Antonio Gerpe, responsable del Toñito de A Coruña
Ofrecido por:
25 años del Toñito de A Coruña: El popular bar que nadie conoce por su nombre real
El establecimiento de la calle Vista abrió como bar hace 25 años de la mano de Antonio Gerpe, conocido como Toñito. Hace casi 50 años el abuelo del dueño se hizo con este espacio que posteriormente regentaron sus padres y era la parrillada Las Cambotas
Más hostelería: Estas son las mejores calles de Galicia para ir de tapas
La noche coruñesa es de por sí animada y como bien dice la canción y se cumple, en la ciudad hay muchos aficionados a "andar de parranda e durmir de pé". Uno de los locales más míticos para hacerlo y que ha conquistado a varias generaciones es un bar de la calle Vista, en el centro.
Todo el mundo lo conoce como Toñito, pero pocos saben que su nombre real es el Aquí mismo y desde hace 25 años está detrás de la barra su dueño, Antonio Gerpe, más conocido como Toñito.
A sus 47 años sigue al pie del cañón en este negocio que abre las noches de martes a sábado: "Me noto con fuerzas y seguiré más tiempo, igual otros 25 años no, pero de momento me mantengo", dice con optimismo.
El bar no siempre fue como ahora, sino que en los inicios de este negocio familiar que fundó el abuelo de Gerpe hace casi medio siglo y que posteriormente regentaron sus padres, el local nació como parrillada Las Cambotas. "El bar lleva conmigo desde que nací porque lo llevaron mis padres desde que llegamos a Galicia procedentes de Suiza", rememora.
Por motivos de salud durante un tiempo el local estuvo en otras manos que no eran las de la familia Gerpe, ya que sus padres se hicieron con una casa de comidas que se traspasaba frente al Playa Club en Riazor, El Penalti.
Años después, gracias a la insistencia de un amigo, Gerpe volvió a hacerse con lo que hoy es El Toñito y la historia se escribe cada noche al otro lado de la barra.
El bar de referencia de "los jóvenes y no tan jóvenes"
Gerpe detalla que cuando empezó el local como parrillada, la clientela era gente del barrio, muchos obreros. La parrillada inicialmente era de leña, luego pasó a carbón y posteriormente se hacía la carne en plancha.
"Era una hostelería muy esclava, mis padres estaban en el negocio todo el día. Yo hacía allí los deberes y mis padres no libraban ningún día a la semana, por lo que cuando era adolescente y con más años eché una mano", detalla.
Cuando Gerpe se hizo con el local tenía claro que no quería vivir como sus padres, por lo que apostó en transformar la parrillada en un bar que abría por las tardes y hasta la hora de la primera copa, donde la gente podía tomar sus cafés y cubatas "reunirse y estar tranquilos".
Posteriormente, fue abriendo más tarde porque comprobó que no compensaba abrir tan temprano, una medida que agradece porque le ha ayudado a conciliar con su familia, además de sacar tiempo para formarse en soldadura y estudiar hostelería para mejorar en la profesión. Gracias a estos últimos conocimientos hace unos años introdujo cócteles en El Toñito.
Sobre su rutina, reconoce que "muy rara vez un jueves tengo gran afluencia", pero apunta que martes, miércoles y jueves viene gente habitual, amigos de toda la vida que llevan años parando en el bar y define el ambiente como "muy tranquilo".
Abre de martes a jueves desde las 22:00 horas hasta las 2:30 y viernes y sábado hasta las 3:00 horas. Estos dos últimos días subraya que la afluencia de gente es mayor.
"Cuando abrí venía gente muy joven y ahora esa clientela ha envejecido pero sigue viniendo", dice satisfecho, a la vez que matiza que la edad de quienes regentan el bar va desde los 25 a los 60 años. "Hay jóvenes y no tan jóvenes", cuenta entre risas.
Bebidas con precios competitivos y predominio del licor café
Gerpe agradece que su bar esté en una zona de paso en el centro de la ciudad y cercano a zonas de moda como la plaza José Sellier o plaza de la Urbana, como las coruñeses la denominan.
Para tratar de diferenciarse ante la competencia próxima, apuesta por bebidas con precios competitivos con copas desde 5 euros y cócteles únicos como los mojitos de licor café con espuma de lima.
Aclara que por 5 euros en El toñito se puede beber un ron como Negrita y por 6 euros un ron de caña de siete años, además de cócteles como Daikiri por el mismo precio. Expone que el ron se vende muy bien pero que en el bar el licor café es muy popular porque apostó desde el inicio por servir uno de alta calidad. En definitiva, el bar triunfa gracias a los chupitos, copas y cervezas.
Entre las bebidas más originales, se encuentra el chupito kalashnikov, con una base de vodka y aderezado con naranja que se flambea. En cuanto a las memorias del bar, a la hora de elegir entre las miles de vivencias que se han dado entre esas cuatro paredes, Gerpe recuerda con especial cariño una noche que un amigo le ayudó en el bar y en la que casualmente una chica se quedó encerrada en el baño.
Su compañero ayudó a salir a la mujer y el tiempo quiso que se enamorasen, se casasen y tuviesen una hija. La racha del amor no se acabó ahí y El Toñito unió dos corazones más, uno detrás de la barra (el de Gerpe) y el de su actual pareja, que era clienta y acudía habitualmente.
Interior del Toñito, en A Coruña.
En otra ocasión El Toñito incluso acogió una boda, en la que los novios tras firmar en el Ayuntamiento celebraron el enlace con sus amigos por todo lo alto, todos ellos disfrazados porque era Carnaval.
Asimismo, en el bar se pueden celebrar otros eventos como cumpleaños, dado que se permite traer comida propia y solo se cobra a los asistentes por las bebidas que consuman. No es de grandes dimensiones, pero lo suple con su gran personalidad gracias a los murales y detalles que luce en sus paredes o por una gran mesa con la que bromea Gerpe que tiene más años que él mismo.
Concretamente, El Toñito tiene una capacidad de cuatro mesas altas y una grande y una pequeña bajas. Como entretenimiento, se puede jugar a juegos de mesa, pero Gerpe señala que lo que más demanda la gente son las cartas y dardos y en su momento un Risk versión coruñesa que tuvo que retirar porque quedó inutilizado de tanto uso: "hay barrios en los que no puedes meter ejércitos", bromea.
Gerpe admite que "el bar es como un niño que ves crecer" y añade que con los años se ha tranquilizado ese ambiente de noches a rebosar en los que no cabía dentro nadie más: "Se ha llegado a un equilibrio, viene gente y se está tranquilo, no hay problemas", concluye Gerpe, todo un conocedor de la noche coruñesa sobre la que podría hasta escribir un libro cuando se retire.