8M: Siete voces de mujer para celebrar la gastronomía coruñesa en femenino
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8M: Siete voces de mujer para celebrar la gastronomía coruñesa en femenino
En el 8M, ponemos rostro al talento femenino de A Coruña: siete mujeres que lideran siete proyectos punteros en la gastronomía coruñesa y con las que reflexionamos sobre igualdad, pasado y futuro
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El papel de la mujer en gastronomía, al igual que en otras tantas y tantas disciplinas, ha estado siglos relegado a la sombra, sin reconocimiento ni visibilidad, pese a que el corazón de las cocinas siempre ha tenido rostro de mujer. Eran mujeres las que sostenían la alimentación de familias enteras en tiempos difíciles, las que transmitían recetas y herencias… las verdaderas guardianas de la memoria gastronómica.
El machismo estructural que ha regido la sociedad durante tanto tiempo hizo que lo que en casa era “una obligación femenina” apenas tuviera valor, pero cuando esa misma actividad pasó a los restaurantes y empezó a generar prestigio y dinero, fueron mayoritariamente hombres quienes ocuparon los puestos de poder, las estrellas, los premios y los titulares. La mujer quedó relegada a la cocina invisible: la del hogar, la de la trastienda, la de ayudante.
Hoy, las cosas han cambiado y las mujeres están en primera línea aportando talento, creatividad y liderando proyectos gastronómicos que antes estaban reservados exclusivamente a los hombres.
Estas son algunas de esas historias.
Iria Espinosa, chef: “Ahora mismo, en Árbore da Veira y en 5 Mares, hay trabajando más mujeres que hombres”
Iría Espinosa, Árbore da Veira
En la escena gastronómica coruñesa, independientemente de géneros, Iria Espinosa ocupa un lugar protagonista. La chef y copropietaria de Árbore da Veira, el único restaurante con Estrella Michelin de la ciudad de A Coruña, es el espejo en el que se miran muchas de las jóvenes que sueñan con hacerse un hueco en el mundo de la cocina.
A Iria le gustaba la cocina desde siempre. Empezó a cocinar con su abuela materna, con quien cocinaba los sábados para toda la familia: “me ponía a su lado, subida en un banquito, y ella me dejaba enguarrarme con lo que fuese”. Allí surgió el germen gastronómico que más adelante la llevaría a estudiar cocina y a hacerse un hueco protagonista en el panorama gastro de la ciudad.
“¿Si me he sentido en algún momento discriminada por ser mujer? La respuesta es un NO rotundo”, asegura Iria. A lo largo de su trayectoria ha trabajado con hombres que fueron sus jefes y, tiempo después, ha sido ella quien los ha dirigido y “jamás hubo ningún problema”, subraya.
“Sí es cierto que históricamente los puestos importantes en la cocina eran para los hombres, pero vamos a mejor. Ahora hay muchas más mujeres… quizás suenen menos, pero las hay”. La sensación de Iria es que el papel de la mujer mejora por momentos, y ella forma parte de esa dinámica. En sus restaurantes, Árbore da Veira y 5 Mares, hay más mujeres trabajando que hombres, y los puestos de responsabilidad están compartidos.
“No soy muy de referentes, pero si tuviese que decir una sería sin duda Ana Gago, una mujer que marcó el camino en la gastronomía coruñesa, luchó muchísimo por sacar su negocio y su familia adelante y consiguió cosas que, a día de hoy, muchos restaurantes no han podido lograr”, nos cuenta Iria sobre los espejos en los que se mira. Hoy, ella se ha convertido en ese referente tan necesario para las nuevas generaciones y lo ha hecho a través de esfuerzo, talento y valentía.
Yamila Novo, repostera: “Las mujeres, en la pastelería gallega, siempre han estado muy presentes, pero en la habitación de atrás”
Yamila Novo, Pan e Canela
En la vida de Yamila y en el nacimiento de su obrador, la presencia femenina siempre ha estado muy marcada. Su abuela, la escritora Queta Soto, fue quien le sugirió el nombre de Pan e Canela, uniendo el producto principal del negocio, el pan, con la parte dulce que también trabajan (“además, yo soy una fiel aficionada a la canela”); su bisabuela fue pastelera y Yamila creció escuchando historias sobre sus famosos pasteles de merengue de los domingos; su madre tuvo durante más de once años un café teatro; y uno de sus grandes referentes es otra mujer, su profesora del Ciclo Medio de Cocina y Gastronomía, Avelina. “Es como una segunda madre. Si alguien me tiene que dar un tirón de orejas, suele ser ella”. Un referente con quien sigue en contacto y que fue quien le impartió la clase de pastelería y panadería.
Esta joven, nacida en Arteixo, montó su obrador con tan solo 21 años, en febrero de 2024, y pasó por momentos difíciles en los que llegó a soportar jornadas de 22 horas. “Había días que, cuando salía de la panadería, me empezaba a sonar la alarma para volver a bajar al trabajo”. Pero no solo tuvo que afrontar el agotamiento, sino también situaciones frustrantes derivadas de su condición de mujer joven. “Recuerdo que, cuando estábamos haciendo la obra de la panadería, los hornos que yo tengo no necesitan salida de humos. Se lo conté al aparejador, pero por el hecho de ser mujer y, además, joven, no me hizo ni caso y tuve que llamar al responsable de la maquinaria para que fuese él quien explicase lo de la extracción del local. Tuvo que ser un hombre y no una mujer quien confirmase algo que yo ya sabía, porque no se creían que una mujer pudiera tener ese conocimiento técnico”.
“Me salva la ilusión y la pasión por lo que hago. Sin eso, sería imposible”. Y, por supuesto, el talento. Yamila ha conseguido importantes logros en prestigiosos concursos de pastelería, entre ellos el de mejor panadera joven del mundo, en parte gracias a Avelina, que fue quien la animó y la ayudó a presentarse. “La mujer en la pastelería gallega siempre ha estado muy presente, pero en la habitación de atrás. Eso está cambiando”. Y proyectos como el suyo son una muestra clara de ese cambio.
Alba Naya, sumiller: “Vivimos en una ciudad en la que, afortunadamente, las mujeres tenemos mucho peso en la gastronomía”
Alba Naya, NØR
Alba Naya no ha parado desde los diecisiete años. Tras estudiar cocina en el CIFP Paseo das Pontes, entró en contacto con dos personas clave en su trayectoria profesional: Luis Veira e Iria Espinosa, que en aquel momento estaban al frente de Alborada y que contaron con ella para abrir Árbore da Veira. “La experiencia allí me abrió las puertas para ser quien soy ahora”, nos cuenta. Fue por esa época cuando descubrió una pasión que cambió su vida: “El vino llegó sin forzarlo, pero cuando lo entendí, ya no hubo vuelta atrás”. Consciente del exigente camino que tenía por delante, inició una formación constante que mantiene hasta hoy.
Esa etapa de aprendizaje la ha traído hasta donde está ahora: en NØR, un oyster bar en el Parrote, donde se trabaja con producto muy afinado y vinos con identidad, “vinos que tienen vida”.
El reto de ser mujer en el mundo de la gastronomía ha sido constante para Alba. “En esta profesión parece que tienes que hacer un doble esfuerzo para demostrar las cosas y es un sector en el que todavía hay bastantes prejuicios. Pero, al menos en nuestra ciudad, las mujeres tenemos mucho peso en la gastronomía, con nombres como Iria, de Árbore da Veira; Ana, de Terreo; Ángeles, en Jaleo o Lola, de NØR . Yo siempre me he sentido muy arropada por mujeres en mi trayectoria”.
Su talento y su iniciativa han hecho que sus objetivos se fuesen cumpliendo, uno a uno. Preguntada por el consejo que daría a las nuevas generaciones de mujeres que quieren hacerse hueco en la gastronomía, Alba lo tiene claro: “Les diría que adelante, pero con pies de plomo y los ojos bien abiertos. Es un mundo muy exigente, que te va a poner a prueba constantemente, pero también es precioso y, al final, muy agradecido”.
Eva Rodríguez, ganadera: “En todo lo relacionado con productos ecológicos, la presencia de mujeres es mayor”
Eva Rodríguez, Granja Ameixeira
Eva es la tercera generación al frente de Granxa Ameixeira, una explotación agraria en Cesuras que produce alrededor de 150.000 litros de leche ecológica al año y cuenta con más de cien vacas. Formada en Relaciones Laborales, esta coruñesa ha tenido que superar muchos escollos para hacerse respetar en una profesión en la que las mujeres siguen siendo minoría. “Sigue siendo un mundo masculino, por muchos avances que se hayan realizado. Por ejemplo, ahora mismo voy a una formación de mi sector en la que, sin haber llegado todavía, estoy convencida de que más del 80% de los asistentes son hombres. Eso sí, noto que en todo lo relacionado con lo ecológico la presencia de mujeres es mayor”.
“Llevo 26 años al frente de la granja y he vivido de todo”, señala. Se refiere a situaciones complejas en las que ha tenido que lidiar con prejuicios y momentos incómodos. “Aquí han venido muchos comerciales a vender algún producto preguntando ‘por el jefe’. ¿Qué les digo? Que se van a tener que ir, porque en esta granja no hay jefe…”. Y es que a Eva no le van las medias tintas. Nos habla claro, alto y con carácter. Ese que le ha llevado a hacerse un hueco en un mundo con una presencia masculina tan dominante.
“Históricamente, a la mujer se le ha dado la responsabilidad de cuidar la granja y, al mismo tiempo, la casa, los niños, los suegros y los padres… y al hombre no. La mujer es más todoterreno”. Eva tiene una hija de once años, pero tiene claro que jamás le impondrá continuar con el legado familiar. “Únicamente si ella quiere. Decida lo que decida hacer, yo la apoyaré”.
Tatiana Longueira, cocinera: “No imagino un futuro en el que no esté trabajando en una cocina”
Tatiana Longueira, Casa Pita
La historia de Tatiana se podría resumir en dos conceptos: pasión y superación. Pasión por la cocina, que desde muy pequeña ha ocupado una parte fundamental de su vida, y superación para afrontar y vencer las adversidades que se ha ido encontrando en el camino. “Desde muy pequeña estoy obsesionada con la cocina. Me acuerdo de que los viernes mis padres me dejaban ponerme el mandil, tomar la comanda y prepararles la cena, unos huevos rellenos o cualquier cosa, pero yo era feliz”.
El camino, sin embargo, no siempre ha sido sencillo. Hace unos años sufrió un duro golpe cuando le diagnosticaron esclerosis múltiple y le dijeron que debía dejar la cocina y el deporte. Pero Tatiana no se dio por vencida: luchó, se adaptó y siguió adelante. Cinco años después de aquella noticia continúa al pie del cañón, trabajando en la cocina y practicando deporte, incluso boxeo, demostrando que su determinación ha sido mucho más fuerte que cualquier diagnóstico y que la cocina es también una vía para superar cualquier dificultad. “Para mí la cocina es desconexión. Yo llego a trabajar, me pongo a cocinar y no existe nada más”.
Tatiana nunca se ha sentido infravalorada por ser mujer, todo lo contrario. “Sinceramente, nunca he tenido problemas por ser mujer. Nunca me he sentido discriminada… Mano a mano he trabajado con muchas más mujeres que hombres y, en gastronomía, bajo mi punto de vista, las mujeres somos las que llevamos las riendas”.
Una de las personas que más la han marcado y que sigue siendo un referente es la chef pontevedresa Beatriz Sotelo, con la que se inició en la cocina y, según afirma Tatiana, “responsable en un 80% de que me guste tanto”. El camino, no obstante, ha sido largo, pasando por todo tipo de negocios de hostelería, incluido un gasthof, del que guarda muy buen recuerdo: “Allí aprendí la rapidez que tengo hoy cocinando”.
“A las nuevas generaciones de mujeres cocineras: luchar, formaros y podréis conseguir cualquier cosa” nos dice con convicción.
Sonia Rodríguez, agricultora: “Aprendo mucho de la sabiduría de las mujeres mayores”
Sonia Rodríguez, Lúa de Dexo
Sonia Rodríguez es una mujer hecha a sí misma. Sin una formación específica en la materia, se presentó a unas oposiciones en la Xunta y consiguió una plaza como bombera forestal, una de sus grandes pasiones. Pero su curiosidad, su inquietud innata y la aparición en su vida de Fran, su marido, la llevaron directa al campo y al frente de Lúa de Dexo, un proyecto en Lorbé que nació como centro de formación y que terminó transformándose en un invernadero especializado en tomates. A día de hoy ha ganado diferentes concursos nacionales con su Amaralla, un tomate cherry verde.
“Yo de huerta conocía lo que cualquiera puede saber de la huerta de su casa… eso sí tiene huerta, claro”. Sonia empezó a aprender sobre el terreno, a base de trabajo. “Llevamos los ritmos del sol: nos levantamos con él y con él nos acostamos”. En un mundo tan masculinizado como el campo, donde las mujeres siempre han estado mucho más presentes de lo que se decía, abrirse camino no es sencillo. “Hay gente para todo, siempre te encuentras con quien te mira diferente… pero yo hago oídos sordos. Y no son la mayoría”.
Sonia tiene muy presente la sabiduría de las mujeres mayores y nunca se cansa de escucharlas: “Me encanta escuchar a las mujeres mayores y aprendo muchísimo de su experiencia en el campo, cuando me explican cómo debo cuidar una u otra semilla, ya que son variedades antiguas que ellas saben perfectamente cómo funcionan”. A su vez, se muestra orgullosa del presente femenino, en el que las mujeres “ya nacen empoderadas, y eso es una suerte”.
Coral Pereiro, panadera: “Nunca me sentí discriminada por ser mujer, pero cuando fui madre… las cosas cambiaron”
Coral Pereiro, Arca do Millo
Coral nunca se había sentido discriminada por ser mujer. “Siempre tuve un buen trabajo, un buen sueldo… siempre he tenido una buena vida laboral, muy ligada a la restauración”. La situación cambió cuando fue madre. Al volver de su baja, quince días después, se quedó sin trabajo y fue entonces cuando decidió lanzarse a la aventura de emprender. Así nació Arca do Millo, una panadería sin gluten en la calle Panaderas, donde elaboran todo de forma artesana, desde la materia prima hasta el producto final. El negocio abrió en 2022 y, a base de esfuerzo, se ha consolidado como uno de los referentes para personas celíacas en la ciudad.
El camino no ha sido fácil. “Empecé entrando a trabajar a las dos de la mañana… ahora ya tengo un equipo fantástico a mi lado y unos horarios algo menos duros”. Ser mujer nunca ha sido un impedimento para Coral. “A día de hoy hay muchísimos más hombres que mujeres en el mundo de la panadería y la pastelería gallega, pero el público no tiene ningún problema. Además, en mi equipo estamos bastante equilibrados… tres mujeres y dos hombres”.
“Admiro a muchas mujeres ligadas a la gastronomía, como Lucía Freitas o Toñi Vicente. Son mujeres que, aunque no conozco personalmente, son referentes para mí”. Coral cree firmemente en el trabajo duro, algo que siempre ha practicado y que la ha llevado hasta donde está hoy.
El 8M es una fecha para reivindicar y para reconocer. En A Coruña, la gastronomía tiene cada vez más nombres propios de mujer que lideran, emprenden, cultivan, crean y resisten proyectos gastronómicos de un alto valor. Historias distintas, trayectorias diversas, pero una misma certeza: el talento no entiende de género.