amadeus Mozart se mueve entre una expresividad dramática poderosa y una profunda interioridad. Mi enfoque interpretativo busca resaltar con claridad esta polaridad.

La interpretación históricamente informada funciona como un medio para lograr transparencia y claridad estructural. Las líneas contrapuntísticas deben permanecer audibles, y el texto y la música han de mantener una relación viva y orgánica. Para mí es especialmente importante revelar la fuerza retórica de esta música: tanto sus momentos de máxima intensidad dramática como sus instantes de silencio y consuelo.

¿Qué aporta el uso de instrumentos históricos al carácter y a la intensidad expresiva del Réquiem?

Los instrumentos históricos no solo transforman el sonido, sino también la forma de pensar la música. El equilibrio más ligero, el color específico de las maderas o la sonoridad más suave de las trompetas naturales generan mayor transparencia y fluidez.

Esto da lugar a una forma diferente de dramatismo: menos monumental en el sentido tardorromántico, pero más directa y flexible. La transparencia permite percibir con mayor claridad la arquitectura interna de la obra. Al mismo tiempo, los pasajes más suaves adquieren una mayor intimidad y delicadeza. El Réquiem no aparece como un monumento pesado, sino como un organismo vivo que respira.

Ha incluido obras de Arvo Pärt y Knut Nystedt, dos compositores contemporáneos con una profunda dimensión espiritual. ¿Cómo dialogan estas obras con Mozart dentro de este viaje sonoro?

La música de Arvo Pärt y Knut Nystedt puede parecer, en un primer momento, muy distante en el tiempo respecto a Mozart. Sin embargo, comparten una misma actitud espiritual.

La reducción a lo esencial en Pärt y su lenguaje sonoro meditativo recuerdan, en su concentración, la fuerza arcaica del canto gregoriano. La versión de Nystedt de Komm, süßer Tod de Bach —y con ello la presencia indirecta de Johann Sebastian Bach— abre un espacio entre el tiempo y la eternidad.
De este modo se crea un diálogo a través de los siglos: Mozart no aparece como un punto final histórico, sino como parte de una tradición viva de música sacra que llega hasta nuestro presente.

A su juicio, ¿cuáles son los mayores retos para un director al abordar una obra tan conocida y venerada?

El mayor reto consiste en encontrar el equilibrio entre el respeto por la tradición y la propia responsabilidad artística. El Réquiem forma parte de una larga historia interpretativa en la que inevitablemente uno se inscribe.

Acercarse a una obra así significa conocer esa tradición sin dejarse aplastar por ella. No se trata de mostrar algo nuevo a toda costa, sino de desarrollar una lectura honesta y convincente a partir de la partitura, el texto y el material sonoro. La autenticidad es más importante que la originalidad buscada por sí misma.

Tras el gran éxito en Austria, ¿qué espera del encuentro con el público gallego en el Palacio de la Ópera?

El encuentro con un nuevo público es siempre un momento especial. La música vive del intercambio, de la tensión creativa entre el escenario y la sala.
El Palacio de la Ópera ofrece un marco impresionante para ello. Espero una atmósfera abierta y receptiva, y tengo gran interés en descubrir cómo reaccionará el público gallego a nuestro programa.

Cada ciudad y cada audiencia aportan su propia sensibilidad cultural. Precisamente en una obra como el Réquiem, que aborda temas universales, cada interpretación se convierte en una experiencia nueva y viva.