Paloma Anca

Paloma Anca

Opinión Hoy estoy sembrada

Gente que me suena

Paloma Anca relata una situación que todos hemos vivido en alguna ocasión

Publicada

Hace unos días me pasó algo:

Iba corriendo, concentrada en sobrevivir al Paseo Marítimo y al calor, cuando vi que de frente, venía un señor que me miraba fijamente. Muy fijamente. De esas miradas que solo pueden significar: “te conozco” o “me debes dinero”.

Empecé a revisar mi agenda mental. Pero nada. No lo ubicaba. Así que hice lo que haría cualquier persona educada en mi situación: saludar. “Será amigo de mis padres o un vecino de hace años”, pensé.

Fue un saludo correcto, educado, sin excesos. De hija bien.

Pero el señor no me devolvió el saludo. Ni media sonrisa. Ni un gesto. Ni nada. Siguió mirándome, eso sí, pero ahora con la misma cara que le había puesto yo unos segundos antes pone la gente cuando piensa: “¿y esta quién es?”.

Tierra, trágame. Aceleré el paso la carrera para abandonar rápido esa escena y dejar de ser la chica que saluda a señores desconocidos con entusiasmo. No lo conseguí.

A todos nos ha pasado. Vas por la calle y ves que se acerca una persona que te suena. Te suena lo suficiente como para no ignorarla. Pero no tanto como para ubicarla.

Esa persona podría ser desde la mejor amiga de tu tía Mari Carmen hasta alguien con quien compartiste pupitre en 1993. O peor aun, alguien al que sigues en Instagram y que no tiene ni idea de que existes. Y ahí llega la duda ¿saludar o no saludar? ¿Te lanzas o te escondes? Unos segundos para decidir qué versión de ti sale a escena.

Está la versión valiente. La que se tira a la piscina sin mirar y saluda con entusiasmo, confiando en que en algún momento aparecerá la pista que la salve. A veces funciona. Otras veces te preguntan por tus hijos, a ti, que ni tienes hijos ni planes de tenerlos en esa conversación.

Después está la prudente. La del gesto mínimo. Ligera inclinación de cabeza, media sonrisa y contacto visual de un segundo. Puede ser un saludo o un tic. Nunca arriesga. Nunca gana. Tampoco pierde queda como la loca que saluda a señores desconocidos.

También está la “evitadora". Esa que ante la duda, mira al móvil y empieza a escribir este artículo con la concentración de un opositor.

Dependiendo del momento elegimos una versión u otra. Sin pensarlo mucho porque todo ocurre muy rápido y muy lento a la vez. Como cuando en una película alguien, antes de morir, ve su vida pasar. Pero en tu caso, en vez de recuerdos bonitos, pasa una lista desordenada de posibles identidades.

Es del gimnasio. No, del trabajo ¿No es la chica del marco de fotos que todavía no he cambiado? No, es el chico que conocí de copas en El Antiguo en 2016. Creo que es el camarero del restaurante de debajo de casa, que sin uniforme me descoloca. Ah, no, es un ex de Lucía.

Desde mi incidente en el Paseo Marítimo con el supuesto amigo de mis padres, cuando veo a gente que me suena, sonrío y acelero un poco. Lo primero, por si me conoce. Lo segundo, por si hay deudas pendientes.