Pablo, propietario de Carnicería Ana

Pablo, propietario de Carnicería Ana Jesús Sánchez

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Esta pequeña carnicería cerca de A Coruña es un lugar de culto para los más carnívoros: maduraciones de hasta 1.900 días

Entramos en Carnicería Ana, en Cambre. Lo que parece una carnicería de barrio esconde cámaras de maduración, carnes excepcionales y las mejores hamburguesas de la zona

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“Lo que nosotros queremos es intentar acercar a la gente esa carne que se come en los grandes restaurantes, que puedan comprarla en un mismo lugar”, nos dice Pablo. Ese lugar está en Los Campones, en Cambre, a unos veinte kilómetros de A Coruña, y se llama Carnicería Ana. Lo que a primera vista parece una simple carnicería de barrio es mucho más. En su interior, varias cámaras de maduración guardan piezas y cortes de altísima calidad, algunas con maduraciones más simples y otras más extremas. Un paraíso carnívoro.

Pablo y Yessica montaron este ultramarinos hace quince años “por amor”, como nos dice él. Se acababan de casar y buscaban un negocio en el que poder estar juntos. Surgió la oportunidad de adquirir la tienda y se lanzaron a por ella.

Pero todo cambió a la vuelta de unas vacaciones, cuando el matrimonio, ya de regreso a casa, paró en El Capricho de José Gordón. “Yo iba con un bañador de Bob Esponja y mi mujer en leggings, pero José nos puso una mesa y descubrimos con él un mundo nuevo”. Tras aquella comida, José los llevó en su coche particular a las fincas de bueyes de El Capricho y decidieron que ellos también querían vender esa carne en su pequeño negocio de Cambre.

Carnes de alta calidad y unas hamburguesas épicas

“En la carnicería tenemos dos cámaras. Una de ellas, la que más llama la atención, es la que contiene los chuletones, pero hay una segunda en la que tenemos los cortes más especiales”, nos explica Pablo, que habla con pasión de la carne. En esta segunda cámara están algunas de las joyas de la corona: cortes muy especiales, más difíciles de encontrar y que suponen el auténtico punto diferenciador del negocio.

En cuanto a las maduraciones, como hemos dicho anteriormente, Pablo trabaja desde maduraciones normales hasta algunas extremas, como una presa de buey que llegó a madurar mil novecientos días.

Una de las cámaras de maduración de la carnicería

Una de las cámaras de maduración de la carnicería Jesús Sánchez

“Los clientes me preguntan mucho, me piden consejo y yo encantado de dárselo”, nos cuenta, justo después de que un hombre que había trabajado toda la vida en un matadero viniese indeciso a por una pieza de carne y acabase llevándose un corte que iba a probar por primera vez. “Yo te puedo vender una chuleta y que quedes contento, pero chuletas las hemos comido todos. En cambio, puedes llevarte cortes que seguro que nunca has oído hablar de ellos y te encantarán”.

Entre los cortes más especiales destacan la oreja de solomillo, picañas maduradas de buey con cien días de maduración o carne de wagyu japonés. Y entre los clásicos, chuletas de razas como cachena, Salers, Simmental, frisona o Aberdeen Angus. “Lo que no tenemos es rubia gallega, eso hay en todos los lados”, nos explica Pablo.

Además de estos cortes, en Carnicería Ana hay un producto estrella que hace que venga gente de todos lados a comprarlo: las hamburguesas. Las elaboran ellos mismos con sus carnes y tienen fama en toda la comarca. Las preparan de diferentes tipos, pero las que más triunfan son la clásica de vaca y la de cecina. Son hamburguesas caseras, de mucha calidad. Además, ellos mismos venden pan brioche para montarlas.

Esta carnicería de Cambre es uno de esos tesoros escondidos que uno encuentra de vez en cuando y a los que conviene seguir la pista de cerca para comprar auténtica calidad y escapar, al menos de vez en cuando, de los productos más comerciales que, en demasiadas ocasiones, invaden nuestras despensas.