La transición posvacacional es un momento clave en los equipos para paliar esa “cuesta arriba” que nos pasa factura en septiembre al recuperar la rutina y productividad después del verano.

Volver no es solo una cuestión de organización, sino también de gestión de tiempos y de emociones. El verano representa, en muchos casos, un paréntesis de desconexión, libertad y descanso. Retomar el ritmo puede generar desmotivación, dispersión e incluso una cierta apatía. Liderar con eficacia en septiembre requiere algo más que marcar objetivos: exige empatía, visión y una gestión inteligente del equipo.

A esto se le suma que muchas personas se replantean su relación con el trabajo en el periodo estival y esto explica por qué septiembre y octubre suelen ser meses de picos de rotación. En España un 6 % de los empleados cambia de trabajo cada trimestre y el 60 % de los trabajadores practican la renuncia silenciosa.

Por eso se vuelve clave detectar señales de desgaste, desmotivación o desconexión emocional, para poder prevenir salidas imprevistas en el último periodo del año. Tenemos que asumir que la relación profesional empresa-trabajador se ha redefinido, poniendo el foco en cómo lideramos nuestras empresas y negocios marca la diferencia.

El liderazgo no es jerarquía, sino empatía y colaboración. Tenemos que promover culturas que desarrollen el talento y lo inspiren para fidelizar equipos y combatir el absentismo laboral.

Esta es una de las principales causas de pérdida de productividad y competitividad para las empresas españolas. Unida a la escasez de talento, pone a muchos sectores en la cuerda floja para garantizar su eficiencia y capacidad de respuesta ante las demandas del mercado. Y esta situación solo se puede modular desde un liderazgo que ponga a las personas en el centro.

Fomentar el bienestar como estrategia de liderazgo pasa por revisar dinámicas internas y promover una escucha activa, una inversión de tiempo que dará garantías de productividad y compromiso antes de pisar el acelerador para la recta final de año.

En este momento, se vuelve clave transmitir confianza. Generar espacios de conversación informal, reconocer logros pasados, entender qué retos existen para los próximos meses y poner en valor pequeños avances hará que los equipos se contagien de energía y dinamismo.

También hay que marcar un rumbo claro con objetivos hacia final de año muy vinculado a reenfocar metas que se alineen con el propósito corporativo, sobre todo para las nuevas generaciones.

No podemos pretender la máxima productividad en la primera semana, por lo que debemos evitar instaurar esa presión en las personas que gestionamos. Todos necesitamos unos días para readaptarnos. En la medida de lo posible, hay que buscar una vuelta gradual y fluida, garantizando la eficiencia y productividad para dar respuesta a las necesidades de la compañía.

Además, en un momento en el que nos encontramos en una convivencia de distintas generaciones con demandas distintas tenemos el reto de saber adaptarnos para poder ajustarnos a ellas.

Entender todo esto con visión estratégica, inteligencia emocional pero, sobre todo, conectando desde lo humano, nos permitirá liderar desde el ejemplo. Promover un equilibrio entre la presión de la productividad y el cuidado del bienestar de los equipos ayuda a construir una cultura de compromiso que dé garantías para cerrar el año.

Ángel Pidal

Director general de Grupo Clave.