Rosa junto con el rector de la UDC, Ricardo Cao

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Rosa Rodríguez regresa a la universidad en A Coruña tras triunfar en Pasapalabra: “Pasaba 12 horas haciendo roscos”

La ganadora del mayor bote de la historia de Pasapalabra -2,7 millones de euros- ha visitado este jueves la facultad de filología de la UDC, el mismo lugar en el que se graduó

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Hoy Rosa dio respuesta a la pregunta que todos nos estábamos haciendo: qué se siente teniendo en el banco la cantidad millonaria de 2.716.000 euros.

La respuesta, en parte, nos la imaginábamos. Por el momento no tiene nada. De hecho, lleva desde que entró en ‘Pasapalabra‘ viviendo de ahorros. “Las cosas en televisión van despacio”, ríe. Aún así, no es solo el premio lo que llama la atención, sino la capacidad de agilidad mental que tiene la filóloga para llegar hasta allí. Y es que esto no es como que te toque la lotería. Esto hay que currárselo.

Dos años estuvo estudiando Rosa antes de presentarse siquiera al casting del programa. “Me había quedado sin trabajo con la pandemia y ahí empecé a estudiar”, contaba ante la atenta mirada de profesores y alumnos que acudieron este jueves al coloquio impartido por Rosa Rodríguez en la Universidade da Coruña, el mismo centro en el que se graduó de filología y la misma sala en la que expuso esu TFG.

Sus profesores ya la recordaban como una persona “inteligente, brillante, intuitiva”. Explicaba la moderadora del encuentro. Hablaba de su tranquilidad “pero rápida en ejecución”. Fueron todos esos adjetivos y más los que la llevaron a convertirse en la última ganadora del bote millonario del histórico programa de televisión.

En el mismo lugar en el que defendió su trabajo de fin de grado, Rosa volvió este jueves convertida en un fenómeno televisivo. Durante más de un año, millones de personas la vieron cada tarde enfrentarse al rosco de Pasapalabra hasta completar los 25 aciertos que le dieron el mayor bote de la historia del programa. Pero para quienes la conocieron en las aulas de la facultad, seguía siendo la misma alumna “a la que todos recordamos con muchísimo cariño”.

“Ya apuntaba maneras de aquella”, comentaban algunos de sus antiguos profesores antes del inicio del coloquio. Inteligente, curiosa, motivada y con una enorme capacidad de aprendizaje. “Era intuitiva, tranquila, pero muy rápida en la ejecución”, resumían. Una estudiante que fue evolucionando a lo largo del grado hasta terminar con premio extraordinario y que, años después, acabaría haciendo historia en televisión.

La periodista Sandra Faginas, también graduada en Filología y encargada de moderar el encuentro reconoció entre risas que “Rosa supo cómo sacar crédito de lo que son las letras”.

Porque si algo dejó claro Rosa es que nunca dudó de su vocación. “En ningún momento tuve dudas. Siempre supe que quería hacer Filología”, aseguró. Una decisión que, reconoce, estuvo muy ligada a la educación recibida en casa. “Mis padres pensaron siempre en lo que sería mejor para sus hijos. Yo escogí la vocación. Ahora siento que les devuelvo todo lo que hicieron por mí y siento orgullo”.

La preparación para Pasapalabra comenzó mucho antes de que el público supiera siquiera quién era. En febrero del 2021 empezó un proceso casi obsesivo. “Veía a los concursantes y decía: cómo saben tanto. Me fascinaba”, recordó. Los primeros meses los dedicó únicamente a aprender. La pandemia y quedarse sin trabajo hicieron el resto: “Pasaba unas doce horas delante de la pantalla haciendo roscos. Todo el tiempo que estaba despierta se lo dedicaba al concurso”.

El método era tan exhaustivo como peculiar. Estudiaba caminando. Hacía listas de palabras y las asociaba mentalmente a personas o lugares concretos para memorizarlas. “Mucho trabajo de visualización”, resumió. En total, calcula haber hecho unos 3.000 roscos durante su preparación. “Estudiadas eran 76.000 palabras”.

La parte más dura no era aprender, sino retener. “Lo más difícil es la memoria”, confesó. “Lo maravilloso de la memoria es que no hay un único sistema”. Rosa habló de los desafíos mentales a los que se enfrentó durante el proceso y también del desgaste psicológico que supone vivir durante años centrada únicamente en acumular conocimientos. “2025 es el primer año de mi vida que no leí ni un solo libro. Llega un momento en el que dices: me estoy volviendo loca”. Y es que cada palabra le recordaba a algo.

Y aun así, siguió adelante. “Estuve dos años estudiando antes de que nadie supiera que existía”, explicó. “No sabía si todo lo que estaba estudiando iba a valer para algo”. Porque en Pasapalabra no hay garantías. “Puedes tirarte veinte años estudiando y que no llegue nunca. El temario es infinito y cada vez es más difícil”.

El camino hasta el concurso tampoco fue sencillo. El casting comenzó en Santander y desde el primer momento entendió el nivel de exigencia. “Me llamaron y directamente me hicieron un rosco por teléfono”, recordó entre risas. Después fueron llegando nuevas pruebas: primero cada dos meses, luego mensualmente, hasta conseguir entrar en el programa. Curiosamente, cuando recibió la llamada definitiva ni siquiera había visto nunca un programa completo de Pasapalabra de principio a fin.

Su paso por televisión duró quince meses.

Antes de convertirse en concursante estrella, Rosa ya llevaba años dedicada a la enseñanza. Empezó a trabajar como profesora de español con apenas 21 años y parte de su trayectoria profesional continuó en Boston. Allí comenzó una carrera académica que poco tenía que ver, aparentemente, con el plató de televisión en el que acabaría haciendo historia.

Pero escuchándola hablar durante el coloquio, quizá no resultaba tan extraño. Detrás de los 2,7 millones de euros no había suerte ni casualidad. Había miles de horas de estudio, una memoria entrenada hasta el límite y una filóloga obsesionada con las palabras.