Óscar Naveiras, de Kelea

Óscar Naveiras, de Kelea D:D. El Español

Opinión

Un robot ya puede hacer tu trabajo. Tu ventaja es que de momento sales más barato

Un nuevo estudio de Anthropic estima que los robots actuales pueden realizar tres cuartas partes de las tareas físicas. Que no veamos esa automatización en nuestro día a día tiene una explicación: las personas todavía somos más baratas

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No sé vosotros, pero cada vez que aparece una nueva ola de robots, como en las recientes Olimpiadas de Robots de Pekín, siempre me pregunto: ¿Qué serán capaces de hacer? ¿Serán estos los que nos reemplacen?

Esta semana he sido consciente de que me estoy haciendo la pregunta equivocada. Y es que Anthropic, después de analizar miles de tareas de la economía estadounidense, ha llegado a la conclusión de que alrededor del 75% del trabajo físico que se realiza actualmente en Estados Unidos podría ser realizado ya por robots.

Y entonces me pregunto: si esto es así, ¿por qué no están las fábricas, los almacenes, los restaurantes, las obras o las minas llenos de robots?

Pues por dinero. Porque poder hacerlo no significa que compense hacerlo.

Muchas veces, desde fuera de un negocio, imaginamos la automatización como una frontera únicamente tecnológica. Primero, una máquina no sabe hacer algo; después, aprende a hacerlo y entonces es cuando sustituye a la persona.

Pero esta ecuación obvia la variable financiera y el retorno de la inversión. Y es que un robot puede ser perfectamente capaz de soldar, mover mercancía o preparar alimentos y seguir sin tener sentido económico para un negocio.

Por poner un ejemplo, Anthropic estima que sustituir determinadas tareas de empaquetado en un almacén logístico puede empezar a resultar competitivo, ya que calcula unos 45.000 dólares anuales de coste operativo si las ejecutan robots, frente a aproximadamente 49.000 dólares si el trabajo lo realiza una persona.

Pero en otros trabajos la ecuación cambia totalmente. Por ejemplo, automatizar todo lo que rodea al trabajo de un soldador puede terminar costando unas cinco veces más que emplear a una persona.

Por lo tanto, aunque la tecnología exista, el caso de negocio todavía no. Y esa diferencia me parece fundamental para entender lo que puede ocurrir durante los próximos años.

Bajo mi punto de vista, con la robótica, a partir de ahora, el punto de inflexión será el precio.

Por eso, en el día a día de nuestras empresas, debemos dejar de estar pendientes de cada nuevo salto en la inteligencia de los robots: mejores dedos, mejor visión, mayor capacidad de razonamiento... Y es que, para que esta nueva ola pase de ciencia ficción a la realidad, el factor más importante no será una nueva capacidad, sino una gran bajada en los costes.

Este enfoque ha cambiado mi forma de observar esta industria.

Si fabricar robots se abarata, aumenta su vida útil, disminuye el mantenimiento y una persona puede supervisar cada vez más máquinas, habrá tareas que entonces sí atravesarán peligrosamente una línea, la de la rentabilidad.

Y cuando eso ocurra, la adopción será rápida precisamente porque el problema técnico ya estaba resuelto.

Está claro que de momento existen límites a la automatización, ya que un determinado trabajo no siempre es una serie perfecta de tareas repetibles. En muchas tareas se necesita hacer frente a la complejidad a través de relaciones humanas, negociación, gestión de conflictos, regulación y muchas otras habilidades extremadamente difíciles de automatizar.

Por eso, a partir de ahora, ya no debemos preguntarnos qué trabajos es capaz de hacer una máquina. Ahora debemos preguntarnos…

¿A qué precio deja de tener sentido que ese trabajo lo haga una persona?

Porque repito, para mí el momento decisivo para la robótica no llega cuando vemos a un robot haciendo algo que nunca había hecho. Llega el día en que hace lo mismo que ayer pero a la mitad de precio.