Mesón-Museo Xente No Camiño, en Abegondo (A Coruña).
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El mesón de Galicia donde los peregrinos paran por el caldo y se quedan por los cuadros: "Es como estar dentro de un museo"
El local combina la cocina tradicional gallega con una singular colección de pinturas de Alfredo Erias que sorprende a los caminantes
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En pleno Camino Inglés, a su paso por Abegondo, hay un establecimiento que ofrece mucho más que un lugar donde comer. El Mesón-Museo Xente No Camiño combina la gastronomía tradicional gallega con un espacio decorado con decenas de pinturas de temática histórica y religiosa que convierten cada comida en una visita cultural.
Al frente del negocio está Sonia, que junto a otra cocinera y un equipo de cuatro jóvenes camareros lleva ya tres años gestionando el local.
La hostelera hace un balance positivo de este tiempo, aunque reconoce que el trato diario con cientos de peregrinos también deja anécdotas. "La experiencia es muy buena en general", resume. "Eso sí, muchos traen la comida y quieren sentarse a consumirla como si esto fuera un patio de recreo, y cuando les digo que no pueden hacerlo, se molestan muchísimo", subraya.
También menciona con cierto disgusto la percepción que algunos caminantes tienen sobre los precios, pues "llegan con la idea de que lo damos todo regalado y se asombran cuando les cobras tres euros por una ración de tortilla".
Un Camino Inglés cada vez más concurrido
Sonia ha visto cómo el perfil del Camino Inglés ha cambiado desde que abrió el negocio. Asegura que el incremento de peregrinos ha sido muy notable durante los dos últimos años y tiene clara cuál es la causa.
"Antes no había este boom del Camino Inglés. El año pasado fue una auténtica locura y este año también hay muchísima gente", afirma. En su opinión, buena parte de ese crecimiento se debe a la saturación de otras rutas jacobeas. "Los Caminos Francés y Portugués están muy masificados. Teniendo en cuenta que la ocupación estival de esas dos rutas es del 200 % y que muchísimos peregrinos no tienen dónde comer ni dónde dormir, acaban optando por el Inglés".
Además, considera que esta ruta, al ser más corta y poderse completar en cuatro o cinco etapas, "es más atractiva para las personas mayores".
Respecto a quienes pasan por el establecimiento, asegura que las diferencias entre nacionalidades también se dejan notar. "Los peregrinos españoles son muy amables y correctos, pero en el caso de los extranjeros hay de todo".
Cocina tradicional… y también hamburguesas
Aunque el menú incorpora opciones pensadas para públicos muy distintos, Sonia tiene claro que la esencia de su cocina está en lo tradicional. "Es lo que aprendí y lo que me enseñaron desde pequeña. O sea, cómo hacer un buen caldo, un buen pulpo, una buena empanada y una buena ternera", explica.
Entre todos los platos hay uno que destaca especialmente entre los peregrinos: la empanada de atún. "A todos les encanta. La dejamos preparada desde el día anterior y la metemos en el horno antes de servirla".
Entrada al Mesón-Museo Xente no Camiño, con la representación de guerreros prerromanos.
El caldo también ocupa un lugar especial. "Puedo tener mejor o peor valoración, pero todos los comensales me dan las gracias por el caldo, porque está hecho a la antigua usanza", comenta.
Eso sí, reconoce que los gustos han cambiado y que el negocio también ha tenido que adaptarse con la incorporación pizzas y hamburguesas, porque "a los más jóvenes les gusta mucho la comida rápida".
Comer rodeado de historia
Si la cocina es uno de los grandes atractivos del establecimiento, la decoración es el otro. Las paredes del local están cubiertas por pinturas de personajes históricos, escenas religiosas y motivos tradicionales realizadas por Alfredo Erias, propietario del inmueble.
“La ambientación y decoración histórica es también un poco lo que los peregrinos piden y lo que esperan ver cuando hacen el Camino”, explica Sonia.
Fue el propio Alfredo Erias quien transformó el establecimiento antes de alquilarlo. Sonia asegura que los cuadros "tienen un precio incalculable" y que Erias es "un gran profesional".
La reacción de quienes entran suele ser la misma. “A la gente le gusta muchísimo, es como estar dentro de un museo”, subraya la hostelera.
No obstante, Sonia cree que el motivo fundamental por el que muchos peregrinos terminan recomendando el establecimiento es "la calidad de la comida".