La artesana Marga Portomeñe en su taller.

La artesana Marga Portomeñe en su taller. Cedida

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La artesana gallega que restaura gigantes de 3,5 metros: "Me gusta que vuelvan a tener vida"

Marga Portomeñe es una de las responsables de que la tradición de los cabezudos y los gigantes se mantenga viva en los pueblos de Galicia: se encarga de crearlos y restaurarlos. A mayores, hace figuras de menor tamaño personalizadas como regalo y tiene colecciones en las que homenajea una forma de vida ya desaparecida en la mayor parte de los lugares

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Santiago de Compostela, Viveiro o Lugo son algunos municipios gallegos en los que perdura la tradición de los gigantes y los cabezudos, figuras de tamaño desproporcionado que salen a la calle con motivo de las fiestas para animar las calles y jugar con los niños. Los desfiles de estos personajes son un gran reclamo que pocos se pierden año tras año.

Algunos de los cabezudos y gigantes que desfilan en Galicia son muy antiguos, aunque otros han ido desapareciendo. Esta tradición tuvo su momento de auge entre finales del siglo XIX y principios del XX, comenzando a menguarse sus apariciones desde mediados del siglo pasado.

La tradición, sin embargo, se fue recuperando desde los años 80. Esto lleva a que muchas de las figuras originales se perdiesen en el olvido o debido a los daños sufridos durante el tiempo que desaparecieron de las calles: conservarlas no es sencillo, ya que es preciso almacenarlas en un lugar en el que no haya humedad y hacer tareas de mantenimiento para ir corrigiendo posibles daños.

En las últimas décadas, asociaciones culturales, gobiernos locales y vecinos de diversos municipios han luchado para recuperar los cabezudos y los gigantes y hacer de sus desfiles un atractivo en las fiestas patronales. Debido al periodo de ostracismo que sufrieron, sin embargo, muchos de ellos no pudieron aprovecharse y hubo que rehacerlos de nuevo.

Este es, precisamente, el trabajo de Marga Portomeñe. Especializada en el trabajo con cartón piedra, esta artesana se encarga de devolver a la vida viejas figuras que han sufrido el paso de los años o han sido maltratadas en su uso, así como de diseñar y crear nuevas piezas que alegren las vías de los concellos.

Vocación por el arte

Marga Portomeñe hace teatro desde los 14 años y cuando se fue a Santiago a estudiar, mantuvo esta pasión para sobrellevar las semanas, que pasaban más lentas porque no le gustaba su formación. De regreso a Lugo, de donde es natal, se apuntó a un curso de 500 horas en el Centro de Artesanía para aprender a hacer marionetas de la mano de Kukas Marcelino, un referente en el sector ahora jubilado.

"Aprendimos a trabajar el cartón piedra en todo tipo de figuras. Empezamos con máscaras y después pasamos a hacer cabezudos. Al final hice dos cursos de 500 horas y conseguí la carta de artesana, que ya no existe, pero me quedó como hobby", explica Portomeñe, que señala que empezó con los portomeñecos, figuras personalizadas para amigos y conocidos.

Su buen hacer corría de boca en boca hasta que el Centro de Artesanía la llamó para restaurar los gigantes y los cabezudos de Viveiro. Su primer trabajo vinculado a esta histórica tradición fue hace unos 15 años, y desde hace ocho se dedica profesionalmente a darles cariño a estas figuras.

¿Y cómo es el proceso para hacer cabezudos? El mismo que para hacer portomeñecos o figuras de menor tamaño. Lo primero es modelar en arcilla la figura para, a continuación, hacer los moldes negativos en escayola. Sobre estos moldes, la artesana "tira el cartón" al igual que se hacía en las fallas de Valencia, colocando el cartón con cola blanca siguiendo la forma del molde.

Una vez secadas, las dos partes se pegan, se lijan, se echa un estuco para garantizar su dureza, se vuelve a lijar y se le da una capa de imprimación. El último paso es volver a lijar una tercera vez antes de pintar y darle color a la figura: los portomeñecos son de unos 40 centímetros, frente a los hasta 3,5 metros de los gigantes o los 80-90 centímetros de los cabezudos de más tamaño.

Homenajes y regalos

Los portomeñecos son muñecos elaborados a imagen y semejanza de una persona que, normalmente, Marga elabora como regalo de cumpleaños o de jubilaciones. "Casi siempre son profesiones y a veces llegan algo que los identifica", explica la artesana, que elabora las figuras a partir de las fotos que le envían.

Una bonita forma de hacerle un regalo a alguien especial que, en todo caso, debe encargarse con antelación, ya que la responsable del taller tarda unos 20 días en hacer uno. "Hay que tener en cuenta que el secado tiene que ser al aire y a veces hace mucho frío y humedad, lo que lo retrasa", indica Portomeñe, que puede enviarlos por correo o entregarlos en su obradoiro.

Más allá de estos muñecos personalizados, la artesana hace colecciones propias como las Maruxas, figuras con las que homenajea a esas mujeres que iban a vender con las cestas en la cabeza al mercado. Los hombres están representados en figuras de profesiones ya desaparecidas, como los limpiabotas o los canteros.

Una de las Maruxas de Marga Portomeñe.

Una de las Maruxas de Marga Portomeñe. Cedida

"Por fotos que tengo de Ruth Matilda Anderson, que hizo muchas de la época, voy cogiendo ideas. Ahora voy a hacer una que lleve quesos, y quiero hacer también una mariscadora. También tengo ganas de hacer personajes como las Marías de Santiago", explica Portomeñe, que diseña colecciones temporales como la inspirada en el circo que sacó la pasada Navidad.

La vida de gigantes y cabezudos

Cuando recibe un encargo, lo primero que hace Marga Portomeñe es analizar el estado en el que se encuentra el gigante o el cabezudo que debe restaurar: "Una cosa es lo que se ve a simple vista y otra como esté por dentro". Saber qué es lo que debe hacer le permite organizarse para garantizar que estas figuras salgan a la calle cuando les toca.

Precisamente, para la artesana es crucial el momento en el que se empiezan a levantar capas para ver cómo están por dentro. "A veces se deshacen y hay que tener mucho cuidado. El proceso más delicado es cuando empiezas a ver cómo está realmente, porque cuando lo ves en fotos no lo parece", explica Portomeñe.

Marga Portomeñe con dos gigantes y varios cabezudos que ha restaurado.

Marga Portomeñe con dos gigantes y varios cabezudos que ha restaurado. Cedida

La artesana recuerda con especial cariño, además de la restauración de los cabezudos de Viveiro, la que hizo a los gigantes de Lugo. "Estaban en la sala de calderas del Auditorio Municipal Gustavo Freire, destrozados. No son tampoco los gigantes que había, porque yo los recuerdo de niña y eran un rey y una reina, y estos son Don Quijote y Dulcinea", explica la lucense.

El mal estado en el que se encontraban obligó a la artesana a realizar una reconstrucción, más que una restauración: rehízo la cara, la barba o los bigotes de Don Quijote con pasta de papel. El vestuario también fue completamente renovado y las bases antiguas, de madera, fueron sustituidas por unas de aluminio que se encargó de realizar una empresa local.

"Normalmente las restauraciones las hace una persona que no trabaja el cartón piedra. Me he encontrado algunos con tiras de escayola por encima, y eso hace mucho más difícil la restauración porque tienes que retirar todo esto para poner el cartón piedra"

Marga Portomeñe, artesana

"Estuve con ellos casi un año porque eran dos gigantes y seis cabezudos. Ahora tengo un taller, pero antes tenía un lugar prestado porque ocupan mucho espacio y me hacía falta", indica la artesana, que explica que normalmente los gigantes tienen tres partes: una de hombros a cabeza; otra del torso a la cadera; y de la cadera a la base, que es donde va la persona.

Marga Portomeñe lamenta las consecuencias del intrusismo en una profesión que requiere especialización: "Normalmente las restauraciones las hace una persona que no trabaja el cartón piedra. Me he encontrado algunos con tiras de escayola por encima, y eso hace mucho más difícil la restauración porque tienes que retirar todo esto para poner el cartón piedra".

Otra situación que se puede dar es la presencia de pequeños "bichos" en las figuras, ya que el pegamento usado hace muchos años se elaboraba a base de harina y agua. Un componente orgánico que llegó a dañar considerablemente una cabeza de bruja de Viveiro que la artesana sustituyó por una nueva gracias a su buen hacer.

"En Viveiro pasa de padres a hijos y hay lista de espera para llevar los cabezudos todos los años. Es algo emblemático"

Marga Portomeñe, artesana

Más allá de Viveiro y Lugo, Portomeñe ha restaurado figuras de Betanzos y Rábade y ha creado cabezudos para Cabana de Bergantiños o Asturias. Precisamente, una familia de la comunidad vecina le solicitó hacer uno exactamente igual al que había tenido el padre después de que desapareciese: "Lo hice a partir de una foto antigua, me costó bastante".

Estar viva en las familias es fundamental para esta tradición que se extiende por muchos lugares de España y da lugar a figuras como los gigantes infantiles, pensados para que los más pequeños de la casa puedan hacer el desfile. "En Viveiro pasa de padres a hijos y hay lista de espera para llevar los cabezudos todos los años. Es algo emblemático", ejemplifica

Marga Portomeñe tiene también palabras para Santiago, donde es "impresionante" ver cómo bailan los cabezudos y donde se conservan figuras muy antiguas gracias a que el cartón se ha endurecido y están preservadas en el lugar adecuado. Este material, además, hace que sean ligeros, facilitando que quien los lleve pueda moverse más cómodamente.

Un oficio valorado

Heredera de un oficio en el que quedan pocas personas, entre ellas el ya retirado Kukas Marcelino y una joven de Sarria que restauró los de este municipio, Portomeñe tiene claro qué es lo que más disfruta de todo el proceso: "Lo que más me gusta de los gigantes y cabezudos es que vuelvan a tener vida. De pequeña, lo que más me gustaba del San Froilán era ir a verlos".

Dos de las figuras creadas por Marga Portomeñe.

Dos de las figuras creadas por Marga Portomeñe. Cedida

Una pasión que transmite a través de los talleres que imparte gracias al programa Mans Artesáns de la Deputación de Lugo y asociaciones que los solicitan, algo que compagina con los que organiza en su propio estudio. Los escolares, además, conocen su trabajo con visitas en las que acaban haciendo una figura que pueden llevarse a casa.

Marga Portomeñe considera que, en general, ve reconocido su labor, aunque todavía quedan algunas personas que no ven el trabajo que hay detrás de cada producto. "Hay gente que lo valora mucho. La fundación de Artesanía también influye mucho, porque ayuda a difundir y a que se valore la artesanía de calidad", concluye la lucense, heredera de un oficio que hace felices a miles de personas.