Lili Lorenzo
La Super Bowl, cargada de declaraciones
Una reflexión de Lili Lorenzo sobre el uso de la IA en el trabajo
Llevo meses explicando que la inteligencia artificial no quita trabajo.
Y a la vez automatizando procesos que antes hacían personas.
¿Contradicción? Solo en apariencia.
Lo que automatizo son tareas que nadie debería estar haciendo a mano en 2026. I´m sorry. Clasificar correos. Mover archivos. Ordenar carpetas. Rellenar campos. Generar informes que siempre dicen lo mismo.
Hacer clic aquí para que pase esto allá. Una y otra y otra vez.
Hay un término para describir el momento que estamos viviendo. Geoffrey Moore lo llamó "el abismo": esa fase de la curva de adopción tecnológica en la que la promesa ya ha sido anunciada, pero la implantación real todavía cojea.
Las empresas han invertido en herramientas de IA. Han formado —o intentado formar— a sus equipos. Y ahora se encuentran con algo que no esperaban: resistencia interna. Personas que ven en esas soluciones una amenaza a su puesto, que dudan, que frenan iniciativas con el silencio como estrategia.
No les falta razón para tener miedo. Lo que les falta es perspectiva.
El trabajo que está desapareciendo —el que se puede automatizar con un flujo en n8n o una integración en Make— nunca fue la parte estratégica de ningún puesto. Era el lastre. Las tareas mecánicas que consumen energía cognitiva y no generan ningún valor real a largo plazo, el que nos empuja al presentismo y las jornadas fijas.
La revolución agéntica viene a liberar el criterio.
La oportunidad real está en pasar de ser ejecutores a convertirnos en arquitectos. En convertir el tiempo recuperado en visión de negocio.
En empezar a hacer el trabajo que sí requiere relación, decisión y contexto, que es precisamente lo que ningún agente de IA puede replicar.
El trabajo que vale no lo toca ningún flujo automatizado.