Las grandes caídas rara vez ocurren como en las películas. No hay sirenas, ni explosiones, ni un momento exacto que podamos señalar con el dedo y decir: aquí empezó todo. Suelen ser silenciosas, progresivas, casi educadas. Cuando queremos reaccionar, el imperio ya está vacío por dentro.
Durante años —décadas, en realidad— aprender a programar fue una mezcla de vocación y penitencia. No porque fuese imposible, sino porque era lento. Muy lento. Si algo fallaba, la solución no estaba a un clic de distancia. Había que buscar en libros, revisar documentación incomprensible, probar una opción, fallar, probar otra. Perder horas. Perder días. Aprender a base de insistir.
Luego llegó Google y, con él, una promesa nueva: ya no eras el único al que le pasaba eso. Alguien, en algún rincón del mundo, había tenido exactamente el mismo problema y, con un poco de suerte, había explicado cómo lo resolvió. El conocimiento empezó a parecerse menos a una carrera de obstáculos y más a un camino compartido.
En ese contexto nació y creció Stack Overflow. No era solo una web: era un archivo colectivo de frustraciones resueltas. Preguntas mal formuladas, respuestas brillantes, discusiones interminables sobre la forma correcta de hacer las cosas. Todo ordenado, todo indexado, todo pensado para sobrevivir en Google. Tanto que acabó dominándolo. Si buscabas un error de programación, lo más probable es que Stack Overflow te estuviese esperando.
El éxito fue tan evidente que en 2021 un gran holding decidió comprar la plataforma por 1.800 millones de dólares. Una cifra que no se paga por una moda pasajera, sino por la convicción de que eso —ese modelo, esa forma de resolver problemas— iba a seguir siendo imprescindible durante muchos años.
Y entonces apareció la inteligencia artificial generativa.
Número de preguntas al mes en Stack Overflow desde 2008 hasta la actualidad
No como una amenaza directa, no como un sustituto declarado, sino como algo mucho más incómodo: una alternativa mejor. ChatGPT no te enviaba a diez enlaces distintos. No te obligaba a leer discusiones de 2014. No te decía que tu pregunta estaba mal formulada. Simplemente te respondía. Al instante. Con contexto. Con explicaciones. Adaptándose a lo que necesitabas.
Y en ese momento, casi sin ruido, el hábito cambió. Dejamos de buscar respuestas para empezar a pedirlas.
Hoy la pregunta no es qué ha pasado con Stack Overflow. La pregunta es cuánto vale ahora. Cuánto vale un imperio construido sobre ser el intermediario imprescindible cuando alguien ha eliminado la intermediación. El gráfico —ese que circula sin necesidad de demasiados comentarios— es bastante claro. Lo que en 2022 era sistémico, ahora es irrelevante.
Esta misma semana se ha producido algo que se ha llamado “SaaSgeddon”. En apenas un par de días, compañías de software como servicio (“SaaS”, Software as a Service) de todo el mundo perdieron entre todas unos 300.000 millones de euros de cotización bursátil. ¿El motivo? Una inteligencia artificial llamada Claude ha añadido una nueva funcionalidad llamada CoWork que amenaza con reemplazar a los bufetes de abogados, los sistemas de CRM y gestión, y los analistas financieros. Las acciones de gigantes como SAP, ServiceNow o Salesforce se desplomaron.
Pocos gigantes se van a derrumbar con la contundencia y la rapidez de Stack Overflow, pero muchos negocios están cambiando a mayor velocidad que nunca.