Carolyna Ramos junto a su hijo Deivid, en A Coruña

Carolyna Ramos junto a su hijo Deivid, en A Coruña

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El idioma como puente entre Brasil y A Coruña: "Quiero mantener mi lengua a través de mi hijo"

En la ciudad herculina, hablar la lengua de origen en casa es, para algunas familias, una manera de no perder el vínculo con su historia

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Cada 21 de febrero se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna, una fecha impulsada por la Unesco para promover la diversidad lingüística y el respeto por todas las lenguas del mundo. Es una jornada simbólica que nos recuerda que cada idioma es una forma única de mirar la vida, de nombrar los afectos y de transmitir la cultura de generación en generación.

En una ciudad como A Coruña, donde conviven el castellano y el gallego con total naturalidad, la riqueza lingüística forma parte del día a día. Pero hay realidades que añaden todavía más matices a ese paisaje sonoro. Son las historias de quienes llegan desde otros países y construyen aquí su hogar, trayendo consigo palabras, acentos y canciones de cuna que traspasan océanos.

Porque emigrar no solo implica adaptarse a un nuevo clima, a unas nuevas costumbres o a una nueva gastronomía. También significa aprender a vivir en un lugar donde, muchas veces, nadie habla tu lengua materna. Supone hacer un esfuerzo constante por integrarse, por entender y hacerse entender. Y, en medio de ese proceso, surge una pregunta íntima: ¿cómo mantener vivas las raíces?

Hablar para no olvidar

Ese es el caso de Carolyna Ramos, una joven brasileña que se trasladó a vivir a A Coruña en 2010 y que, con el paso del tiempo, echó raíces en la ciudad. Su hijo, Deivid, de 11 años, nació ya en España y crece entre el gallego y el castellano, pero en casa escucha otra melodía: la del portugués de Brasil, la lengua de su madre.

Carolyna tiene claro que hablarle en brasileño no es solo una cuestión práctica. Es un acto de amor. Es la manera de tender un puente entre dos mundos. De asegurarse de que su hijo no pierda el vínculo con sus raíces, con las historias familiares que comenzaron mucho antes de que él naciera.

"Siempre le hablo en portugués porque quiero que aprenda mi idioma natal y quiero mantener mi lengua a través de él", explica. Para ella, el idioma es identidad y memoria. Deivid entiende el portugués a la perfección, aunque todavía no lo habla con total fluidez. Aunque todavía no se expresa con total soltura, Deivid comprende perfectamente el portugués. "Lo intenta cada día", añade con orgullo.

Tanto Carolyna como Deivid mantienen el contacto con su familia, que continúa viviendo en Brasil. Las llamadas y los mensajes frecuentes ayudan a mantener vivo ese vínculo que el idioma sostiene.

"Transmitir las raíces y la cultura" podría resumir el motivo que la impulsa cada día a mantener viva su lengua en el hogar. Porque en esas palabras están también las tradiciones, las celebraciones, la música, los recuerdos de infancia y una identidad que no quiere que se diluya con el paso del tiempo.

Carolyna y su hijo Deivid

Carolyna y su hijo Deivid

El idioma oficial y predominante en Brasil es el portugués, hablado por casi el 98% de su población. Aunque es la misma lengua que en Portugal, el portugués brasileño tiene acento, vocabulario y gramática propios. Además, se hablan más de 150 lenguas indígenas, junto con comunidades que mantienen idiomas como el alemán e italiano.

Según datos recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) y análisis de 2026, la población nacida fuera de España ha cobrado gran relevancia en A Coruña. A principios de 2026, se reporta que el 15% de los empadronados en la ciudad viven o han nacido en el extranjero.

Más que palabras

Para muchas personas migrantes, comunicarse con sus hijos en su lengua materna es fundamental. No se trata solo de que los pequeños sean bilingües -que también es un regalo-, sino de algo más profundo: poder expresar emociones en la lengua en la que se aprendió a sentir.

Las primeras palabras que escuchamos de bebés, las canciones que nos dormían, las frases de cariño o de consuelo… Todo eso queda grabado en nuestra memoria emocional. Por eso, cuando una madre o un padre decide mantener su idioma en casa, está ofreciendo a sus hijos una herencia invisible pero poderosa.

En una fecha como el 21 de febrero, el Día Internacional de la Lengua Materna nos invita precisamente a reflexionar sobre estas realidades cotidianas. Nos recuerda que cada lengua cuenta, que ninguna es pequeña y que todas merecen ser protegidas y celebradas.

En A Coruña, como en tantas otras ciudades, hay niños y niñas que crecen cambiando de idioma según el contexto: gallego en el colegio, castellano con los amigos, portugués con mamá. Y en esa mezcla no hay pérdida, sino riqueza. Hay apertura, identidad múltiple y la posibilidad de sentirse en casa en más de un lugar del mundo.