La confitería París es un local histórico de Ferrol.

La confitería París es un local histórico de Ferrol. Cedida

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El dulce equilibrio de las confiterías de Ferrol: "Apostamos por la tradición sin dejar de adaptarnos a las tendencias"

Negocios históricos y propuestas creativas comparten espacio en una ciudad donde el sabor también cuenta su propia historia

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Ferrol mantiene viva una de sus tradiciones más queridas: la confitería. En sus calles conviven negocios con décadas de historia y nuevas propuestas que apuestan por la creatividad. Dos ejemplos de esta diversidad son la histórica Confitería París y la reciente Biquiños Doces, dos modelos distintos que reflejan la evolución del sector y la transformación de los gustos del consumidor.

Mientras algunos establecimientos siguen fieles a recetas transmitidas de generación en generación, otros buscan sorprender con productos innovadores y tendencias internacionales. Sin embargo, ambos comparten un mismo objetivo: atraer a un cliente cada vez más exigente y cambiante, que valora tanto la calidad como la experiencia.

Tradición que perdura en el tiempo

Fundada en 1963 por los abuelos de César Varela, la Confitería París es ya parte de la identidad de la ciudad. "Somos un poco marca de Ferrol", afirma su actual responsable, quien ha heredado el negocio familiar tras varias generaciones dedicadas al oficio.

El relevo generacional no ha sido sencillo, pero ha permitido mantener viva la esencia del negocio. "Yo trabajo con las recetas tradicionales de mis abuelos y luego de mis padres", explica Varela, quien destaca cómo el producto estrella ha ido evolucionando: "Al principio se trabajaba más el chocolate, pero con los años el croissant se convirtió en nuestro referente".

A pesar de su carácter tradicional, la confitería ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. "Nuestra apuesta es mantener la tradición, pero estar siempre actualizados y adaptarnos a las tendencias", señala. En este sentido, reconoce que hoy en día el trabajo va más allá de la elaboración: "Hay que estar al día en marketing y hacerse ver. Las redes sociales son muy importantes".

Esta adaptación ha permitido mantener una clientela fiel al tiempo que se atrae a nuevas generaciones. Además, el vínculo emocional con los clientes es una de las claves del negocio. Muchas familias siguen confiando en la confitería para momentos señalados. "Hay gente que pasa siempre sus navidades o reyes con nosotros", comenta, reflejando el arraigo del establecimiento en la vida cotidiana de Ferrol.

Innovación y dulces diferentes

Frente a esta trayectoria histórica, Biquiños Doces representa la nueva generación de confiterías. Fundada en 2021 por Lorena, el negocio apuesta por una oferta creativa y diferente. "Si quieres un dulce distinto, tienes que venir a Biquiños Doces", resume su fundadora.

Su producto estrella, las crumble cookies, refleja esa vocación innovadora. "Tenemos una confitería creativa y productos muy innovadores", explica Lorena, que ya contaba con experiencia previa en el sector antes de abrir su propio local. Su propuesta se inspira en tendencias internacionales, adaptándolas al gusto local y apostando por una presentación atractiva.

Aunque su propuesta se aleja de lo tradicional, también se enfrenta a retos específicos. "A veces viene gente buscando un producto más clásico que no tenemos", reconoce.

Sin embargo, asegura que la originalidad termina conquistando al cliente: la mayoría acaba probando algo nuevo atraído por la oferta. "Al final siempre se llevan algo, porque lo que ofrecemos es diferente", añade, destacando el factor sorpresa como uno de sus puntos fuertes.

Un oficio con nuevos retos

Tanto los negocios tradicionales como los más recientes coinciden en señalar las dificultades actuales del sector. La burocracia, la necesidad de visibilidad y la exigencia del mercado son algunos de los principales desafíos a los que deben hacer frente en el día a día.

"Cada vez se nos exige más papeleo, y es un trabajo extra", lamenta Varela, quien también subraya el sacrificio que implica el oficio: "Cuando la gente disfruta, en festivos o domingos, es cuando más trabajo tenemos". A esto se suma la competencia creciente y la necesidad de diferenciarse.

Además, mantener un negocio de este tipo requiere vocación. "Te tiene que gustar", afirma con rotundidad. Aun así, destaca la parte más gratificante: "Disfruto creando cosas nuevas y generando ilusión en la gente". En este sentido, la pasión por el oficio sigue siendo un elemento fundamental para sostener estos negocios.

Entre la historia y la tendencia

El contraste entre ambas confiterías refleja una realidad más amplia en Ferrol: la convivencia entre la tradición y la innovación. Mientras unos clientes buscan sabores de siempre asociados a celebraciones y recuerdos, otros se sienten atraídos por propuestas modernas y diferentes, más vinculadas a tendencias globales.

En este equilibrio se juega el futuro del sector, donde la clave parece estar en adaptarse sin perder la identidad. La confitería, lejos de desaparecer, continúa evolucionando al ritmo de la sociedad, combinando historia y creatividad.

Como resume el propio Varela con el lema de su negocio, "siempre nos quedará París, pase lo que pase en Ferrol, nosotros siempre vamos a estar ahí". Una frase que, en cierto modo, también define el espíritu de un sector que sigue endulzando la vida de la ciudad.