Imagen de una batea gallega.
Todos los polígonos de bateas de Galicia están cerrados debido a una toxina
Las únicas que permanecían abiertas la semana pasada, ubicadas en las rías de Ares y Betanzos (Sada 1 y 2), fueron clausuradas este lunes
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Todos los polígonos bateeiros de Galicia están cerrados. El Instituto Tecnolóxico para o Control do Medio Mariño (Intecmar) ya había decretado el cierre del 96% de las bateas la semana pasada y, desde ayer, tampoco está permitido extraer mejillones de las situadas en las rías de Ares y Betanzos (Sada 1 y 2), las únicas que permanecían abiertas.
La culpable de los cierres es una toxina llamada Dinophysis acuminata. Pese a que no afecta al molusco, sí podría causarle problemas a las personas: provoca molestias gastrointestinales como náuseas, diarreas, vómitos o dolor abdominal.
La presencia de esta toxina ha ido en aumento en la costa gallega desde mediados del mes pasado, cuando comenzaron a decretarse cierres por seguridad. La directora del Intecmar, Covadonga Salgado, ya avanzó la semana pasada a Quincemil y Treintayseis que la previsión era que el pico se produjese esta semana.
Y es que pese a las consecuencias en las que pueda derivar el cierre, sobre todo a nivel económico, este tipo de fenómenos se produce varias veces al año. "Las toxinas marinas son fenómenos totalmente naturales, están muy unidos a la fuente de alimentación de los moluscos bivalvos", explica Salgado, que concreta que se alimentan de fitoplancton (microalgas).
Tres de estas microalgas producen toxinas paralizantes, amnésicas y lipofílicas. Estas son las más frecuentes en Galicia y, de hecho, suele haber un episodio en otoño y otro en primavera. Cuando el Intecmar detecta que la concentración de células por litro aumenta, procede a decretar el cierre de las zonas afectadas.
La extracción de mejillones se restringe de esta forma desde que los niveles de toxinas detectados están por encima del límite legal o se acercan a él. El Instituto para o Control do Medio Mariño continuará realizando los controles hasta obtener dos resultados por debajo de este límite, que deben corresponderse con sendos muestreos realizados con 48 horas de diferencia, tal y como establece la normativa europea.
Pese al riesgo que podría suponer para las personas, estas toxinas no son un problema para los mejillones: "Se alimentan de fitoplancton, y que haya mucho es fantástico". Estos moluscos, por tanto siguen creciendo y engordando mientras las bateas permanecen cerradas y, una vez es seguro, se procede a su extracción y venta.