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Antía, 41 años, lleva 13 de alquiler y ve imposible comprar un piso: "Vivir con dignidad es un derecho que estamos perdiendo"

La difícil situación del acceso a la vivienda, ya sea de compra o de alquiler, no entiende de edades y afecta a toda la sociedad por igual

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La vivienda en Galicia atraviesa uno de sus momentos más delicados para una buena parte de la población. Según los datos de Idealista de junio de 2026, el precio medio del metro cuadrado se sitúa en 1.587 euros. Sin embargo, el problema va mucho más allá de una cifra: acceder a una vivienda, ya sea en propiedad o en alquiler, se ha convertido en una carrera de obstáculos.

Se habla mucho de las dificultades de los más jóvenes para emanciparse, pero la realidad es que el problema no entiende de edades. Personas de 30, 40 o incluso más años, con empleo estable y una trayectoria laboral consolidada, también encuentran enormes barreras para acceder a una vivienda.

Es una realidad que conoce de primera mano Antía, una gallega de 41 años que, después de hacer aquello que tradicionalmente era necesario para conseguir una estabilidad —estudiar, formarse y trabajar—, vive de alquiler desde hace 13 años y no puede ni plantearse comprar un piso en propiedad.

"Una persona sola, si no tiene un buen sueldo, es imposible que compre un piso"

Antía tiene 41 años y lleva independizada desde 2013. En estos trece años siempre ha vivido de alquiler y, aunque reconoce que le gustaría tener una vivienda en propiedad, nunca lo ha contemplado como una posibilidad real. "Realmente nunca he tenido en mente lo de comprar vivienda. Me gustaría, como creo que a todo el mundo, pero siempre he vivido de alquiler", explica.

Su situación cambió por completo hace un año, cuando los propietarios del piso en el que residía decidieron venderlo. Le ofrecieron comprarlo antes de ponerlo en el mercado, pero le resultó inviable. "Lo que yo podría ofrecer no llegaba ni a la mitad", comenta.

El verdadero problema llegó después. Encontrar otro alquiler se convirtió, según relata, en una experiencia "horrible", aunque finalmente consiguió un piso acorde a lo que necesitaba. "Tuve mucha suerte. He visto pisos terribles por 800, 900 o más de 1.000 euros". Lo cierto es que no hay más que dar un repaso a los portales inmobiliarios para ver los precios de alquileres en ciudades como A Coruña o Vigo.

Y es que el problema ya no afecta únicamente a los jóvenes. Antía considera que cualquier persona que viva sola y tenga un salario medio encuentra enormes dificultades para acceder a una vivienda. "Una persona sola, si no tiene un buen sueldo, es imposible. O tienes muchos ahorros o los pisos se compran porque tus padres te apoyan, porque tú por mucho que quieras ahorrar… es imposible".

Así, ya no es que gran parte de la población no pueda comprar una propiedad, sino que hasta les resulta complicado poder alquilar un piso en buenas condiciones o, al menos, hacerlo de forma individual, sin pareja, amigos o el apoyo de familiares. "Entonces, ¿qué hacemos?", se pregunta.

La experiencia de Antía refleja una realidad que comparten muchas personas en la actualidad. El acceso a una vivienda, ya sea en alquiler o en propiedad, se ha convertido en un reto incluso para quienes cuentan con un empleo y unos ingresos estables.

"Esto tiene que parar en algún momento o tendremos que hacer que pare"

Más allá de su experiencia personal, Antía cree que la crisis de la vivienda refleja un problema estructural que requiere una respuesta política y social.

La falta de alternativas, asegura Antía, obliga a aceptar condiciones que en otras circunstancias muchos rechazarían. "Lo que siento es que se está jugando con la necesidad de las personas. Si no lo alquilas tú, lo va a alquilar otro". Entre los mayores problemas, las cláusulas y prácticas abusivas: "Ves los contratos y ves todo y dices: 'Por Dios'. Aceptas cosas con las que no estás muy de acuerdo porque no encuentras otra cosa. Te ves con el agua al cuello y pasas por la rueda", afirma.

Otro tema es la creciente desigualdad entre generaciones. Mientras sus padres pudieron ahorrar y acceder a una vivienda con relativa facilidad, esa realidad ha desaparecido para buena parte de quienes hoy tienen salarios medios. "Noto que hay una diferencia generacional. Antes la gente trabajaba y ahorraba. Ahora mismo, ahorrar viviendo solo es muy complicado".

Por ello, insiste en que el acceso a la vivienda no debería depender de la situación familiar o de encontrar pareja para compartir gastos. "Es una elección vivir con alguien o no, pero si no quieres compartir, parece que tienes que malvivir".

Su reflexión final es también una llamada a la acción. "Esto tiene que parar en algún momento o tendremos que hacer que pare. Socialmente hay que hacer algo". Recuerda que vivir con dignidad es "un derecho constitucional" y que, lamentablemente, "estamos perdiendo".

La dificultad para acceder a una vivienda digna se ha convertido en un gran problema para gran parte de la sociedad. El aumento de los precios, la precariedad y la falta de alternativas limitan la capacidad de muchas personas para desarrollar un proyecto de vida con estabilidad.

"Todo el mundo debería poder acceder a la vivienda en condiciones, como tú quieras, tanto de alquiler como de compra. Lo que no puede ser es que trabajes tantas horas de tu vida y no puedas hacerlo", sentencia Antía.