Pulga de calamares del Vita-k
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Así ha evolucionado el tapeo en A Coruña: "Pasamos de lo experimental y volvemos a lo tradicional"
Las tapas clásicas conviven ahora con barras más modernas y conceptos renovados en una ciudad donde la tradición siempre acaba volviendo
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Hay cosas que en A Coruña nunca pasan de moda. Da igual cuántos restaurantes modernos abran, cuántas hamburguesas gourmet aparezcan o cuántas cartas minimalistas intenten reinventarlo todo. Al final, la ciudad siempre vuelve a lo mismo: al tapeo.
Porque A Coruña es de barras llenas, de servilletas en el suelo y de pedir "algo para picar" aunque acabes cenando. Y eso lleva décadas funcionando igual. Desde sitios míticos como Vita-K o La Bombilla hasta conceptos mucho más recientes como Victoria, Salpica o el recién llegado Bar23, lo que queda claro es una cosa: aquí las tapas siempre encuentran la forma de sobrevivir.
Aunque los precios hayan cambiado y salir a comer ya no cueste lo mismo que hace unos años, los gustos de los coruñeses siguen prácticamente intactos. En el Vita-K continúa triunfando la mítica pulguita de calamares. En la Bombilla, la croqueta sigue siendo casi religión. Son de esas cosas que cuesta imaginar desapareciendo.
Y precisamente a partir de esa tradición empiezan a surgir nuevas formas de entender el tapeo.
Eso fue lo que ocurrió hace unos 13 años con el Victoria. Dos socios vascos llegaron a A Coruña con una idea que entonces sonaba casi arriesgada: traer el concepto de pintxos al estilo del norte. Primero abrieron Mantelería y después el Victoria. No sabían cómo iba a responder una ciudad acostumbrada a las tapas clásicas, pero el razonamiento era sencillo: si aquí funciona comer de barra en barra, ¿por qué no iban a funcionar los pintxos?
Funcionaron. Y siguen funcionando. Tanto que el Victoria continúa siendo uno de esos locales que nunca pasan de moda.
Pinchos en el Victoria
Algo parecido ocurre ahora con la nueva generación de bares que reinterpretan el tapeo tradicional desde una visión más actual. Ahí entra el caso de Bar23, el último proyecto de Álvaro Victoriano, presidente de Coruña Cociña y dueño del grupo Peculiar, responsable también de locales como Charlatán, Ultramarinos Galera o Bodega 1981.
Después de años apostando por conceptos diferentes, sentía que le faltaba precisamente eso: un local centrado en el tapeo. Y volvió a funcionar.
"Se trata de conceptos menos tensos", explica. La idea es ofrecer un formato más flexible, donde el cliente pueda elegir entre tapa, media ración o ración completa. Porque, aunque las tapas siguen vendiéndose, reconoce que ahora triunfan especialmente las medias raciones: "La gente pide dos o tres para probar más cosas".
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Para Victoriano, el cambio más importante del cliente coruñés en estos últimos años es que, en realidad, ha vuelto atrás. "Tuvimos una evolución hacia lo moderno, hacia la oferta más innovadora. Pero ahora los tiempos vuelven otra vez a la tradición, a esa comida más reconocible, más segura. Hubo mucha experimentación y creo que la gente se cansó un poco".
A Coruña vuelve otra vez a lo de siempre, pero mejor presentado
Por eso también triunfan sitios como Salpica, donde el tapeo se mueve en una versión más refinada y gastronómica. "Ahí entramos ya en otra división", explica Victoriano. "Sería una barra 2.0, más actual". Un concepto distinto, más selecto y orientado a otro tipo de público, pero que sigue girando alrededor de la misma idea: compartir pequeños bocados.
Mientras tanto, los clásicos continúan resistiendo como si el tiempo no pasara por ellos. El Vita-K incluso ha abierto hace apenas unos meses un nuevo local en la calle de la Estrella, demostrando que una tapa a 1,90 euros y una barra de toda la vida siguen teniendo tirón en pleno 2026.
Y en el Victoria tampoco han necesitado reinventarse. Ignacio, uno de sus responsables, asegura que el concepto sigue siendo exactamente el mismo que cuando abrieron. De hecho, ahora han dado un paso más con Paredes, su nuevo negocio en la Marina. Allí los pintxos no son tan protagonistas, pero siguen estando presentes como parte natural de la experiencia.
Porque si algo demuestra A Coruña es que las modas van y vienen, pero el tapeo siempre acaba regresando. Cambian las barras, cambian los nombres y cambian las formas de servirlo. Pero la ciudad sigue necesitando exactamente lo mismo que hace 40 años: una caña fría y algo rico que picar encima de la barra.