Raquel, Ana y Rami, empleadas de los almacenes Mayo Molina de A Coruña.
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Las últimas horas de dos mercerías de A Coruña: "No dan los números y los jóvenes ni nos miran"
La propietaria y las empleadas de Mei, en Cuatro Caminos, y de Almacenes Pascual Mayo Molina, en Os Mallos, atienden a multitud de clientes desde que el cartel de liquidación por cierre los recibe en sus escaparates. "No quiero endeudarme, sino acabar bien"
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Ha sido poner el cartel de liquidación por cierre en el escaparate y empezar a recibir una avalancha de clientes. La mercería Mei, en Cuatro Caminos, y los almacenes textiles Mayo Molina, en Os Mallos, ambos de la misma propiedad, van a poner fin a sesenta años de actividad comercial, pero cada establecimiento se ha llenado de compradores en el último mes.
Batas, pijamas, ropa interior, calcetines... "De todo y todos los días". Cualquier producto a la venta en estos negocios, rebajado de precio, ha entrado en la cesta de la compra reciente de los vecinos. "A reventar. En la vida habíamos tenido tanta gente, las personas asiduas, que me han confesado su pena, y las nuevas", comenta la propietaria de estas lencerías, celosa de dar su identidad.
En Mei, abierta hace 23 años en la avenida de Oza (curiosamente junto a otro veterano negocio que echó el cierre a finales del año pasado, la ferretería 4 Caminos), y en la tienda "a la que todo el mundo sigue llamando almacén Pascual Mayo" (el nombre del fundador) ha sido difícil encontrar un tiempo de descanso desde el mes pasado.
Aún sin fecha definitiva para la despedida, la dueña reconoce que "los números no dan". "Tan simple como eso. Bajan las cuentas y la gente joven ni nos mira. No llegamos a competir en precios por mucho que me lance al comercio online, carece de sentido. No quiero endeudarme, sino liquidar bien y cerrar", comparte la propietaria, entre el cansancio, el enfado y la pena.
Mercería Mei en la avenida de Oza de A Coruña.
"Estoy agotada. Me marcharé contenta a casa, pero triste por otro lado. Aún me quedan años para buscarme la vida". Quizá sienten lo mismo sus cuatro empleadas, alguna con tanta experiencia como Ana, que comenzó a atender al público hace 42 años, que estos días apenas han tenido un suspiro de reposo en su jornada laboral.
Un negocio de familia
Pascual Mayo, leonés de nacimiento, abuelo de la propietaria, emprendió en el sector textil desde su almacén de la calle Mariscal Pardo de Cela. Desde que era niña lo conocía la actual responsable del negocio, también gestionado en parte por su madre hasta que ella se hizo cargo hace más de dos décadas.
Escaparate de los almacenes Pascual Mayo Molina.
Conocía el ámbito textil y no le costó sentirse atraída "por todo" entre lencería y corsés. "Por todo", recalca. "Y he hecho de todo". A lo largo de los años, en el almacén Mayo Molina ha visto pasar miles y miles de prendas enviadas por proveedores nacionales o portugueses, alguno de los cuales ya han dejado de fabricar.
Las mercerías y lencerías, que generalmente se reconocen por un nombre de mujer, perviven en las ciudades como ejemplo de comercio antiguo, tienda de siempre, necesaria, no siempre en sintonía con el paso del tiempo o la evolución de las modas. En Os Mallos y Cuatro Caminos dos de ellas aún venden sus artículos hasta que llegue el momento del último adiós.